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Sección de Deportes
LA PRENSA
Querido amigo Edgard:
Ante todo, gracias por ese estupendo Un Día Perfecto. Te confieso que lo leí en dos “sentadas”: prosa rica, sobria, fluida y vivencial. Claro, cuando el personaje tiene “más carnita” te lucís mejor. Para tu satisfacción, tu libro me ha animado a retomar un viejo sueño tantas veces postergado y que espero realizar antes de “colgar los spikes”: La Cantata al Deporte Nicaragüense.
No tengo pretensiones de emular a Píndaro, el poeta griego que inmortalizó en sus célebres Epinicios, las hazañas olímpicas de su época. Pero vale la pena crear una rapsodia descalza —encadenando mazurcas, polkas, corridos y valsecitos chapiollos— para exaltar a estos hombres y mujeres, quienes, con enormes limitaciones, han logrado configurar la epopeya nuestra de cada día, en las lides deportivas.
Te recuerdo que tus valiosas y lúcidas sugerencias, así como los aportes de Tijerino, Enrique Armas, el ingeniero Bayardo Cuadra, Manuel Genet y otros amigos, serán fundamentales para articular los moldes (formaletas, dicen los albañiles) donde vamos a chorrear versos y melodías que pueden contagiar a nuestra juventud, dispersa en el mundo sórdido del alcohol y las drogas. Ojalá “El Colochón” me regale ese “ipegüe” que necesito para emprender esta tarea.
Lo del “Chocolatito” me impactó. Nuevamente se impone la “reserva moral” de un país que —golpeado impunemente por la naturaleza y las puñaladas de los políticos— logra decirle al mundo: aquí estamos, batallando con valor y gallardía. Por eso, a pesar de todo, aquí sigo gritando a todo pulmón: ¡Viva Nicaragua! ¡Viva el Bóer!Un abrazo. Tu amigo