Cristina: la inflación, es alza de los precios, la acecha. ()

Los secretos de Cristina Kirchner

Con la elección presidencial en la cartera, cómo hará Cristina Fernández para manejar la economía de su país: Argentina [doap_box title=»El temperamento de los argentinos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Quizás el mayor desafío de la nueva presidenta de Argentina, Fernández de Kirchner, si es que logra la elección, será dominar con fuerza y sutileza, a la vez, […]

  • Con la elección presidencial en la cartera, cómo hará Cristina Fernández para manejar la economía de su país: Argentina
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Quizás el mayor desafío de la nueva presidenta de Argentina, Fernández de Kirchner, si es que logra la elección, será dominar con fuerza y sutileza, a la vez, el temperamento excitable de sus compatriotas, rápidos para predecir gozosamente todo tipo de apocalipsis.

Algunos esperan un sacudión externo más grande que la actual crisis subprime (créditos hipotecarios de alto riesgo).

“Hay un incipiente aroma a crisis, es muy peligroso cuando comienzan esos presagios: la confianza es la base de la actividad económica. Pero creo que podremos evitarlos”, dice la economista Victoria Ghiarrizo, directora del CERX.

Al menos eso lo reconocen hasta sus enemigos: si alguien tiene el carácter duro para tomar las decisiones difíciles cuando el tiempo se encrespe, esa es Cristina.

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BUENOS AIRES/ ARGENTINA

La certeza de que Cristina Fernández de Kirchner será la próxima presidenta de Argentina es tal que a nadie le preocupa ni le importa demasiado quién será su principal contrincante en los comicios de octubre.

Más bien, hay muchos empresarios y políticos que pagarían —y no poco— por saber el nombre de su futuro Ministro de Economía, cuando asuma el 10 de diciembre, si resulta electa el 28 de octubre.

Es que cada vez resulta más claro que la senadora y esposa del actual Primer Mandatario, Néstor Kirchner, tendrá un desafío único en sus manos: demostrar que Argentina puede acabar con una historia de 40 años, deambulando entre prosperidades y ruinas violentas. Si lo logra, pasará a la historia por la puerta grande. Pero no va a ser ni sencillo ni indoloro.

“En las encuestas Cristina sigue creciendo”, confirma Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios de Opinión Pública, CEOP. Y agrega: “Ya está en el 46 por cieno en Buenos Aires y las grandes ciudades. Eso sin proyectar los indecisos y los votos en blanco”. Por ello, cree, la carrera electoral la tiene ganada.

Eso, pese a que el Gobierno ha tenido un mal año con chubascos permanentes de denuncias de corrupción y torpeza administrativa. ¿La razón? “Los casos de corrupción pasaron de largo porque la economía sigue en el centro de la escena”, dice el experto. Debido a ello “los primeros cien días de gestión de Cristina van a marcar su destino”, anticipa.

Y recuerda cómo el ex presidente radical Fernando de la Rúa partió con un 75 por ciento de imagen positiva y en apenas cuatro meses de gobierno se derrumbó.

LA INFLACIÓN

La diferencia entre ambos, sin embargo, no es menor. La nueva presidenta recibirá una economía que se mueve a toda máquina y no una sumida en recesión. Precisamente —auguran muchos— una economía que va demasiado rápido y corre el riesgo de revivir la pesadilla de la inflación.

Sin embargo, no se trata realmente de una “inflación de demanda”, no con un cuarto de la población todavía sin poder pagar la canasta básica. “El 60 por ciento de la gente en Argentina se siente pobre”, explica la economista Victoria Ghiarrizo, directora del CERX. “Esa misma gente está con expectativas muy altas de inflación”, indica.

Parte esencial del problema, a su juicio, reside en que luego de la devaluación del 2002, “algunos sectores trasladaron toda la devaluación a precios, pero muchos otros no lo hicieron, o sólo parcialmente, no más del 20 a 30 por ciento”.

