- El gigante de Sudamérica tiene deberes aún por cumplir para consolidarse en el liderazgo global del etanol
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RÍO DE JANEIRO
Las ambiciones de la empresa brasileña Cosan no son pequeñas. La usina (planta) de azúcar y alcohol quiere convertirse nada más y nada menos que en el primer jugador global del mercado de las energías renovables.
Para eso, la compañía afila sus armas. Ya está listada en la Bolsa de Valores de Nueva York y planea invertir más de US$ 400 millones en la cosecha del año fiscal 2008, iniciado en mayo pasado. La inversión, no obstante, podría desacelerarse si es que aparecen buenas oportunidades de adquisiciones en Brasil o en otros mercados en el exterior.
En este caso, el Caribe y América Central estarían en el radar de Cosan. Con capacidad ociosa en las usinas de alcohol y el acceso facilitado por acuerdos de libre comercio, el istmo es visto como una óptima puerta de entrada para el mercado americano.
“No se puede hablar de ser un verdadero player (jugador) mundial de energía renovable sin incluir a Estados Unidos en los planes”, dice Paulo Diniz, vicepresidente financiero de Cosan. “Y nosotros queremos ser una multinacional con ADN brasileño”, añade.
Los planes de la mayor empresa brasileña del sector gluco-alcoholero reflejan los esfuerzos de toda la industria por mantener al país en el liderazgo de un mercado que comienza a globalizarse.
LOS DOS GRANDES
Por ahora, Brasil y Estados Unidos se dividen cerca del 50 por ciento de la producción mundial de etanol, pero con una gran ventaja en productividad para el etanol brasileño: los casi 7,000 litros por hectárea de plantación de caña, son más del doble de lo que Estados Unidos produce a partir del maíz, y a un costo 30 por ciento menor.
Y esa productividad puede aumentar aún más, con el avance de las investigaciones para extraer alcohol a partir del bagazo de la caña, hoy descartado por las usinas. “Las pruebas indican que puede haber una ganancia de 80 por ciento en la producción por tonelada”, dice el profesor Roberto Perosa, coordinador de cursos de postgrado en agronegocios de la Fundação Getúlio Vargas, en São Paulo.
Perosa observa, no obstante, que para mantener esa delantera la inversión en investigación debe ser constante y también debe involucrar al sector privado. “No podemos seguir dependiendo sólo de los presupuestos de Embrapa o de universidades públicas que mendigan recursos”, advierte.
El factor productividad y la explosión del mercado de etanol han atraído millonarias inversiones a Brasil. Gigantes como Bunge y Cargill apuestan al sector, así como grandes inversionistas como George Soros.
La competencia, no obstante, no parece asustar a los grandes jugadores locales. “Los players serios son bienvenidos”, dice Diniz, de Cosan. No se puede decir lo mismo de los especuladores que crearon una pequeña burbuja en el mercado internacional este año.
“El exceso de expectativas hizo a muchos entrar como paracaidistas en el mercado, lo que provocó una escalada de precios al comienzo y un superávit de azúcar y alcohol que derrumbó los precios después”, dice.
El resultado, de acuerdo a Diniz, es la posibilidad de una segunda ronda de fusiones y adquisiciones en el mercado brasileño.
MÁS COMPETENCIA
Para Suzana Khan Ribeiro, profesora del Programa de Ingeniería de Transportes de Coppead, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, las fluctuaciones son normales y con el tiempo, el mercado corregirá los excesos de la euforia inicial.
“Hay espacio para más jugadores en el mercado, sin duda”, dice. Su argumento es que Brasil aún exporta muy poco y faltan proveedores para crear el mercado mundial que Cosan y las usinas brasileñas sueñan liderar. “El mundo no va a apostar a una matriz energética que dependa de sólo dos países (Brasil y Estados Unidos). Sería repetir el error que se cometió al permitir el secuestro global por parte de la Opep”, añade.
¿Y de dónde vendrán los competidores? Lo más probable es que de India, Australia, África y América Central, pues tienen condiciones para producir el etanol a partir de la caña de azúcar, la materia prima más eficiente. Y porque Brasil los incentiva con transferencia de tecnología, cooperación técnica, buscando estimular el mercado. Aunque se vuelvan eficientes y tengan altos volúmenes, su presencia será una ayuda para los planes brasileños. “Para consolidar su ventaja, Brasil no puede ser un monopolio”, dice Perosa, de FGV.
Pero la eficiencia de la producción y las décadas de investigación brasileña en el etanol no eliminarán algunas flaquezas que pueden ser exploradas por rivales en el futuro.
El trabajo en condiciones sub-humanas en el corte de la caña es una de ellas. En una reciente visita a Dinamarca, el presidente Lula se llegó a irritar al ser cuestionado al respecto, defendiéndose con una comparación extraña: “Trabajar en el corte de la caña no es más penoso que trabajar en una mina de carbón”, dijo.