Por casi un siglo, la rivalidad entre Yanquis y Boston se ha mantenido inalterable. Pero no sólo porque la tropa del Bronx extrajo a Babe Ruth para construir su imperio, o porque les arrebató dramáticamente aquella enorme ventaja en 1978, sino porque esa animadversión contiene elementos de relevancia en el presente.
“La historia sola no puede acarrear una rivalidad”, dice Sean Deveney, de The Sporting News. Y es cierto. Aquí mismo se asegura que Bóer y Cinco Estrellas era una antipatía total, pero ya eso se acabó. No hubo continuidad. Fue una rivalidad que se hizo vieja y murió.
La historia es formidable pero encuentra su mejor nido entre ex peloteros, ciertos miembros de la prensa y en pláticas de barbería. Hay gente que recuerda a Marvin Throneberry o George Scott, símbolos del Cinco Estrellas y el Bóer en aquella época, pero muchos de ellos ya ni van al estadio.
Las rivalidades de ahora son cambiantes, carecen de constancia, pero no por ello dejan de ser alegres. Hace unos años las batallas León vs. Bóer electrizaban. Bóer vs. Dantos, igual. Ahora es San Fernando vs. Bóer.
En la actual Liga Profesional, el Bóer y las Fieras están jugando pelota de alto nivel. Los jugadores parecen inspirados y los aficionados salen satisfechos incluso más allá del resultado.
La otra noche, mientras Willy LeBron y Juan Figueroa lanzaban fuego hacia el home, los defensores hacían jugadas de filigrana. Norman Cardoze se tiró a su costado para un engarce de Grandes Ligas y Darío Delgado completó el esfuerzo con un gran levante.
Y el Bóer no se quedó atrás. Clyde Williams se lanzó como acostumbraba Nemesio y detuvo un proyectil con trazas de doble, mientras Travis Ezi atrapaba lo que se movía.
No sabemos cuánto va a durar esta nueva rivalidad. Tampoco sabemos si los vamos a ver en la batalla por el campeonato, pero lo que es seguro, es que están jugando pelota de otro nivel.