El presidente Daniel Ortega aprovechó la sesión donde presentó las reformas al Presupuesto Gerenal de la República 2007, para justificar sus aspiraciones al cambio de sistema parlamentario. (LA PRENSA/Archivo)

La tentación del caudillo

Desde que Nicaragua es República, ahí han estado los caudillos queriendo hacer de la Constitución Política un “traje a su medida” para eternizarse en el poder [doap_box title=»EL PROCEDIMIENTO» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El jurista Julio Icaza Gallard explica que hay dos vías para reformar la Constitución Política: Se requiere una iniciativa que sea presentada por el […]

  • Desde que Nicaragua es República, ahí han estado los caudillos queriendo hacer de la Constitución Política un “traje a su medida” para eternizarse en el poder
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El jurista Julio Icaza Gallard explica que hay dos vías para reformar la Constitución Política:

Se requiere una iniciativa que sea presentada por el Presidente o por un tercio de los diputados y que sea aprobada en dos legislaturas por el 60 por ciento de los diputados.

Pero Icaza opina que sería incorrecto plantear las reformas como “parciales”. “El problema es que hay un vacío en la Constitución porque no diferencia de manera sustantiva cuándo se debe proceder a la reforma parcial y cuándo a la reforma total”.

“Cuando se trata de reformas profundas, esos cambios no pueden bajo ningún concepto considerarse como reformas parciales. Está abierta la posibilidad de que una mayoría coyuntural del 60 por ciento (de diputados) reforme 201 artículos de los 202 que tiene la Constitución. ¿Eso sería legítimo? Puede ser legal pero no es legítimo bajo ningún concepto”, continúa Icaza.

“No es que se le tenga miedo a la reelección. Es asunto de que es el pueblo el que tiene que decidir, ¿quién es el que le tiene miedo al pueblo? ¿Por qué se le está quitando el derecho de decidir sobre asuntos tan importantes?”, finaliza.

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Esta historia comenzó en 1854, cuando el presidente de la República de Nicaragua, en ese entonces, Fruto Chamorro, decretó la reelección. Consecuencia: una revolución encabezada por Máximo Jerez, que derivó en una guerra civil, una invasión filibustera y la toma del gobierno por unos aventureros extranjeros que hasta la esclavitud quisieron implantar. La lección debió servir para no cometer el error otra vez.

Sin embargo, 30 años después, en 1893, llegó al poder José Santos Zelaya, quien luego de tres años de haber tomado posesión, reformó la Constitución y estableció la reelección por segunda vez en el país.

“Las reelecciones no siempre se producen a través de elecciones libres, es la Asamblea Constituyente la que decide, como sucedió con Zelaya”, explica el analista político Emilio Álvarez Montalván, recordando que el presidente Zelaya reformó tres veces la Constitución Política para mantenerse en el puesto durante 16 años.

Ya han pasado 151 años desde aquella primera vez y ahora la historia se repite, según lo que se desprende de una supuesta propuesta de reformas constitucionales que se filtraron de las cúpulas del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que pretenden dar el visto bueno a la reelección y cambiar el sistema político del país. La intención manifiesta es “el parlamentarismo” pero se sospecha que este cambio obedece exclusivamente a las intenciones de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán de mantenerse en el poder.

“En los países donde hay sistemas parlamentaristas no hay ningún temor a la reelección”, justificó el presidente Daniel Ortega, durante su comparecencia ante el parlamento, el pasado martes.

Para el jurista constitucional, Julio Icaza Gallard, los rumores de reformar la Constitución Política son nada más un pretexto para quienes buscan más tiempo en el poder, un hecho que no es nuevo y que según la historia, ha traído graves consecuencias al país.

