- Lo que más detesta: Repetir las escenas. Su meta tras cada día de filmación es volver a casa y ver un juego de beisbol
Personalmente no hay una gran diferencia con el Woody Allen que conocemos en el cine. Y aunque no tenga la neurótica característica de algunos personajes suyos, más allá de las canas que marcan el paso del tiempo, mantiene la misma forma de hablar (con sus manos), el mismo peinado y hasta conserva los mismos anteojos de siempre, escapándose de cualquier tendencia de moda contemporánea. Después de todo, su estilo de cine tampoco sigue ninguna moda determinada. Y será por eso que se diferencia del resto de los directores, porque siempre es él: Woody Allen.
¿Qué lo diferencia tanto de otros directores de cine?
Yo no tengo la paciencia para hacer películas en la forma que se filma generalmente. Hay gente más fastidiosa que yo. Filman una escena y la repiten desde otro ángulo, por encima del hombro o un acercamiento extremo y después al revés y están todo el día con una escena que se puede lograr en dos horas. Se pone la luz, se filma y listo. Te gusten o no mis películas, las interpretaciones de los actores siempre son muy pero muy buenas. Si te fijas bien, en todos estos años he tenido interpretaciones maravillosas en mis películas y no hay ensayos ni conversaciones, porque hay muchísimos actores talentosos y si los contrato y no arruino nada, me hacen quedar bien.
¿Qué lo llevó a dedicarse al cine?
Take The Money and Run, la primera película que hice fue una pesadilla. Quiero decir… la gente decía “Apúrate, apúrate, estás malgastando el dinero. Tenemos diez minutos más y necesitamos filmar otras dos tomas” o me preguntaban: “¿Cuántos cambios hiciste hoy?” Y enseguida pensé: “Esto es una locura”. Yo sólo me había metido en el cine por las razones más superficiales, para conocer mujeres y para no tener una vida difícil con trabajos pesados. Ya sabes, me habían echado de la escuela y no sabía lo que podía hacer. Y por eso no entré con las más altas aspiraciones, pero los motivos básicos que me planteaba después de la primera película eran: “Esto es ridículo. Yo no quiero trabajar hasta tarde para filmar una escena y perderme un partido de beisbol”. Simplemente decidí que mi vida era más importante. Mi familia, mis hijos, tocar mi clarinete, los juegos de beisbol, todas las cosas superficiales que se te ocurran, para mí son más importantes que filmar una película perfecta.
Ya que menciona el clarinete, ¿es cierto que va a dirigir una ópera en Los Ángeles?
Bueno, sólo puedo decir que me engatusaron para que lo haga. Todo es culpa de Plácido Domingo. Por alguna razón se le puso en la cabeza que yo podía hacerlo. No tengo ninguna calificación para hacerlo. Solamente dirigí mis propias obras de teatro en Nueva York y no soy nada grandioso. Me gusta dirigir cine pero no me gusta dirigir arriba de un escenario. Por todos los medios traté de no contestar los llamados pero él fue persistente y no pude decir que no. Cuando termine mi próxima película voy a ir a Los Ángeles para dirigir esta ópera. Sólo espero que mi sentido común me permita soportarlo.
Más allá de aquellas ambiciones por conquistar mujeres, según cuenta, a Woody Allen ya le gustaba el cine desde que su madre lo había llevado a ver la película animada de Blancanieves y los Siete Enanitos. Y aunque es uno de los pocos directores que ha logrado promediar la filmación de una película por año, él mismo confiesa que no gana demasiado y que le pagaron mucho más cuando vendió su apartamento en la 5ta Avenida, por 17 millones de dólares.
Diane Keaton fue su pareja personal y profesional, protagonizando ocho de sus películas, incluyendo el primer Oscar con Annie Hall. Pero el mayor escándalo surgió después de una larga relación con Mia Farrow. Juntos habían filmado otras trece películas y en el ámbito personal tuvieron dos hijos adoptados, Moses y Dylan O’Sullivan y un hijo biológico, Satchel. Durante un matrimonio anterior con André Previn, Mia Farrow había adoptado otra hija, Soon-Yi y el mundo entero se estremeció cuando Woody Allen dejó a Mia, para casarse con su propia hija adoptada, Soon-Yi, con quien todavía sigue casado después de haber tenido dos hijos.
¿Se siente parte de Hollywood?
Yo siempre me sentí un poco afuera porque mis películas las hacía en Nueva York en vez de Hollywood. Siempre trabajé con un presupuesto muy pero muy bajo y también filmé con mucha libertad creativa. Y no es la fórmula típica de trabajo. La gente que maneja presupuestos más grandes también tiene menos libertad creativa y sigue las reglas generales. Yo nunca lo hice y por extrañas circunstancias me convertí en uno. Descubrí que consigo mejor financiación en Europa y por eso filmé una película en Inglaterra. Ellos no quieren leer el guión, no les importa quién la protagoniza. La situación es maravillosa. Por eso trabajé tanto en Londres. Tengo ofertas de Italia y Francia. El último verano de pronto me encontré trabajando con Javier Bardem y Penélope Cruz y de repente me había convertido en un director extranjero. Completé una fantasía que tenía desde mi juventud.
¿Cuándo filmaba en Estados Unidos no tenía las mismas libertades que hoy tiene filmando en Europa?
