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Ciclismo y Grandes Ligas en Año negro
El ciclismo tendrá que compartir su trono como deporte rey del dopaje.
En un año cualquiera, la expulsión del líder del Tour de Francia en plena carrera o el severo castigo a una laureda velocista que confesó su trampa habrían sido las noticias más importantes sobre el tema del dopaje. Pero el 2007 no fue un año cualquiera.
La publicación del Informe Mitchell destapó una caja de Pandora sobre el uso de drogas en el beisbol estadounidense, un secreto a voces que ahora cuenta con al menos 85 nombres y apellidos de jugadores de Grandes Ligas vinculados con sustancias para mejorar el rendimiento.
De los nombres revelados en el informe, ninguno tiene más peso que el de Roger Clemens, considerado por algunos el mejor lanzador en la historia y, sin duda, el mejor de su generación.
El problema es tan serio que la época en que el físico de los jugadores de beisbol creció hasta proporciones caricaturescas tiene su propio título: la Era de los Esteroides.
Clemens, según el informe, utilizó testosterona para mejorar su desempeño en el montículo, donde forjó su leyenda como un pitcher con brazo de hierro.
El “Cohete” jugó esta temporada con los Yanquis de Nueva York a sus 45 años, una edad a la que la mayoría de los deportistas profesionales ya disfrutan del retiro en alguna playa con una cerveza en la mano.
La revelación sobre el supuesto dopaje de Clemens y la gran cantidad de astros del beisbol estadounidense nombrados en el informe fue una cachetada para un deporte que desde hace varios años intentaba atajar los escándalos por el uso de drogas.
Barry Bonds era hasta ahora el rostro del dopaje en EE.UU., donde el beisbol es casi una religión al igual que en países como Venezuela y República Dominicana. La fotografía de Clemens ahora lo acompaña en ese catálogo.
¿Y en ciclismo?
El diccionario de dopaje en el ciclismo no se queda atrás, y el 2007 tuvo su buena cuota de escándalos.
Nuevamente su carrera insignia, el Tour de Francia, quedó manchada por los casos de dopaje, retiro de competidores e incluso de equipos enteros.
Michael Rasmussen, líder después de la etapa 16, fue expulsado de la carrera por su equipo Rabobank, que lo acusó de mentir sobre su paradero cuando se ausentó de pruebas de dopaje varios meses antes.
El favorito Alexandre Vinokourov y su equipo Astana también se retiraron, y el ciclista kazajo posiblemente dirá adiós al deporte tras ser suspendido un año por someterse a transfusiones de sangre ilegales.
El ciclismo está haciendo todo lo posible por detener la plaga del dopaje, un problema que le ha costado la pérdida de poderosos patrocinadores, de seguidores y, peor aún, de credibilidad.
Pero, como ha sucedido una y otra vez, los competidores hallarán la manera de hacer trampa.