- Juárez espera por oportunidad para subir al big show
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Nunca hemos acertado sobre quién será el próximo nicaragüense hacia las Grandes Ligas.
Después del establecimiento estelar de Denis Martínez con los Orioles, vimos el paso fugaz de Antonio Chévez, el sigiloso salto de Albert Williams, la esperada proyección de David Green y el laborioso peregrinaje hacia la cima de Porfirio Altamirano.
Pero tras el ascenso del “Guajiro” en 1982, vino un ayuno de 13 años, en los que no se vio a otro nica enfundarse un “frac” de big leaguer. No subió nadie, sino hasta el 5 de septiembre de 1995, cuando Marvin Benard llegó con los Gigantes al big show.
Durante ese período lo que se multiplicó fueron esperanzas y especulaciones. Cálculos que no llegaron ni cerca, mientras Benard, forjado en California, alcanzaba un sueño del que pocos eran testigos.
Habíamos pensado en Delring o Durley Donws, en Brant Alyea o Félix Moya, mientras las posibilidades se apagaban a finales de los años ochenta, cuando la captación de talentos para el beisbol rentado se paralizó.
¿Muñoz o Raudez?
Cuando a inicios de los noventa se reactivó la firma de prospectos, las ilusiones de otro nica en el big show volvieron a cobrar vida. Y se pensó que Juan Muñoz, jardinero que se construyó en Miami, sería el séptimo nica en las Mayores.
Muñoz batalló tan duro como pudo, pero no alcanzó la cúspide del juego.
Y casi sin darnos cuenta, el próximo big leaguer estaba entre nosotros: Vicente Padilla, el meteórico lanzador de Chinandega, firmado a finales de 1998, sólo para aterrizar seis meses después en las Mayores con Arizona ante el asombro de todos.
Muñoz finalmente desistió de continuar en la lucha y ya cuando algunos daban por un hecho que Oswaldo Mairena no subiría a las Grandes Ligas, el zurdo chinandegano lo hizo y se volvió el octavo nica en la cumbre del beisbol mundial.
Aún quedaba Julio Raudez y también William Juárez. Pero los Gigantes descartaron a Raudez y Juárez se ha quedado en el círculo de espera, mientras Gonzalo López parece volver a interesarse en una carrera a la que él mismo le puso freno.
Y mientras eso pasaba, Devern Hansack, un muchacho descartado por Houston, logró seducir a los Medias Rojas, quienes le abrieron un espacio, que el costeño aprovechó al máximo, y el año pasado se volvió el noveno big leaguer con sabor a pinol.
Hay chavalos que están creciendo. Ofilio Castro se aferró a Doble A con Washington, Ronald Garth subió a esa categoría a base de punch con Seattle y Juan Carlos Ramírez sigue abriendo ojos por donde pasa con su bola de humo.
Eso sí, nadie sabe quién será el próximo.