Tuve mucha suerte y me siento un poco un estafador porque pasé toda mi vida en el cine americano y siempre tuve una libertad artística completa. Nadie lee mis guiones. Nadie dice una palabra sobre el elenco que elijo. Y la gente cree que bromeaba cuando yo siempre dije que lo único que hay entre la grandeza y yo, soy yo mismo. Siempre trabajé con un presupuesto chico. Y de pronto los estudios de cine empezaron a decir: “Mire, no queremos poner el dinero en una bolsa de papel para que usted nos dé una película. Nos gustaría saber de qué se trata la película y quién la va a protagonizar”. Me habían malcriado por décadas y les dije que preferiría no hacerlo así. Desde aquel entonces se me complicó conseguir financiamiento. De pronto, recibí una llamada desde Londres diciéndome: “No somos un estudio, no nos importa nada de eso. Somos un refugio de impuestos con diferentes avenidas financieras y pondremos el dinero sin importarnos lo que hará con su película”. Y por supuesto respondí: “Genial”. Así es en Europa, te financian sin ejecutivos que quieran leer un guión o hacer sugerencias. Es lo que evité toda mi vida y artísticamente ha sido genial. Pero claro, mis películas cuestan muy poco, 15 millones de dólares, cuando el promedio es de 40 millones de dólares y hay comedias estúpidas para adolescentes que valen hasta 150 millones de dólares.
¿Cómo logra filmar una película con apenas 15 millones de dólares?
Es increíble pero yo tengo que sudar para conseguir 15 millones de dólares para hacer una película con tan pocos riesgos y obviamente no voy a dejar en bancarrota a nadie. No puedo perder todos los 15 millones. (Riendo) Puedo llegar a perder 12, pero no todo. Pero el problema es que tampoco gano demasiado. Mientras yo pueda trabajar por mis 15 millones y transpire a lo largo del camino, entonces seguiré libre.
¿Después de haber filmado en España, pensó en la posibilidad de filmar una película también en Latinoamérica?
Yo nunca estuve en Latinoamérica. Pero pensé en visitar algunos lugares que la gente sugiere, como Brasil y Argentina, serían lugares interesantes para mí. Estoy seguro que hay millones de historias que se pueden encontrar allá, pero no puedo saberlo porque nunca he estado ahí. Antes de haber trabajado en España, ya había estado un número de veces en Barcelona. Nunca estuve en Latinoamérica pero tampoco me opondría.
¿Es cierto que nunca termina los guiones y durante la filmación los sigue cambiando todo el tiempo?
Sí, porque yo escribo acostado en la cama, en casa. Y no tengo idea del mundo real en términos de lo que escribo. Después, cuando llego y veo que cierto lugar no es posible o hay otro mejor, o si algún actor tampoco puede, uso otro.
¿También deja espacio para la improvisación?
Actores como Colin Farrell tienen su propia forma de decir las cosas, sus propias observaciones que nunca podrían decir mis personajes. Cuando todo se incorpora, la película va creciendo a medida que la vas filmando. Y por supuesto, siempre insisto que los actores improvisen porque sus contribuciones siempre son buenas, sienten el personaje más vivo que yo. Hice lo mismo con “Matchpoint”, los actores ayudaron muchísimo. Cuando yo escribo una escena, lo único importante es que la idea se entienda. Por ejemplo, si un hombre quiere pedirle el divorcio a la esposa, sólo le digo al actor: “Vas a volver a casa para decirle a tu esposa que quieres el divorcio. Te permito usar las palabras que te doy o te doy la libertad para inventar, pero asegúrate que eso sea lo que pase”. Y lo hacen remarcablemente bien.
Otra de las características de sus filmaciones es la rapidez con que trabaja. ¿Es impaciencia?
Voy a burlarme de mí: no soy un director de cine dedicado. Soy perezoso. Y para mí, hacer cine no tiene que abarcar toda mi vida. Por eso me gusta terminar una película rápido. No tengo la paciencia para ensayar con actores. Quiero filmar y volver a casa para seguir con mi vida. Así que me levanto en la mañana, arreglo una escena y cuando llegan todos la filmo y si lo hacen bien, no veo ninguna razón para ir más allá.
Agregando más acento británico a su estilo de cine, Woody Allen estrena ahora la película Cassandra’s Dream con Colin Farrell y Ewan McGregor, como dos hermanos desesperados por mejorar sus vidas. Uno de ellos es un crónico jugador empedernido y el otro se acaba de enamorar de una hermosa actriz que recién conoce (interpretada por la debutante Hayley Atwell). Pero ambos se convierten en rivales, influenciados por la misma mujer que les complicará la vida.
¿Qué respuesta le gustaría que tenga el espectador cuando vea Cassandra’s Dream?
Sólo me gustarían dos cosas. Espero que puedas sentarte y ver la película sin aburrirte. Como en toda tragedia, espero que al terminar pienses sobre la vida por un momento y consideres las ironías trágicas y la tremenda tristeza, el hecho enorme de que tengamos que vivir en un mundo donde existe el diablo. Como cineasta, como Fellini, como Bergman, me gustaría entretenerte. Espero que sólo sea una comunicación entre una persona, yo, que trata de ser pensativo y una audiencia que responde al pensamiento. Ahora, no digo que todo el tiempo lo consiga pero es lo que usualmente intento.