- Julio Icaza Gallard afirma que Nicaragua no puede dormirse en sus laureles después del reciente fallo de la corte de La Haya
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El presidente Daniel Ortega y las autoridades de Cancillería se mostraron satisfechos con el fallo emitido el lunes por la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que delimita la frontera marítima con Honduras. Pero Julio Icaza Gallard, experto en derecho internacional, afirma que Nicaragua no debe ser triunfalista sobre la influencia que el fallo podría tener en otros juicios por conflictos territoriales, como con Colombia y Costa Rica, y advierte que el gobierno no puede dormirse en sus laureles, por lo que recomienda a la Cancillería preparar mejor a sus funcionarios y “estudiar bien” la sentencia de la CIJ, “para ver qué aspectos pueden ser de aplicación en defensa de nuestros derechos”.
En esta entrevista, Icaza Gallard, ex embajador alterno de Nicaragua ante la ONU y ex funcionario del Sistema de Integración Centroamericana, analiza el fallo de la CIJ y se pronuncia por un cambio en la estrategia diplomática del gobierno actual, enfocándola en un mayor acercamiento hacia Latinoamérica, y un aceleramiento en los procesos de integración centroamericana.
¿Qué ganó Nicaragua con el fallo de la CIJ?
Este tipo de asuntos se contagia fácilmente de espíritu nacionalista. Creo que más que un triunfo de Nicaragua y Honduras es un triunfo de la razón, el Derecho y la justicia. Tratándose de una disputa territorial entre dos países hermanos, sale fortalecida la unidad centroamericana, el proceso de integración. La solución de problemas limítrofes ayuda a crear un clima de confianza.
Cuando se dio a conocer el fallo, la prensa hondureña decía que su país había ganado. Lo mismo pasó en Nicaragua. ¿Hubo un ganador real?
La sentencia es muy equilibrada. En realidad la Corte se pronunció sobre dos asuntos: la soberanía de un conjunto de islas y cayos existentes en el área en disputa, y la delimitación de la frontera marítima entre las áreas de mar territorial, plataforma continental y zona económica exclusiva correspondientes a Nicaragua y Honduras.
La sentencia le da la razón a Honduras en cuanto a las islas; y le da en gran parte la razón a Nicaragua en cuanto al criterio de la bisectriz como el criterio más apropiado, más justo para delimitar la frontera marítima. Es un fallo muy equilibrado.
¿Qué ventajas obtiene Nicaragua?
Los expertos en asuntos de soberanía y en asuntos territoriales se han entusiasmado. Hay principios importantes que la Corte reitera, como el de que la tierra domina al mar. Pero lo cierto es que la Corte fue muy cuidadosa de no afectar derechos de terceros países y de no prejuzgar sobre litigios pendientes. Al llegar al punto de finalización la frontera marítima con Honduras decidió que, sin especificar un punto final preciso, la frontera marítima puede extenderse más allá del meridiano 82 sin afectar derechos de terceros estados. Hay que estudiar bien la sentencia para ver qué aspectos pueden ser de aplicación en defensa de nuestros derechos, sin olvidar que cada caso es un caso.
¿Este fallo significa que Nicaragua podría ganarle un caso a Colombia?
El caso con Colombia está todavía pendiente. Va a haber próximamente una sentencia, no sobre el fondo del asunto, sino sobre lo relativo a que si la Corte tiene competencia y jurisdicción para entrar a examinar a fondo el asunto. Pero eso es materia pendiente. Yo prefiero ser conservador y atenerme al estudio profundo de esta sentencia para poder determinar qué aspectos de ella pueden ser de utilidad en la defensa de nuestros intereses frente al otro.
¿Y en el litigio con Costa Rica?
No podemos presentarnos divididos. En estas materias debemos hacer un frente común. Desafortunadamente hay signos que no van en esa dirección. La política exterior del nuevo Gobierno no ha sido capaz todavía de determinar los verdaderos intereses y objetivo nacionales y construir sus tácticas y estrategias alrededor de ellos.
