Cuatro perros calientes para Chris y su ascenso a la opulencia
Un tenista mediocre, que no pudo llegar a la cúspide y sin tener un camino claro de qué hacer de su vida, acepta un trabajo como entrenador de aficionados de ese deporte, donde el destino o tal vez parte de su plan lo lleva a conocer a una mujer de alta sociedad.
Chris es un joven extraño que lee a Dostoievski. Es huraño, impenetrable, observador, poco hablador, se le pregunta y responde con evasivas, con más dudas sobre su vida y se deja llevar por la ola que lo lleva a la cima, de donde una vez ahí, es posible que no se quiera bajar a menos que sea por Nola, una inesperada mujer protagonizada por Scarleth Johansson, que lo hará por fin actuar.
Esta es una de esas películas en la que los espectadores se salen por montones, porque les aburren esos diálogos cargados de palabras sofisticadas o hablan de temas demasiado pesados, pero sería una descortesía para Woody Allen y una falta para quienes compraron su boleto, porque la trama aparentemente banal y sin más que una traición, se transforma un remolino del que Chris saldrá por la vía violenta para parar el desastre que amenaza con derribar lo logrado en su insípida vida.
Allen nos muestra la decadencia de una burguesía iletrada, ensimismada en sus millones y viendo cómo el mundo pasa sin pasmarse como el diálogo cuando Chloe, la esposa de Chris, le avisa sobre el terremoto en China, incapaz de causarles al menos un bostezo.
De actuaciones se puede hablar bien de Johansson, porque ha sido moldeada para estas lides y se comporta a la altura de las exigencias, mientras que el resto del elenco hace gala de plasmar a la alta sociedad desde sus hábitos de ópera hasta sus conversaciones gastadas.
Sé que Allen es un tipo difícil con sus producciones, sé que a veces cansa, a mí también me ha pasado y con esto, espero que nadie me crucifique por decir la verdad, pero debemos darle chance y los dueños de los cines deberían también no ceder ante el vendaval de estrenos basura que se vienen y dejar la cinta por unas semanas. Así se le dará la ocasión a los espectadores para que hagan el remate y ver si la bola pasa la red.