Fotos de La Prensa/Orlando Valenzuela
El 29 de noviembre de 1998 Felícitas Zeledón alertó al gobierno del presidente Arnoldo Alemán de que algo catastrófico estaba pasando en Posoltega, el municipio del cual era alcaldesa: después de una semana de intensas lluvias, la zona estaba inundada e incomunicada. Las autoridades centrales no le hicieron caso, como tampoco un día después, cuando les notificó que el volcán Casita se había derrumbado arrasando 10 comunidades de la zona. Pasaron dos días para que la alarma se activara.
Nueve años después, Zeledón rememora en esta entrevista aquellos días de tragedia. Recuerda la desesperación que la atrapó ante la falta de ayuda del Gobierno Central.
Zeledón ha desaparecido de la vida pública. Dejó la Alcaldía de Posoltega y su diputación por el FSLN. Ahora es funcionara del Intur, donde trabaja en la dirección de servicios turísticos, teniendo a su cargo los departamentos de capacitación, legalización, seguridad turística y sistema nacional de calidad.
Accedió a hablar con Domingo esta semana, una hora antes de un chequeo médico en el Hospital Militar. Se presentó a la entrevista con un fólder de papeles en mano, vestida humildemente y dispuesta a hablar de aquella desgracia que la ubicó para siempre en los libros de historia del país.
¿Cómo recuerda aquel 30 de octubre?
A nueve años del desastre de Posoltega, podemos hablar de que aquel día, desde el jueves 29, el sentimiento era que Posoltega iba a desaparecer por las grandes inundaciones que se daban en los alrededores del casco urbano. El 30 fue un día trágico, la debacle más grande que ha sufrido Nicaragua. Fue algo nunca antes visto.
¿Cómo se dio cuenta de la tragedia?
Desde tres días antes que empezaron las lluvias intensas yo estaba dando aviso a las autoridades de que Posoltega está totalmente incomunicado. Lógicamente nunca me pasó por la cabeza el deslizamiento, máximo por lo que había dicho Ineter que sólo eran tres días de lluvia, que era algo natural en invierno. Pero la noche del jueves fue una cosa espantosa. El viernes me disponía a ir a comunicarme con Managua en un lugar donde había la única radio de la zona. Encontré a unos compañeros que venían bajando y corrí alegrísima hacia ellos y les pregunto cómo estaba El Guanacastal, donde había grandes cauces inundados. Me dijeron algo terrible, que el volcán se había tragado las comunidades. Para mí fue un golpe terrible. Di la voz de alerta y comencé a decir que había mil muertos, partiendo de los conocimientos que teníamos de la zona.
¿Con quién se comunicó inicialmente?
Con el Inifom, que era el teléfono que tenía. Llamé a las radios. En ese momento también me comuniqué con la Presidencia. Dijeron que iban a ver cómo nos ayudaban.
¿Cómo reaccionaron las autoridades centrales cuando usted les comunicó lo que había pasado?
Yo sentí como que era de poca importancia, como falta de credibilidad hacia lo que había pasado. Se manifestaron con toda tranquilidad y dijeron que iban a ver qué podían hacer. Para mí era algo de vida o muerte, de respuesta inmediata. Pero no tuvimos esa respuesta de inmediato. Hasta el domingo comenzaron a llegar los helicópteros.
En ese lapso, mientras llegaba la ayuda, ¿qué hacían ustedes?
Inmediatamente nos dispusimos a salvar a las personas que podíamos, a sacarlas del lodo, a llevarlas a lugares más seguros. Los ubicamos en las escuelas, que sirvieron de albergue. No teníamos alimentos y había que enfrentar el problema de la falta de medicinas. Nos organizamos, formamos comisiones para cuidar niños, para salud, de abastecimiento, de primeros auxilios…
¿Cómo cataloga la respuesta del Gobierno Central?
Siempre he dicho que esa respuesta fue lenta. No quiero decir que son culpables de todo lo que pasó, pero la ayuda tenía que ser inmediata, desde el día en que anuncié que estábamos incomunicados. Si hubieran mandado brigadas, hubiéramos sacado a la gente aledaña a las faldas del volcán. Nadie nos indicó cómo actuar.
¿Cómo fue el proceso de reconstrucción?
Fue algo muy duro. Hubo mucha ayuda. Desde alimentos, medicina. Sin embargo para la construcción de las comunidades había que comprar terreno y la ayuda ya era escasa. Varios países ayudaron e hicimos ocho comunidades para la gente que sacamos del cerro. Un año después la ayuda era mínima.
Muchos de los vecinos de Posoltega denuncian que la ayuda nunca les llegó.
Lo que pasa es que la ayuda que llegó directamente a la Alcaldía y las comunidades fue la que realmente pudieron percibir. Pero la que vino a nivel nacional no llegó. Recuerdo muy bien porque yo sabía qué llegó y qué no.
¿Qué piensa usted que pasó con esa ayuda?
Vinieron al país, pero fueron desviadas hacia otras personas, tal vez a otros municipios que fueron golpeados menos que nosotros. Tenemos noticias que se hicieron mansiones con los recursos de los posolteganos.
¿Fue culpa de la administración del ex presidente Arnoldo Alemán que la ayuda no haya llegado?
Creo que un Presidente debe velar por su pueblo, y si uno de los pueblos está herido gravemente, tiene que ser la prioridad.
¿Culparía al ex presidente Alemán por la ayuda que se perdió?
Este… Todo Presidente tiene que amar a su pueblo y darle al César lo que es del César.
¿Cree que él tiene la culpa?
Es que no puedo decir si es culpable. La verdad es que la ayuda que era para Posoltega no llegó a Posoltega.
La gente también critica que no tienen escrituras de las casas que les dieron
Existen normativas en los organismos. Unos dieron el terreno y otros la vivienda. El que dio la vivienda puso sus propios reglamentos, porque existe desgraciadamente gente que no aprecia la vivienda y la vende. Los organismos no querían eso, por eso estipularon que les iban a dar la escritura cuando tuvieran 10 años de vivir en el lugar. En Santa María no sé qué ha pasado, porque ya estaban las escrituras listas.
¿Usted perdió familiares en el alud?
No, pero es como si hubiera pasado. Las personas que murieron eran viejos amigos, ex alumnos, muchos alumnos, maestros, padres de familia. Fue un dolor terrible.
¿Se sintió aliviada cuando dejó la Alcaldía?
No… Cuando estuve como diputada le llevé varios proyectos al pueblo, trabajos de ingeniería. Estoy siempre buscando cómo hacer algo por ese pueblo.
La gente de Posoltega dice que se siente olvidada
Es que es lógico. La noticia es momentánea. Sin embargo, han tenido siempre apoyo de la Alcaldía. No están en la gloria, pero hay muchos proyectos que los han beneficiado.
Ha sido alcaldesa de Posoltega, ha sido diputada, ¿buscaría otro cargo público importante?
Te digo con sinceridad que no. A esta altura de la vida quiero algo más tranquilo.