Pero tomando en cuenta los otros litigios, ¿cree que el Gobierno debe tener una actitud triunfalista tras el fallo de la CIJ?
No recomendaría actitudes triunfalistas. Aquí tenemos que seguir trabajando muy duro en la defensa de nuestros intereses. Lo que necesitamos es más profesionalización en nuestra Cancillería. Necesitamos profesionales que vigilen con celo la defensa de nuestros intereses territoriales. No caer en actitudes triunfalistas que no llevan absolutamente a nada.
Necesitamos una política de Estado para el desarrollo humano y sostenible del litoral Caribe. Solamente un esfuerzo sostenido en el campo de las comunicaciones y del fortalecimiento de la presencia de las instituciones del Estado podrá garantizarnos un ejercicio efectivo de la soberanía en esos inmensos territorios, que hoy han sido reconocidos como nuestros por el máximo tribunal del mundo. Si no ejercemos una soberanía efectiva sobre esos territorios no sabemos qué va a pasar en el futuro.
¿Qué significaría ejercer esa soberanía?
Llevar el desarrollo a esa zona, administrarla efectivamente, trabajar y desarrollar toda el área. Definir las políticas de concesiones alrededor de la explotación y protección de esas inmensas riquezas que se dicen existen en la zona. Regular la explotación pesquera de manera sostenible, preservando las riquezas ecológicas y ambientales que existen en toda esa zona. Fortalecer la presencia del Estado. Implica también la formulación de una política de Estado alrededor de la defensa de nuestro territorio. No podemos seguir con una Marina como la que tenemos. Hay que pensar en una reorganización de las fuerzas militares, y lo mismo con la presencia de la Policía en esos territorios.
Doctor, hay algo difícil de entender: por qué países pobres y pequeños como Honduras y Nicaragua pierden dinero y tiempo en este tipo de pleitos. ¿Por qué en América Latina pasa esto?
Estos son problemas heredados de la Colonia. También no ha habido la suficiente capacidad para arreglar de manera bilateral estos asuntos. Pienso que en el caso de Honduras perfectamente se pudo haber llegado a un arreglo, pero las condiciones en que surgió el problema, en los años ochenta de enfrentamiento político, impidieron que a través de una negociación directa pudiésemos llegar a un arreglo.
Pasaron ocho años para que la CIJ se pronunciara sobre la demanda de Nicaragua ¿Por qué tomó tanto tiempo para que emitiera este fallo?
Nicaragua y Honduras no son los únicos países que llevan sus asuntos a la Corte. La Corte trabaja en muchos otros asuntos. Si usted ve la sentencia, la Corte es el máximo tribunal del mundo y trabaja con un profesionalismo impecable, usted ve que la sentencia es una pieza magistral, va descartando argumento por argumento y va buscando la aplicación de los principios y normas correspondientes. Es un trabajo sumamente delicado. Hay que escuchar los argumentos de los dos países. Hay que verificar las pruebas.
¿Cómo funciona la Corte de La Haya?
Generalmente se introduce una demanda y lo primero que la Corte examina, como va a hacer en el caso de Colombia, es el asunto de la jurisdicción: ver si tiene o no competencia para llevarlo. En algunos casos esa cuestión no se suscita porque los dos países están de acuerdo en aceptar la jurisdicción de la Corte. Una vez que se ha pronunciado al respecto, viene la presentación de la memoria y la contra memoria, de la dúplica y la réplica por escrito. Después viene una fase oral, donde se escuchan los alegatos. Por último está la fase de la redacción de la sentencia y su comunicación.
¿Y cómo es el cabildeo en la Corte?
Aquí los cabildeos no tienen importancia. A los jueces no les gustan que lo estén cabildeando, porque son muy celosos de su independencia. Lo importante es que en los documentos se presenten todos los argumentos de carácter histórico y legal que son necesarios para defender la posición del país en relación con el asunto. Estar cabildeando con los jueces puede provocar una reacción contraria, porque el juez no quiere, en ningún momento ni de largo, sentirse presionado o comprometido con determinados intereses.