“La experiencia con el tema de la reelección ha sido nefasta. Ahí está lo que pasó en 1939 cuando se dijo ‘por esta vez habrá reelección’ y se escogió a Somoza García. Ahí está lo que pasó con la Constitución de 1950 donde también se prohibía la reelección, pero se eliminó esa prohibición a través de las reformas de 1955, que terminaron en lo que ya conocemos en 1956 y en toda la convulsión social que vivió el pueblo, producto de las aspiraciones de continuismo de Somoza García”, recuerda el doctor Icaza.

Igual piensa el doctor Álvarez Montalván. “Históricamente los políticos acuden a esos recursos para su reelección. Todas esas fusiones, iniciativas de reformas parciales, totales, de constituyente o el mismo parlamentarismo son pretextos para la reelección”, dice.

En opinión del doctor Emilio Álvarez Montalván, en Nicaragua hay un problema cultural que empuja a que sus políticos bailen entre una reforma y otra, con tal de ajustar la Constitución Política a la medida del que tiene más poder.

“La Constitución política sirve de traje a la medida del presidente de turno. Es algo cultural que está ligado a la historia en los tiempos de la colonia española, donde nunca había asambleas de vecinos, sino que las decisiones venían de los gobernantes. Hemos ido de reforma en reforma, siempre acompañada de la reelección o un acuerdo político del compañero del partido de gobierno”, dice Álvarez Montalván.

En 1893, cuando se creó la Libérrima, una de las constituciones más destacadas en la historia de Nicaragua por establecer la libertad, la igualdad, la separación Iglesia-Estado, entre otros aspectos; a pesar de los aportes de ésta, al poco tiempo fue reformada para permitir la reelección del presidente José Santos Zelaya, en 1896.

“Zelaya fue electo siempre a través de una Constituyente. Zelaya reformó la Constitución tres veces y las tres veces se reeligió”, explica.

En 1950 ocurre el llamado Pacto de los Generales, en el que Anastasio Somoza García y Emiliano Chamorro, delegado plenipotenciario del Partido Conservador, acuerdan la creación de una Asamblea Nacional Constituyente y como consecuencia una nueva Constitución, convocando a unas elecciones presidenciales en las que resultó vencedor… Somoza García.

“Después Somoza inventó la famosa minoría y en esa época ya se necesitaba un compañero para bailar el tango. Se supone que Nicaragua ya ha tenido malas experiencias (en cuanto a la reelección) pero mientras el Partido Liberal esté desunido, la reelección es una gran posibilidad”, sentencia el doctor Álvarez.

“Toda esa bulla de que van a discutir (las propuestas) es una cortina de humo. Buscan la salida para justificar la reelección de Ortega. Lo nuevo que hay ahora es la sucesión de dos caudillos, porque antes Somoza lo hacía solo”, agrega.

“Al final de cuentas es el pueblo el que decide y si sos tan malo como dicen que sos, el pueblo no va a votar por vos (…) Hay quienes piensan que esto es malo (parlamentarismo). ¿Qué es lo malo que la Asamblea tenga más poder? ¿Qué es mejor, seguir el bochinche entre el Ejecutivo y la Asamblea? ¡Ah! Que la reelección, pero es que ya les decía que el parlamento tiene potestad de quitar ministro y quitar al Primer Ministro y no cargar con una crisis indefinida”, dijo el Presidente frente a los diputados que asistieron al pleno de la Asamblea Nacional, en la primera defensa pública de su reelección.

El contenido y el contexto en que salen a luz hacen que estas propuestas de reformas sean, según el doctor Icaza Gallard, “totalmente desafortunadas”. “Se están desarrollando en un contexto de crisis económica y social provocada por la carestía de la vida, por el aumento del precio de los alimentos básicos, de la electricidad, el agua y por la situación en que han quedado miles de familias nicaragüenses producto del huracán Félix y de las lluvias que azotaron todo el Pacífico del país”, enumera el jurista constitucional.

