- Mucho cariño popular por el cronista fallecido Edgard Castillo
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Legado deportivo y humano de Koriko
ESPECIAL PARA LA PRENSA
Es difícil evadir una nota periodística para Edgard Castillo (Koriko) en la hora de su muerte. El hombre de prensa, rendido por el tiempo. El amigo que deja un legado extraordinario de honestidad, sencillez y corazón pronto en la relación cotidiana. El escritor que describe con sencillez los temas más complicados y dedica sus mejores momentos a la crónica deportiva, en un auténtico ministerio.
Escritor sin muchos artificios literarios, sin expresiones explosivas o exprimidas de otros talentos del oficio. Así, Koriko edifica su propio monumento, construido con su inocente sonrisa, su agitado caminar por los pasillos de la Redacción y los campos de juego. Su gigantesco humanismo que asoma por su piel, aún en medio de la competencia, muchas veces, cargada del ego natural del enrarecido mundo de la gente de prensa.
Conocimos a Koriko sin rebuscar en él su lado bueno, él era todo bueno. Qué hombre más excelso. Se volcó en el hermoso filón deportivo, descubriendo músculo y talento, hizo suya la sentencia de “mente sana en cuerpo sano”.
Practicó el beisbol, su eterna pasión y devolvió con creces su cariño en las páginas de LA PRENSA y otros medios escritos, reseñando encuentros, haciendo perfiles de los atletas consagrados y también de iniciados que caen en su ojo experto para vaticinar en su oráculo sus pasos de futuros gigantes.
Koriko incursiona todas las disciplinas deportivas, tiene la capacidad de identificarse sin complicaciones con notas claras, seguras, que conjugan las exigencias de la comunicación de ir directo, claro, limpio, con las huellas del talento del hombre de prensa que forma, educa y llega al corazón del lector. “Y será la justicia cinto de sus lomos y su fidelidad ceñida de su cintura”, él siguió las huellas del Hombre-Dios, en la medida justa de sus debilidades. Su muerte nos conmueve.
Qué puedo decir, en casi 15 años de compartir el trabajo de la prensa escrita. Nunca lo vi exaltarse, cambiar su digna fachada de hombre comprometido con la verdad y su valiosa intuición de saltar obstáculos.
Colaborador incansable, profundo en sus reflexiones, sin malicia alguna ni capaz de tomar ventaja de sus compañeros. Koriko se gana el cariño de todos. En muchas ocasiones fui testigo del aprecio del mártir Pedro Joaquín Chamorro, que explotaba en la fiesta de su amistad, reconociendo sus dotes de profesional, de amigo sin fronteras.
Recuerdo los abrazos francos del poeta Pablo Antonio Cuadra. Los abrazos de sus admiradores, fanáticos y deportistas. Nuestros propios abrazos. Puntual en su horario hasta la exageración, fue ejemplo en la empresa. Siempre también pendiente del dolor humano cuando atiende las denuncias del pueblo en las puertas de LA PRENSA.
Reportea muchas veces con la autoridad del cualquier periodista destacado del Diario. Por todo esto, da profundo pesar perder un amigo con estas virtudes; pesar al no leer más sus crónicas y comentarios “De todo un poco”, que hoy son guardadas en su biblioteca particular como un legado a su honorable familia; dispuestas en los archivos de LA PRENSA y algunas revistas, donde nos recordará siempre al incansable escritor deportivo.