¿Cree que la Corte se va a declarar competente para examinar el litigio con Colombia?
Creo que sí. Nicaragua tiene suficientes argumentos para defender la jurisdicción de la Corte.
¿Tiene ventajas Nicaragua para lograr en este caso un fallo semejante al de Honduras o más positivo?
No me atrevería a hacer augurios. Por supuesto que una serie de principios y criterios que fueron reafirmados por la Corte en esta sentencia tienen que ser cuidadosamente estudiados y ver de qué manera pueden ser utilizados para defender nuestra posición.
¿Qué gana Nicaragua en un juicio contra Colombia?
El reconocimiento de inmensos espacios marítimos que Colombia considera como suyos.
A pesar que en esos espacios, como en el caso de las islas San Andrés y Providencia, la gente se declare colombiana y no nicaragüense…
Ese es un asunto que tendrá que determinar la Corte: qué va a pasar, cuál es la situación de San Andrés y Providencia. No podemos adelantarnos respecto a eso. Es muy aventurado adelantarnos a eso. Ya veremos. Hay soluciones para todo.
¿No cree que es agotador que Nicaragua invierta tanto esfuerzo en este tipo de conflictos cuando hay una serie de problemas internos en los que se debería poner atención?
Estos son asuntos que se manejan a nivel de Cancillería. Lo importante es llegar a una solución de estos asuntos, que no pueden descuidarse porque tienen que ver con el patrimonio de la nación. No creo que supongan una distracción de los problemas fundamentales. La defensa de la soberanía está garantizando la riqueza del país. No veo ninguna contradicción.
¿Cómo ha cambiado el mapa de Nicaragua debido a estos problemas limítrofes?
Muchísimo. Nicaragua ha perdido una gran cantidad de su territorio. Perdimos gran cantidad en el juicio de La Haya contra Honduras en 1960. Perdimos Nicoya y Guanacaste. Esto ha sido producto de que vivimos enzarzados en luchas civiles y hemos descuidado nuestra soberanía, nuestro territorio. Ha sido producto de una debilidad endémica del Estado, porque consideramos el Estado como un botín, como una cosa nostra, como un depredador, y no como ese conjunto de instituciones que trabajan en función del interés colectivo y no a favor de un caudillo, del dictador o de un partido determinado.
El presidente Daniel Ortega ha hablado recientemente de diálogo con los países vecinos. ¿Cómo mira la postura del Gobierno respecto a estas controversias limítrofes?
Es positivo el diálogo. Nicaragua siempre debe mantener los canales de comunicación… Es absurdo que Nicaragua hasta hace tres meses estuviera gobernando de espaldas a Costa Rica. El comandante Ortega primero visitó Panamá, visitó Honduras y El Salvador y no Costa Rica. Afortunadamente se dio la reunión del presidente Arias y Ortega en la UNICA (en el aniversario de los acuerdos de Esquipulas), hubo este acuerdo de reactivar la comisión binacional, que es algo que se debió haber hecho inmediatamente después de la reunión. Todavía falta que el Presidente visite Costa Rica.
¿Cree que haya posibilidades de una solución negociada al conflicto limítrofe con Costa Rica?
No debe descartarse. Una de las soluciones es poder encontrar acuerdos bilaterales, siempre y cuando no se ponga en riesgo los derechos soberanos de Nicaragua, reconocidos en convenios internacionales.
¿Y cree que la región ha evolucionado lo suficiente para evitar nuevas controversias de este tipo?
La conducta de Nicaragua a nivel internacional ha sido muy ejemplar, ha tenido siempre una enorme confianza en el derecho internacional, en la solución pacífica de controversias. Lo que queremos es que esa confianza se demuestre con respecto a la justicia nacional y que nos comprometamos a tener una justicia realmente independiente y que aplique la ley por parejo.