- El síndrome del nido vacío es un choque emocional que repercute normalmente tanto en la madre como en el padre pero que lo viven más intensamente las madres que son amas de casa
Convivencia con los nietos: enseñar a los nietos a atender a los abuelos. Es una buena costumbre que en períodos de vacaciones los nietos visiten la casa de sus abuelos, para que los ayuden en lo que haga falta y para que también los jóvenes aprendan de las experiencias de los mayores. También es importante que en la crianza de los hijos, los padres inculquen valores de respeto, amor, atención, solidaridad y responsabilidad con las personas. Educar a través del ejemplo, cómo debe ser el trato para con las personas de la casa, sus abuelos, tíos, empleados, etc.
Mesadas: es importante dejarles una mensualidad para sus gastos, dedicarles tiempo para llevarlos a pasear y acordarse de todas las fechas importantes como: cumpleaños, Navidad, Año Nuevo, sin olvidar compartir con sus padres todos los logros que tengan.
<No es agobiante
La sicóloga clínica, María Lourdes Ruiz, dice que la partida de los hijos no es un período particularmente agobiante en la vida de las mujeres y como consecuencia, no debe ser una amenaza ante el bienestar físico o sicológico. La amenaza más bien podría estar en tener un hijo que no se llegue a independizar con la normalidad y en el momento que se espera.
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La casa se ha vuelto inmensa, no hay ruido y sobran las habitaciones. Una gran tristeza embarga a los padres que han quedado solos y viven un duelo por la partida de los hijos que han dejado la casa para formar la suya o bien se marchan a otra ciudad u otro país para estudiar. Los sicólogos llaman a esta etapa de la vida humana, el síndrome del nido vacío.
Laura Sánchez tiene 52 años, es oriunda de Masaya y ha criado a cuatro hijos, tres de ellos se han casado y se han ido de casa. Ella expresa que en su casa hay un silencio inhabitual, falta algo, dice.
Según María Lourdes Ruiz, psicóloga clínica y catedrática de la UNAN-Chontales, el síndrome del nido vacío es un choque emocional que repercute normalmente tanto en la madre como en el padre pero que lo viven más intensamente las madres que son amas de casa y que no han trabajado fuera del hogar. Son muchas horas de convivencia y toda una vida que se han construido en torno a los hijos, a sus etapas evolutivas, a sus horarios, a sus necesidades, a sus estados emocionales, a sus éxitos y fracasos.
Ruiz señala que ese sentimiento de vacío de que falta algo, son los hijos que han despegado, han delimitado su nuevo territorio, han levantado el vuelo.
Se han ido poco a poco uno detrás de otro. Primero se fue el mayor Luis Orlando de 24 años, porque se casó y se fue con su esposa para Granada; después Juan José de 20 años que se fue a León a estudiar odontología a principios de este año y hace dos meses se me casó el otro muchacho, Salvador, que tiene 22 años. A este último lo tengo más cerca, vive aquí mismo en Masaya, señala Sánchez.
En la tercera edad
Para la catedrática, cuando los hijos se marchan de casa, casi siempre sucede en la etapa de la tercera edad del individuo, es un período en que las personas sufren cambios emocionales, sicológicos y físicos. Hay cambios hormonales y como resultado de estos cambios, muchas veces se instauran las enfermedades propias de la tercera edad como son el insomnio, dolores musculares, depresión, fatiga y cansancio.
Según la experta, estos malestares se exacerban más aun cuando los padres se sienten solos porque los hijos se fueron de casa ya sea porque formaron su propio hogar, porque se fueron a estudiar o porque se trasladaron a otros lugres por motivos laborales. Los padres se sienten inútiles porque no tienen a quién atender, viven un duelo, el cual es la ausencia de algo, algo que se ha perdido como es la compañía de sus seres amados.
En otros casos, las mujeres que lo sufren no están plenamente conscientes de lo que les pasa y pueden presentar condiciones como una depresión fuertemente enmascarada y se sienten enfermas de todo y consultan al médico por dolencias físicas.
Replantear el matrimonio
Para Laura Sánchez esta nueva etapa de su vida es como volver a empezar, ahora mi marido y yo estamos como al principio de nuestro matrimonio, prácticamente solos. Únicamente nos queda nuestra hija menor, Marizta que tiene 18 años, pero que sabemos que también se irá.
Sánchez señala que ha pensado en rentar los cuartos que le han quedado vacíos a jóvenes solteros que trabajen o estudien. De esa forma no me sentiré sola y tendremos una entrada extra de dinero. También retomaré el tejido y bordado que son cosas que me gustan y las he dejado abandonadas desde hace mucho tiempo. Podré hacer manteles, suéteres, tapetes para regalar o si es posible también los venderé.
La sicóloga señala que en esa etapa de nido vacío o período de contracción, la familia se reduce y los padres vuelven a quedar solos, como hace ya muchos años pero envueltos en una relación diferente porque ni las experiencias vividas ni el tiempo pasan en balde.
Si el matrimonio es unido, tiene la oportunidad de unirse aun más, tratar de planificar su vida juntos. Es importante haber ahorrado dinero para la vejez y poder emprender nuevas actividades, dijo la especialista.
La experta aconseja que ahora que están solos es importante que se aproveche el tiempo en actividades recreativas como salir a caminar, tomarse un café, visitar a los amigos, integrarse a grupos de trabajo voluntarios como visitar enfermos, asistir a una iglesia e integrarse a grupos de amistad, atenderse mutuamente, escoger un buen libro para leerlo en pareja, asistir a clubes de la tercera edad y si no hay asociaciones de ese tipo, las pueden conformar.
Los hijos también sufren
En esta historia del nido vacío tanto los padres como los hijos viven y sienten la separación, el cambio. En este sentido es importante establecer en la crianza de ellos la independencia para que llegado ese momento asuman sin traumas sus nuevas responsabilidades.
Las dos partes viven el duelo. Es un acomodamiento de las dos partes y deben de ayudarse y unir esfuerzos para adaptarse a la nueva situación. Lo sano es poder enfrentar una nueva vida, pero cuando hay mucha dependencia y se ha criado a los hijos temerosos a la vida, hay más problemas de adaptación.