- Incansable en el trabajo, Ana María Estrada fue misionera y ahora moldea una empresa
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Su vida dedicada al servicio de Dios y al prójimo, se deriva de una infancia moldeada en el seno de una familia cristiana y entregada al trabajo. También es digno de resaltar en Ana María Estrada González, la inclinación casi enfermiza por el arte manual, hasta convertirse en la creadora de su empresa, Mujeres Virtuosas, Artesanías de Nicaragua.
Desde hace tres años formó su empresa en Jinotepe. Un día me dije, voy a formar mi empresa y daré trabajo a otras mujeres, señala. Es originaria de Managua pero con raíces en Boaco, explica haber nacido y crecido entre mujeres muy emprendedoras y dedicadas al arte manual y la costura. Mi abuela materna dejó San José de los Remates en Boaco; y se vino a Managua con todas sus hijas pequeñas e instaló un taller de ropa para niños.
Dice que sus tres tías y su madre se involucraron en ese mundo de la ropa infantil, junto con su abuela y mantuvieron hasta nuestros días, la famosa tienda Chica Infantil. Eso despertó en mí el interés por el arte y desde la edad de seis años hice mi primer arreglo y a los nueve, recibí el primer curso de elaboración de peluches, recuerda.
Ana María, dedica tiempo completo a su negocio, cuya existencia descansa en el trabajo de mujeres artesanas del barro, textil, madera, cuero, vinos y manualidades. También descubrió su aptitud por la bisutería en piedra, semillas y elementos naturales.
Coronó la carrera de Trabajo Social y aunque no la ejerció, el destino la llevó a servir como misionera del Centro Cristiano de Teoterapia Integral, durante siete años en Costa Rica, país natal de su esposo. Ahí enseñaba a tejer a las mujeres en la cárcel. Luego, se traslada a Nicaragua y trabajó dos años más en ese ministerio, también enseñó a tejer a las madres recién alumbradas del Hospital Vélez Paiz. Poco después mientras visitaba, el asilo de ancianos en Carazo, para darle apoyo moral y humano a los de la tercera edad, se le ocurrió hacer collares de semillas naturales para venderlos y donar ese dinero al asilo.
Asegura que así se inició en la bisutería hace tres años y luego decidió impartir cursos sobre el tema. Otra de sus ideas era vivir en la pasividad de los pueblos blancos pero se radicó en San Marcos y ahora en Jinotepe.