El constitucionalista Gabriel Álvarez considera que no existen consideraciones jurídicas convincentes de parte de los políticos interesados en un cambio de sistema de gobierno que conlleve a tomar una decisión tan trascendental para Nicaragua.
El experto habló ayer en un foro sobre las reformas que propone el Gobierno organizado por la fundación Konrad Adenauer y el Movimiento por Nicaragua.
“No han esgrimido ningún argumento para que nos persuadan de la necesidad política y jurídica de transformar el sistema, no hay ninguno, la democracia se puede profundizar en uno y en otro modelo, los mecanismos de participación se pueden fortalecer en uno y otro modelo, los controles democráticos se pueden impulsar en uno y otro modelo”, precisó el analista.
El presidente Daniel Ortega ha expresado interés por impulsar reformas constitucionales, respaldado por su bancada, con el objetivo de pasar de un sistema presidencialista a un sistema parlamentario, donde prevalecerá la figura del Primer Ministro.
Uno de los planteamientos del Presidente, además de mencionar la ampliación de la democracia representativa, es que el actual sistema es obsoleto, lo que es desestimado por Álvarez, ya que recordó que el sistema presidencialista es más novel que el parlamentario.
Agregó que incluso lo importante no es la obsolescencia del sistema, sino en otros temas como despartidizar los Poderes del Estado, mejorar los mecanismos de cedulación de los ciudadanos, ofrecer garantías de la transparencia del Consejo Supremo Electoral (CSE) cuestionado por su actuar, dada la composición política que prima en esa institución.
No descarta que el supuesto interés de proponer un cambio de sistema de gobierno pueda tener como fin desviar la atención de la población, ya que un sistema parlamentario no necesariamente va a reducir los niveles de pobreza, ni perfeccionar el sistema institucional.
Otra premisa es que se esté fraguando la profundización del pacto entre el ex presidente Arnoldo Alemán y Ortega, señalados de mantenerlo vigente desde la administración del dirigente liberal.
“La posibilidad de la reelección presidencial, disfrazado de Primer Ministro”, observó Álvarez.
Ejemplificó que si en Inglaterra alguien propone cambiar el actual sistema de gobierno parlamentario a un sistema presidencial o viceversa en Estados Unidos, esto va a ser definido por ambas sociedades “como alguien o totalmente ignorante de la teoría política o de los principios jurídicos constitucionales que rigen el estado democrático o como una tomadura de pelo”.
Para el constitucionalista, el mejor sistema de gobierno es aquel que mejor se adapta a las características, evolución, necesidades y tradición de cada país.
“Una vez establecida esta premisa, el modelo que se imponga debe ser un modelo construido sobre los principios democráticos”, observó Álvarez.
Por su parte, el experto Joan Vitro dijo que el parlamentarismo no es un sistema que resolverá los problemas socioeconómicos del país.
El experto catalán habló el miércoles en un foro desarrollado por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Filosóficas de la Universidad Americana (UAM).
Para el analista Karlos Navarro, Nicaragua tiene un historial de fracasadas imitaciones de sistemas de gobierno, lo cual impide la solución de sus problemas.