Álvaro Colom. No preocupa que el nuevo mandatario guatemalteco quiera diálogo, si no que aspire a consultarlo todo. ()

La fórmula de Colom

El presidente electo quiere una socialdemocracia a la guatemalteca Ciudad de Guatemala Admira a la presidenta chilena Michelle Bachelet, al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, y al español José Luis Rodríguez Zapatero. Al igual que ellos, se califica a sí mismo como un socialdemócrata y, en consecuencia, promete ser el “presidente de los pobres”. […]

  • El presidente electo quiere una socialdemocracia a la guatemalteca

Ciudad de Guatemala

Admira a la presidenta chilena Michelle Bachelet, al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, y al español José Luis Rodríguez Zapatero. Al igual que ellos, se califica a sí mismo como un socialdemócrata y, en consecuencia, promete ser el “presidente de los pobres”. Sin embargo, el halo de benevolencia que le ha concedido a Álvaro Colom esta apuesta ideológica, parece efímero.

El futuro presidente de Guatemala, ganador de la contienda electoral por una diferencia apenas superior al 5 por ciento, tiene un reto titánico que pasa por mantener la tendencia de crecimiento económico del país y encontrar una solución urgente a los problemas que ha desatado la inseguridad. Todo esto bajo un modelo político en el que aparecen continuamente profundas contradicciones.

Basta con tomar en cuenta que las etiquetas ideológicas no representan lo mismo en América Latina que en Europa. La socialdemocracia se fundamenta en un fortalecimiento estatal que no existe en Guatemala. “No nos podemos comparar con Chile, Brasil o España porque ellos tienen Estados fuertes y más coercitivos”, dice Estuardo Zapeta, antropólogo guatemalteco y conductor del programa radial de análisis político Contravía. “Establecer una base socialdemócrata parte del presupuesto y de los recursos que tenga el Estado”, agrega.

“Y allí está nuestra mayor debilidad: nuestro Estado se dedica a todo lo que no debe —transporte, educación, salud, nutrición—, y no se dedica a todo lo que sí debe —justicia, certeza jurídica, contratos, normas de juego claras, etc.”, añade.

La socialdemocracia de Colom tiene, como telón de fondo, el apoyo de diversos sectores, con los que el presidente electo adquirió compromisos durante su campaña. Una campaña que giró siempre en torno a la “unidad”: étnica, cultural, de género y de condición socioeconómica. Sin embargo, Zapeta opina que los intereses particulares de unos y otros grupos que han apoyado a Colom podrían, eventualmente, llegar a “anularse” entre sí, creando tensiones políticas.

Son las mismas tensiones que se derivan de un discurso que recuerda la ya oxidada lucha de clases marxistas, en el que les atribuye a los pobres su triunfo electoral, a pesar de que su campaña tuvo un fuerte soporte económico proveniente de acaudalados empresarios.

Para Renzo Rosal, analista político guatemalteco, “que Colom dialogue —o que busque hacerlo— es positivo. Lo que preocupa es que quiera consultarlo todo con todos. Esto sólo abre las puertas para una acumulación de demandas, que puede resultar interminable y afectar la gobernabilidad”.

Al menos, nada de esto es nuevo para Colom. Sus experiencias partidistas se remontan a 1991, cuando fue nombrado por el entonces presidente Jorge Serrano Elías como viceministro de Economía. Ese mismo año pasó a dirigir el Fondo Nacional para la Paz (Fonapaz) y contribuyó a la creación del Fondo de Inversión Social (FIS) y a la del Fondo de Desarrollo Indígena (Fodigua). En 1999 se lanzó por primera vez como candidato presidencial por la Alianza Nueva Nación (ANN), un partido que nació del grupo ex guerrillero Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Cuatro años después, volvió a probar suerte formando su propio partido, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), con el que se acaba de convertir en el sucesor de Óscar Berger. Según Rosal, “este paso por el sector público se refleja en su amplio conocimiento del país y en las relaciones que ha desarrollado con los líderes locales”.

No obstante, su etiqueta de centro-izquierda no ha circunscrito su labor profesional al ámbito público. De hecho, previo a su incorporación al Gobierno de Serrano, Colom estuvo al frente de varias empresas de la industria textil (al punto que tuvo una maquila propia) y dirigió la Asociación de Exportadores de Productos No Tradicionales (Agexpront).

Esta diversidad que muestra su currículum levanta muchas dudas respecto a cómo manejará el tema fiscal durante su gobierno. Principalmente porque hay un impuesto sobre la mesa de discusión: el llamado Impuesto Extraordinario y Temporal de Apoyo a los Acuerdos de Paz (Ietaap). El Ietaap entró en vigencia en junio de 2004, y ahora, tanto el gobierno actual como Colom y su equipo están impulsando su prorrogación por un año más.

De llegarse a concretar, el nuevo gobierno socialdemócrata estrenaría su período presidencial cimentando asperezas con el sector productivo. No sólo porque prolongar la vida de un impuesto temporal supone una amenaza a la competitividad, sino porque sienta un precedente y perjudica la claridad de las reglas del juego.

FRAGILIDAD

Dada la amplitud en la base de apoyo a Colom, este tipo de medidas puede mermarla fácilmente. Sin embargo, para el analista político Juan Callejas, las posibles escisiones entre sectores se pueden solventar con una especie de modernización del sistema socialdemócrata. “El surgimiento de nuevos mercados globales y de la economía del conocimiento nos lleva a hablar ahora de un neoprogresismo”, dice.

Se trata de una propuesta basada en tres ejes: la igualdad de oportunidades, la responsabilidad personal y la movilización de ciudadanos y comunidades. “Bajo esta visión, las políticas públicas ya no deberían estar dirigidas a la redistribución de la riqueza, sino más bien a la creación de esta”, agrega Callejas.

¿Podrá Colom apegarse a esta visión de una socialdemocracia? Es difícil predecirlo. Los primeros vaivenes del período postelectoral permiten intuir que ni siquiera el presidente electo lo sabe. Por eso, Colom está considerando figuras fuera de su partido -incluso, candidatos de otros partidos y funcionarios del Gobierno actual— para la conformación de su gabinete. Con esta táctica, que le ha sumado críticos y admiradores al mismo tiempo, Colom busca sumarle coherencia a su plan o, cuando menos, construir un puente que lo conecte con el sector productivo.

Lo que definitivamente será un elemento nuevo del Gobierno de la UNE será el papel de Sandra de Colom. Hasta ahora, la primera dama ha permanecido en segunda línea, cultivando un inquebrantable bajo perfil. Sin embargo, en su círculo cercano es un secreto a voces que posee mucha más influencia en temas políticos de lo que aparenta. “Más que el vicepresidente Rafael Espada, Sandra será el brazo derecho del presidente”, explica Zapeta.

La mezcla entre confianza y consejos que su esposa puede aportarle será clave para Colom, especialmente durante los primeros meses de su mandato. La eventual recesión en Estados Unidos podría resquebrajar el buen pie de la economía guatemalteca. En un escenario de desaceleración, sumado a infinitas demandas sociales, las crisis se forjan solas. ¿Cuáles son las áreas más delicadas? Seguridad, educación y salud.

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