- América Latina comienza a transformarse en prioridad para la diplomacia del gigante asiático
[/doap_box]
WASHINGTON
En junio pasado, durante la ceremonia de inauguración de la Embajada de su país en China, el Presidente de Costa Rica, Óscar Arias, pronunció un sentido discurso en el que señaló que “esta Embajada será un símbolo entre China y Costa Rica, señal de la amistad que nos une y de los ideales en que ambos encontramos morada. Esta casa es pequeña, como Costa Rica, pero, como nuestro país, está también cargada de sueños y promesas”.
El establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambas naciones es mucho más que anecdótico y, pese a la poesía de Arias, está rodeado de duras polémicas. Guiados por la cercanía del intercambio comercial, los chinos están demostrando un creciente interés por acercarse a las naciones de América Latina, ahora desde una perspectiva política.
Y su principal escollo ha sido Taiwán. Aunque tradicionalmente el gigante oriental ha separando con una muralla sus intereses políticos de los económicos, la isla es una piedra de tope. La doctrina de “una sola China” no permite interpretaciones, lo que les ha valido más de un conflicto con los países que mantienen relaciones diplomáticas con la isla. Mientras los sudamericanos han sido receptivos a esta política (sólo Paraguay sigue reconociendo a Taiwán), los centroamericanos mantienen estrechos lazos con Taipei, debido a los vínculos de Taiwán con las élites gobernantes y, sobre todo, a la ayuda económica que reciben de la nación asiática.
Pero este frente ha comenzado a debilitarse, como ocurrió en junio con Costa Rica, en medio de la rabieta de Taiwán, que incluso acusó a Beijing de haber puesto sobre la mesa US$430 millones a cambio del reconocimiento.
El hecho tuvo alto impacto en la isla. Tanto, que provocó que su vicepresidenta, Annette Lu, iniciara una gira por sus aún fieles aliados en la región, entre ellos Paraguay, Guatemala y República Dominicana. Durante sus visitas no se aburrió de anunciar nuevos programas de ayuda. Por ejemplo, en Paraguay lanzó un paquete de US$30 millones para la construcción de viviendas sociales y la condonación de una deuda de US$400 millones que data de 2000. En Guatemala reveló los planes para construir una refinería capaz de producir 360,000 barriles por día y que requeriría cerca de US$7,000 millones.
“China no ha dejado de hacer presión para que los países que mantienen relaciones con Taiwán las rompan, y entre los medios está el ofrecimiento de dinero”, dijo a la prensa paraguaya. “Pero una vez rotas las relaciones, olvida sus promesas”, sostuvo.
Los intentos de Taipei parecen desesperados, especialmente a la luz del despertar de la diplomacia china en la región. “China quiere ser reconocida como una economía de mercado; un gran número de naciones ha accedido a darnos ese reconocimiento, pero no todos. Este es el principio básico de China para establecer relaciones diplomáticas y empezar la cooperación”, dice Wei Qiang, observador de China ante la OEA.
DE LA MANO DEL COMERCIO
El dinamismo de las relaciones diplomáticas entre ambas regiones parece crecer en directa relación con el intercambio comercial. Empujado por el sostenido crecimiento del PIB chino, el volumen comercial entre la nación asiática y América Latina no ha parado de aumentar, llegando hasta US$70,200 millones en 2006. Al mismo tiempo, la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Chile en 2005, y probablemente con Perú en 2008, ha solidificado la faceta comercial de los acercamientos.
Como puerta de entrada para sus anhelos, los chinos han elegido a los organismos multilaterales de la región. En 2004 se incorporaron a la Organización de Estados Americanos (OEA) y entregaron un fondo de cooperación. También se hicieron miembros de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y del Banco de Desarrollo del Caribe (CDB). Y algo similar debería concretarse en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Pero los organismos multilaterales son sólo una parte del menú que los chinos están preparando para sentarse a la mesa con los países de la región. El plato fuerte es la propia diplomacia de Beijing, que ya ha comenzado a sufrir una profunda transformación.
Estos cambios han sido especialmente notorios con la incorporación gradual de la quinta generación de su servicio exterior y su destinación a misiones en América Latina. “La actual generación nació del nuevo proceso de reforma y apertura, por lo que es más renovadora y abierta. Ahora los diplomáticos son economistas, expertos internacionales y abogados”, dice Wei.
Pese a su importancia, el recambio generacional es sólo una de las áreas en las que se está produciendo la metamorfosis. “Inicialmente China priorizó su entorno geográfico, aplicando el principio de proximity is the priority (la proximidad es la prioridad)”, dice Sergio Toro, un diplomático chileno con experiencia en China.
En la misma dirección apunta Pang Zhongying, analista del Think Tank Brookings Institution. “El nuevo liderazgo chino está cambiando su política exterior centralizada en Estados Unidos o el Occidente hacia una más balanceada”, dice.