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Cuando se vive el síndrome del nido vacío es un momento propicio para que los padres hagan una reevaluación de su matrimonio, llenen el nido con otras actividades y desarrollen una relación distinta, de adulto a adulto, entre ellos y también con los ex niños que se han ido de casa.
Hay que reconocer los aspectos positivos de lo que acaba de concluir y de la etapa que se abre para los hijos. Hay que darse cuenta de que somos personas individuales, enseñar a los hijos desde pequeños la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo. Capacidad de tomar decisiones. Cuando los padres han trabajado sobre eso, ambas partes enfrentaran de mejor manera esa nueva etapa de la vida.
No estoy diciendo que la partida de un hijo no dolerá, ni hará falta pero sí, cuando se han criado con ciertos valores, se asumirá de mejor manera el nido vacío. Este síndrome se vive más en Latinoamérica donde lo padres tenemos esa pegazón por los hijos y no dejamos que sean independientes. Hay madres que han construido la casa de sus hijos dentro de sus propias casas y los están controlando en todo: qué cocinaron, cómo se cuidan los niños y se vuelve una situación insana.
Otra manifestación negativa del síndrome del nido vacío es la somatización. Ante la ausencia de los hijos hay padres de familia que sienten dolores de todo tipo y empiezan con el chantaje y son capaces de atrapar al hijo o a la hija para que no se vaya. Eso no es correcto, los padres deben respetar la independencia de los hijos.
En cambio, quien está consciente de esta partida tiene confianza de que su hijo estará bien y que va preparado para esa nueva etapa de la vida.
La confianza en el hijo o la hija dará a los padres tranquilidad y vivirá su vida en reposo y también dejará vivir a los hijos. Cuando se tiene una terapia de alimentar la idea de que los hijos no son de uno, no son apéndice de los padres sino que son individuos autónomos, todo estará mejor.
Una respuesta positiva ante este síndrome es cuando los padres se llenan de alegría sabiendo que los hijos han tenido una oportunidad de irse, si es que se casó, se fue a estudiar o a trabajar.
Las dos partes sufren cuando se sufre y las dos partes viven bien cuando se ha trabajo sobre esto desde que los niños son pequeños y se preparan hijos independientes, con valores morales.
Los padres deben proporcionar a sus hijos las herramientas necesarias para ser independientes. Cuando los hijos se marchan deben llevar la valentía de los padres, el mimetismo de poderse adaptar rápidamente a las situaciones y hacerle frente a cualquier cosa que se venga.