Es así como energía, comunicaciones y servicios del hogar no lo hicieron. Tarde o temprano, los precios de esos servicios terminarán por subir corrigiendo esa distorsión.

Entonces, por un lado, la bonanza actual llevó a que estos sectores sientan que llegó el momento de recuperar los márgenes de ganancia precrisis; pero esto ha coincidido con la inflación del precio de los alimentos a nivel mundial, la demanda de los asalariados de recomponer sus ingresos y la decisión del Gobierno de fogonear la demanda interna en un año electoral.

Para colmo, el actual presidente decidió intervenir al organismo que mide la inflación (Indec) y cambiar su metodología. Más allá de los argumentos y sutilezas del conflicto, lo anterior provocó un efecto bumerán:

“Ahora todo se ajusta con barómetros privados de inflación”, recalca Ghiarrizo.

Los economistas en general coinciden en que ella está ahora en un rango anualizado del 12 al 16 por ciento, pero la gente de la calle, por ejemplo, ante el aumento del valor de las papas de un 50 por ciento en apenas 15 días, percibe que es mucho más que eso. “Esto le va a jugar muy en contra a la futura presidenta”, dice Ghiarrizo.

Pero la senadora ya lo sabe. Y se prepara para enfrentarlo. ¿Cómo? Por medio de un plan. En cuanto a inversión, desgravación impositiva para la reinversión de utilidades.

En gasto público, descenso de los subsidios a las empresas privatizadas de transporte y energía —que hoy alcanzan los casi US$1,000 millones mensuales— y aumento de tarifas.

En flotación cambiaria, el uso del superávit fiscal para la compra de dólares, liberando al Banco Central de parte de la emisión de pesos (y su posterior esterilización vía emisión de bonos). En comercio interior, castigo a las empresas oligopólicas que abusen de su posición de mercado.

A MEJORAR LA IMAGEN

Aunque no son menores, las medidas no constituyen la base del modelo Cristinomics. Sus pilares centrales serán otros dos: por un lado, una mesa de concertación social que siente a industriales, comerciantes y sindicatos, para que regule las demandas salariales.

Los reajustes serán sobre la base de la inflación y aumento de la productividad simultáneamente; y, por otro, la reinserción agresiva de Argentina en el sistema mundial de comercio y financiamiento, lo que supone cerrar un acuerdo triangular con el “nuevo FMI” de Dominique Strauss-Kahn y el Club de París, que marque el regreso del país al sistema de seguro de inversiones de la Unión Europea, para empezar.

Esto último tendría un efecto nada maligno: mejorar el clima exterior para Argentina, por si se necesita recurrir a fuentes de financiamiento distintas de la generosidad bolivariana del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en 2008 y 2009.

¿EL CANDIDATO?

¿Alcanzará? En una reciente visita a Argentina, el economista y vicepresidente del Banco de Inglaterra, Mario Bléjer, anticipó que la sustentabilidad del actual nivel de crecimiento podría vincularse a que el futuro gobierno “debería ir hacia un superávit fiscal cercano al cuatro por ciento”, respecto al 3.1 por ciento actual.

¿Quién mejor que él mismo para hacerlo?, piensan muchos en Buenos Aires. Bléjer es uno de los dos “ministeriables” de Cristina, para la cartera de Economía que más se mencionan en el país.

Su credibilidad y sus conexiones internacionales parecen óptimas para los tiempos turbulentos que se avizoran. Sin embargo, fuentes del entorno de Cristina desestiman esa posibilidad.

Quién será el elegido para ese puesto es la pregunta del millón. “Si Cristina quiere convocar a una mesa de concertación, va a tener que armarse de un equipo muy sólido y consistente”, piensa Ghiarrizo.

Sucede que “en nuestra cultura es difícil un gobierno presidencial femenino: ella va a tener que mostrar más sabiduría que rudeza”, según Bacman.

Sus adversarios y críticos desde ya han comenzado a tratar de erosionarla, presentando a Cristina como alguien que cogobernará con el actual presidente, su marido.

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