Ernesto González Valdés

La apatía y el desinterés tienen fuentes que los engendran ¿Docentes apáticos? Resulta claro, evidente, que en muchos casos, el estudiante, sobretodo en la etapa de adolescencia y de la juventud, suele “copiar”, “absorber como esponjas” algunas conductas, modos, manifestaciones de uno u otro docente, profesor(a), maestro(a) e inclusive valores, casi siempre positivas, pero también […]

La apatía y el desinterés tienen fuentes que los engendran

¿Docentes apáticos?

Resulta claro, evidente, que en muchos casos, el estudiante, sobretodo en la etapa de adolescencia y de la juventud, suele “copiar”, “absorber como esponjas” algunas conductas, modos, manifestaciones de uno u otro docente, profesor(a), maestro(a) e inclusive valores, casi siempre positivas, pero también alguna que otra negativa, como es la apatía, el aburrimiento, que por supuesto, no es el mejor ejemplo a transmitir.

La apatía y el desinterés tienen muchas fuentes que los engendran. Para poder comprenderlos hay que tener en cuenta: la historia personal, el ambiente familiar, las motivaciones sociales, las influencias de los medios masivos de comunicación (o incomunicación) — ¿cuántas horas pasa un niño o niña, jóvenes inclusive frente a la televisión, observando programas, novelas que manipulan los problemas sociales, de forma exagerada y todas con finales casi felices?, ¿y qué decir de la nota roja, que ya casi ronda lo púrpura?—; los modelos propuestos por la sociedad que padres y maestros refuerzan, la situación socioeconómica y política, la tradición cultural, etc. y que nos hace pensar que vivimos en una sociedad totalmente caótica y que de cierta forma se transmite consciente o inconscientemente a los y las estudiantes.

Después de todo lo expresado surge una pregunta muy obvia y es la que podrían formularse los docentes: ¿Qué se puede hacer? El tratamiento de la apatía ¿es sólo un problema de los especialistas?, ¿Es exclusivo del ámbito terapéutico?, ¿Por dónde empezar?

La primera consideración acerca del rol del docente y del educador es que la tarea más efectiva es la de prevención, es decir “hacer algo, antes que suceda”; ¿Por dónde se empieza? El centro de toda la tarea educativa es el alumno, no es el adulto que enseña; ¿Cuáles son las necesidades del alumno? Las respuestas pueden ser muy variadas según desde donde se lo considere: Seguridad (estabilidad del ambiente); Vivir su autonomía (demandas y rechazos); Medios materiales (espacio y objetos de acción); Modelos de acción (apropiación); Conocerse y ser reconocido (diferenciación y afirmación de sí) etc. También podemos incluir: sentir que lo elegido le es útil, le interesa y que puede ser dueño de eso; hacer algo que le importe personalmente; no sentir que adquiere habilidades “para después”; arriesgarse y “usar” lo aprendido, etc.

¿Cuál habrá de ser el rol del docente en el aprendizaje? La situación de aprendizaje siendo social, será la de tener “socios”, organizando las experiencias a través de la comunicación. Los cambios en la educación son cambios de sistemas. Sólo el docente puede cambiar al docente.

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