En la pintura Fernando Silva

Cuando Fernando Silva revela los secretos de la pintura, sostiene que su creación surge de la naturaleza misma, de los sentidos, donde existe el misterio de la comunión del arte que madura como fruta para ser gozada por todos. Auto-calificándose como “un poeta que pinta”, argumenta que su arte no es para venderse sino para […]

Cuando Fernando Silva revela los secretos de la pintura, sostiene que su creación surge de la naturaleza misma, de los sentidos, donde existe el misterio de la comunión del arte que madura como fruta para ser gozada por todos.

Auto-calificándose como “un poeta que pinta”, argumenta que su arte no es para venderse sino para el deleite de los sentidos como fin máximo. Un romántico degustador del paisaje y floreros; casas coloniales o rústicas; figuras de mascotas o de El Güegüence, (con “c”); o de diseños geométricos en papel con colores planos, como El Bote, Navidad, obsequiadas a su esposa Gertrudis Molina Argüello, que conoció cuando tenía 17 años.

Silva relata que su creación ha sido posible gracias al “estado de gracia del arte”, el que sólo puede ser alcanzado cuando el arte entra en los procesos de los sentidos, el tacto y la naturaleza, todos en comunión con Dios, el que también es amor y poesía.

Esta es su clave, su tesis, su manifiesto pictórico o, como dice: su pintura concebida como gozo y re-gozo de lo extraordinario y maravilloso de la naturaleza visual y poética, vivida, expresada y compartida.

¿Cómo ha vivido las artes plásticas?

Por influencia de la naturaleza. Porque vos sabés que el arte no es nada aislado. El arte es el mundo expresado con su propia voz. Cuando uno dibuja es el arte expresado con la mano, la línea hace la forma.

De tal manera que desde la secundaria dibujaba. Los compañeros me pedían que les hiciera los dibujos. Y después seguí dibujando, luego pintando y a hacer mi pequeña obra pictórica, que desde luego no es de un buen pintor sino que sencillamente es de un poeta que pinta.

¿Recuerda algunos de los temas que pintaba con frecuencia?

De la naturaleza, floreros, frutas, bodegones. Un día me encontré a un gran pintor (Picasso) que hacía unos trabajos con pedacitos de papel de colores y yo logré últimamente ponerlo en práctica, cortaba en formas abstractas figurativas, que he llamado pintura que se toca.

Hablando de esa “pintura” ¿qué relación encuentra entre el trabajo de la imagen visual y el literario?

Es una comunión que está establecida. El arte se comunica de diversas maneras, como nos comunicamos hablando en diferentes tonos; o sea, hay un tono que es directamente sobre el papel con un instrumento que es el lápiz, o una brocha que es la gracia del color, o en la voz misma con los diferentes tonos que tiene la voz para el verso.

¿Cómo reacciona ante “esa pintura que se toca”?

En mí como en todo artista es el origen el tacto. ¿Ahorita qué haces vos? Ves, descubrís, encontrás olores, gustás; y en el tacto es lo que vos verificás la naturaleza, de ahí viene el objeto de toda la expresión.

Es el mismo proceso del arte, él mismo te da el instrumento. Es como en la música. Un violín coincide con sus cuerdas, pero es la música la que te hace al violín. Es la música la que inventa al instrumento. El arte se vale de instrumentos que aun ahora ni siquiera nosotros nos imaginamos. ¿Sabés de qué se vale a veces? De un gesto.

En pintura ¿quiénes lo influenciaron?

Cuando uno es bien sensato, bien sabido, las influencias las transforma. Claro, podés tener un poquito de color de Van Gogh, o de algunos rostros del tipo de Paul Gauguin, pero no serán lo de ellos sino los tipos míos, porque voy buscando el arte con originalidad. Uno se busca siempre, con trabajo sincero, con entrega. Es como lo que pasa con el amor: uno se busca al otro, es esa carrera de búsqueda, de encuentro, es como una chispa.

¿Qué gusto por el arte están presentes en su libreta de dibujos?

La espontaneidad es la verdadera ecuanimidad del arte. El arte es solo, solo uno, es de uno, sólo de uno, y es de los demás porque uno lo entrega. Y yo me lo quito como un objeto que doy. Vos sabés, es como un paquete de la Purísima que recibe la gente. Ese es el paquete del arte.

¿Hay pintores en su prestigiada familia?

Nadie. Mi madre en la poesía, mi madre en la prosa, sobre todo, mi madre en la palabra. Mi madre tenía 16 años y vivía en un barrio cualquiera de Granada y a las cuatro de la tarde estaba llena de gentes, de vecinos para oírla hablar. Y como era una mujer muy leída, les contaba párrafos de escritores franceses, como los de Guy de Maupassant (francés del siglo XIX, escritor de relatos cortos, sencillos y realitas) y la gente gozaba infinitamente; y tenía una linda voz de conversación. Mi padre también gozaba, la tenía como una diosa, porque mi madre era extraordinaria.

Se discute mucho sobre el arte conceptual. ¿Cuál es su idea?

Se ponen a discutir cuestiones puramente teóricas. No me interesan. A mí lo que me interesa es el arte, que es lo que me da, que a mí me sorprende, porque la maravilla del arte es cómo te sorprende y cómo te conquista, y cómo te toma.

En su viaje por París conoció a Picasso, ¿cual es su impresión?

En París llegaban a las hostelerías los grandes pintores. Llegó un periodista y me presentó a Picasso y hablamos en español. Otra de las cosas curiosas que me pasó fue cuando entrevisté a Charles Chaplin, me costó muchísimo. Llegó a París en 1958 porque presentaba una de sus películas. Iba con mi amigo periodista; llegamos a su cuarto, me presentó y le dijo: “Este es Fernando Silva, es de Nicaragua”, le dice. “¡Oh… —dijo— Nicaragua!” “Et les Somoza, comment vont-il”? (¿y los Somoza?, ¿como van ellos?). “Volvé a ver, qué curioso. (Ríe a carcajadas). Luego vuelve a repetir sin parar de reír: “Et les Somoza, comment vont-il”?

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