Y agrega que “desde el punto de vista de su contenido, aunque sólo conocemos versiones que han circulado de manera extraoficial, de lo que se trata es eliminar la prohibición de reelección y garantizar la continuidad del sistema bipartidista a través del pacto, a través de las diputaciones vitalicias y de un cambio aparentemente democrático al pasar de un sistema presidencialista a un sistema parlamentario”.

Aunque el doctor Emilio Álvarez Montalván asegura que “todavía no han armado el muñeco” debido a la falta de consenso a lo interno del PLC, las propuestas filtradas tienen traducciones clarísimas.

El artículo 34 propone que “toda persona tiene derecho a no ser procesada nuevamente dentro o fuera del país por el delito por el cual fue condenada o absuelta mediante sentencia firme”, y además agrega que “la jurisdicción nacional prevalece sobre la extranjera”.

“Eso tiene nombre y apellido”, enfatiza Icaza Gallard. “Eso se llama Arnoldo Alemán, es por el juicio que tiene en Panamá. Volvemos a lo mismo, lo que ha venido sucediendo a lo largo de la historia, llevamos once Constituciones diferentes, sin meter las reformas que cada una de esas Constituciones ha sufrido. Si metemos las reformas que ha sufrido esta Constitución, de 1987, yo creo que ya vamos arriba de la octava o novena reforma parcial”.

Son 42 artículos los que se reformarían y estos incluyen dulces para quienes den su voto para su debida aprobación.

“Para no aplicar retroactivamente la presente ley de reformas constitucionales los actuales diputados podrán reelegirse por esta vez para las elecciones del año dos mil once”, dice el documento.

“Asimismo, el Presidente de la República podrá reelegirse por esta vez y optar al cargo de Primer Ministro. Se declaran vitalicios los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Para los magistrados cuyos períodos se vencen en el año dos mil ocho, la Asamblea Nacional hará las elecciones correspondientes”, continúa el texto.

“Hay una serie de cambios cosméticos porque son asuntos que ya están garantizados en otros textos legales, en las mismas convenciones internacionales que se han firmado, pero se hace el ornamento para que en medio de todo eso, obtener o perseguir el objetivo de la eliminación de la prohibición de reelección y las diputaciones vitalicias”, explica el doctor Julio Icaza Gallard.

Según él, se trata de conseguir la reelección tras una cortina que disfrazaría las reformas como un medio para democratizar más la Constitución, por ejemplo, el artículo 48 que añade que “en todas las instituciones de carácter público existirá representación de las mujeres y un equilibrio de representación”.

De ser así, “las reformas pueden parecer atractivas, por ejemplo, la reducción de los diputados (de 92 a 70), reducir el número de firmas necesarias para dar curso a iniciativas de leyes por parte de los ciudadanos (5 mil firmas), eso es democrático; añadir en los pactos internacionales que aparecen mencionados en la Constitución la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y erradicar la Violencia Contra la Mujer, muy bonito”, dice Icaza.

Sin embargo, en el fondo, “tal como se diseña el nuevo sistema, se deja abierta la puerta para crear una inestabilidad enorme, con la posibilidad de que el Presidente destituya a la Asamblea Nacional si ésta no elige al Primer Ministro tras una serie de procedimientos y de plazos, con los que podemos caer en una serie de elecciones sucesivas y de crisis de gobiernos por la imposibilidad de entendimiento”, predice el doctor Julio Icaza Gallard.

Icaza explica que de aprobarse la propuesta, se institucionalizarían las diputaciones vitalicias para todos los ex presidentes y se crean la figura de un Primer Ministro, pero conservando el presidente una enorme cantidad de poderes.

“Se aduce que este es un sistema de gobierno que va a traer más estabilidad y que va a favorecer el consenso pero es importante que estemos claros que el consenso no depende de los sistemas. El consenso depende de las voluntades políticas, de los actores, de las fuerzas que operan dentro del sistema”, dice.

Para Emilio Álvarez Montalván, “la propuesta filtrada funciona como las pensiones baratas, donde no un hay menú”.

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