- Además de amigo de sus hijos, el padre tiene que jugar su rol
A menudo podemos escuchar frases como: “Yo soy amigo de mis hijos”, “Ellos me cuentan todo”, “salimos juntos”, etcétera. Otros opinan que ellos, como padres, no son ni serán amigos de sus hijos: “Amigos tendrán muchos, pero padres sólo yo”, “Los jóvenes deben reconocer que hay distancias, que hay diferencias”.
A primera vista podía parecer que nos enfrentamos a dos maneras de vivir la paternidad. Diríamos que los primeros pertenecen a una paternidad moderna, más abierta, quizás más comprensiva y a tono con la situación actual.
Los segundos son los herederos de la tradición, de la paternidad autoritaria que funge más como guía que como cómplice. Y claro, a partir de estas etiquetas vienen los juicios y los lugares comunes. El tema de fondo es si se es buen padre o no.
La manera de serlo puede ser tan variada como las personalidades de cada uno de los involucrados, tomando en cuenta, por supuesto, a los hijos. La problemática estará en revisarnos a nosotros mismos (los padres, y en ocasiones los padres que asumen el rol de madres).
En todo esto habrán puntos básicos y elementales de la propia paternidad, tales como: La función paterna es un privilegio, derecho y responsabilidad irrenunciable del padre, y nadie puede asumirla exactamente como él. Más que el tipo de paternidad que se ejerza, lo importante es la calidad y la oportunidad de comunicación, franca, adecuada y constructiva que se puede tener entre padre e hijos.
Los hijos sin importar su edad, necesitan de un padre, y este también es una persona que cambia, que madura y que aprende. Hay que considerar que la paternidad sea adecuada a la edad y situación de los hijos. Ser padre es una vivencia dinámica, en frecuente renovación y adaptación. Antes que padres somos maridos y la auténtica fuerza y ubicación de la paternidad, se ejerce y se vive desde la unión familiar, ya que se es padre como miembro de una familia.
Aunque uno sea amigo de los hijos, la responsabilidad fundamental es la de la paternidad. No podemos renunciar a esta realidad y ley de vida, incluso nuestros hijos necesitan y reclaman un padre y los modelos de conducta, de ejemplaridad, de seguridad y autoridad que de él surgen. Así, la supuesta amistad es sólo una manera de ejercer la paternidad con un valor añadido. La posición tradicional de una paternidad distante a la función de amistad no invalida la riqueza y el amor incondicional que el padre tiene hacia sus hijos.
Más que el método o estilo de vivir, la paternidad es la finalidad de la misma: el poder ofrecer a nuestros hijos el amor, la formación, la disciplina, la seguridad y todo lo demás que requieren en sus distintas etapas de desarrollo y de acuerdo con la personalidad y características individuales de cada uno de ellos. ¿De qué bando es usted?