Israelíes y palestinos: Una paz elusiva

[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] “Annapolis fue un show contra Irán (ausente en la cumbre). Como negociador no me interesa si el otro lado es malvado, sino que pueda cumplir. Ni Olmert ni Abbas pueden cumplir…”, arguye Moty Cristal, ex negociador israelí. [/doap_box] Los grandes discursos de la conferencia de Annapolis, en Estados Unidos, prometieron trabajar […]

[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

“Annapolis fue un show contra Irán (ausente en la cumbre). Como negociador no me interesa si el otro lado es malvado, sino que pueda cumplir. Ni Olmert ni Abbas pueden cumplir…”, arguye Moty Cristal, ex negociador israelí.

[/doap_box]

Los grandes discursos de la conferencia de Annapolis, en Estados Unidos, prometieron trabajar hacia la paz entre israelíes y palestinos, pero no hicieron retroceder el profundo escepticismo. Un simple vistazo al paisaje cercano desde las colinas de Jerusalén Oriental ayuda mucho a comprender por qué.

Noah Galili, funcionaria de la asociación no gubernamental Iniciativa de Ginebra, cuya propuesta es la base de la presente negociación de un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes, explica en términos sencillos a un grupo de periodistas latinoamericanos los desafíos que implica solucionar el problema de la división de Jerusalén, apoyada con mapas, su brazo y su mano.

Desde la colina donde está la Universidad Hebrea, un punto donde termina la parte occidental de Jerusalén, correspondiente a la parte judía —Israel considera hasta hoy a toda la urbe como su capital—, se mira el poblado palestino de Az Zaa´yem. Más allá, se observa Maalem Adumim, un asentamiento israelí situado en una colina rocosa y árida como el resto del paisaje, en un territorio que la Autoridad Palestina reclama para sí.

Al fondo se ve unas montañas. Es Jordania, país árabe con el que Israel vive una paz fría, sin amor.

Unas 34 mil personas viven en esa cápsula conectada por una autopista con Jerusalén. Las casas y apartamentos allí tientan a jóvenes familias con precios bastante más bajos que en la capital. Y todo a un paso de esta.

Esos enclaves fueron promovidos por los gobiernos israelíes de derecha por dos razones. Uno, para dificultar la creación de un Estado palestino. Dos, como parte de una visión asociada con la religión: Israel es el dueño histórico de estas tierras.

Asentamientos como Maalem Adumim son una causa de los rencores palestinos.

Los habitantes palestinos de Jerusalén Oriental, unos 250 mil o un tercio de la población jerosolimitana, jamás se han conformado con el hecho de la toma de esa mitad de la ciudad por Israel en la Guerra de los Siete Días (1967), hasta entonces en manos jordanas. No votan en las elecciones parlamentarias israelíes, pese a que podrían hacerlo. Sueñan con el día en que el Este de la antigua ciudad sea la capital de un Estado palestino.

En 2005, el gobierno del primer ministro israelí Ariel Sharon ordenó la retirada de la Franja de Gaza y evacuó a siete mil colonos, en una operación costosa y compleja. ¿Cómo será entonces evacuar a 34 mil colonos de Maalem Adumim de ser necesario, o a los 190 mil colonos judíos que viven en Jerusalén del Este, a los 65 mil que pueblan localidades más allá de la cerca de seguridad que separa territorio israelí de Cisjordania o a los 209 mil que viven en territorios ocupados dentro de esa barrera? Esta también incursiona en territorio autónomo de la Autoridad Palestina.

De llegarse a un acuerdo, es probable que algunos asentamientos queden encerrados cual bolsones en territorio palestino, pero a cambio, Israel deberá ceder cada metro ganado aquí en otra parte.

“Lo más importante de Annapolis es que por primera vez las dos partes aceptan oficialmente la solución de dos Estados” para resolver el conflicto, asegura Salman Khoury, un militante moderado de la causa palestina, ligado a la dirigencia de la Autoridad Palestina y a su presidente Mahmud Abbas. Nacido en 1948, año de la primera guerra árabe-israelí que provocó el éxodo de miles de palestinos, su vida es típica de una generación que ha vivido en lucha contra Israel.

“Si se soluciona lo de Jerusalén, lo demás es más fácil”, asegura Noah Galili, quien es una joven judía. Pero este es uno de los puntos más polémicos para la opinión pública israelí.

Hay muchos nubarrones para la paz. A Annapolis, EE.UU., llegaron los líderes de Israel, los palestinos, el presidente George W. Bush y representantes de numerosos países regionales.

Tanto el premier Ehud Olmert como Abbas son líderes débiles. El apoyo en la opinión pública es bajo para Olmert, debido a diversas críticas a la participación de Israel en la guerra del Líbano, una investigación (ya terminada sin cargos), las presiones políticas y del establishment de seguridad. Abbas no controla Gaza y el grupo extremista Hamas conserva un potencial inmenso de socavar un acuerdo de paz; tampoco cuenta con un respaldo rotundo del público.

Khoury es optimista. “A veces líderes débiles pueden llegar a grandes acuerdos para fortalecerse”, dice.

Expertos israelíes como Moty Cristal, ex negociador del gobierno de Ehud Barak y especialista en manejo de conflictos, están en desacuerdo.

“Annapolis fue un show contra Irán (ausente en la cumbre). Como negociador no me interesa si el otro lado es malvado, sino que pueda cumplir lo acordado. Ni Olmert ni Abbas pueden cumplir, no tienen la capacidad”, arguye Cristal.

Entre los israelíes comunes impera el escepticismo. Arni, un busero etíope-judío de la ciudad de Kfar Saba, cerca de Tel Aviv, me asegura que, incluso si los palestinos tuvieran su Estado, buscarían como atacar a los judíos. “No creo en un arreglo”, afirma.

¿Por qué esta vez no habrá otro fracaso? Pocos creen en un avance. Al menos, las dos partes vuelven a dialogar oficialmente después de siete años. Y eso ya es mucho en esta explosiva tierra.

Analista de temas internacionales

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí