Ventana de mi casa

Mi casa era pequeña, humildey provinciana.Tenía un patio, un ciprés, un portóny una ventana por dondemiraba eucaliptos, cerros y la puna.Mi abuelo solía cantar a solaspara olvidar su edady mi madre Leonor, lavaba el firmamentopara que fulguraran mis cometas. No recuerdo la veces que me extraviéentre cactus y caminosbuscando la niñez que perdí.Hoy que han […]

Mi casa era pequeña, humilde
y provinciana.
Tenía un patio, un ciprés, un portón
y una ventana por donde
miraba eucaliptos, cerros y la puna.
Mi abuelo solía cantar a solas
para olvidar su edad
y mi madre Leonor, lavaba el firmamento
para que fulguraran mis cometas.

No recuerdo la veces que me extravié
entre cactus y caminos
buscando la niñez que perdí.
Hoy que han derribado mi casa
y en su lugar han construido otra
sufro muchísimo más aún.
Y estoy llorando por mis hermanos
por mí, mi casa y mi madre
que asomándose a la ventana me ha dicho:
“¡Ay!, hijo mío. Entra, al fin has regresado”.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí