Un hombre limpia los alrededores de la estatua del Ché Guevara, frente a su bar en La Higuera, Bolivia, a la espera de turistas. Este año se conmemora el 40 aniversario de la muerte del guerrillero. (LA PRENSA/AP )

Maestra relata los últimos minutos del Ché

Quería saber si sus captores lo iban a matar La maestra boliviana que dio al guerrillero Ernesto “Che” Guevara su última comida el 9 de octubre de 1967, Julia Cortez, declaró ayer a EFE que él coqueteó con ella y le pidió espiar si iba a ser asesinado por el Ejército, como ocurrió minutos después. […]

  • Quería saber si sus captores lo iban a matar

La maestra boliviana que dio al guerrillero Ernesto “Che” Guevara su última comida el 9 de octubre de 1967, Julia Cortez, declaró ayer a EFE que él coqueteó con ella y le pidió espiar si iba a ser asesinado por el Ejército, como ocurrió minutos después.

Cortez, que tenía entonces 19 años y era profesora de la escuela de La Higuera, caserío situado a unos 840 kilómetros al sureste de La Paz, es ahora protagonista en la conmemoración del 40 aniversario de la muerte del Ché.

INCERTIDUMBRE EN PENUMBRAS

“Él me pidió eso. Que yo inmediatamente lograra averiguar algo. Quería que yo fuera su espía, pero no había nadie, solamente los guardias”, relató Cortez.

Un día antes, el 8, militares bolivianos capturaron a Guevara en la quebrada el Churo y lo llevaron a La Higuera, mientras las emisoras de radio reproducían la versión del Ejército de que había muerto en combate en la selva.

“Yo fui a verlo y, justamente, él estaba vivo. Estaba sentado al lado izquierdo de la pieza, detrás de la puerta, alumbrándose con una vela”, recordó Cortez con emotividad, aunque ha contado cientos de veces la misma historia.

YA ERA UN MITO ANTES DE MORIR

Explicó que ella, por ser muy joven, sintió curiosidad por ver a aquel rebelde de quien se decía “que era un hombre cubierto con una coraza, con un casco, y que era imposible que muera”, y también que era jefe de un grupo de guerrilleros que “asaltaban, violaban y hacían estragos”.

“Pude entrar a verlo y no era nada de lo que se dijo”, agregó la maestra, que pudo ver al Ché con ayuda de un teniente de apellido Huerta, uno de los que custodiaban aquella escuela donde ella impartía clases.

“Su vestimenta no tenía nada. Era un hombre sin ninguna protección. Estaba arruinado. Su ropa y todo su aspecto, sumamente deteriorados, mal en todo sentido”, agregó.

Pero también vio “un hombre sumamente simpático, muy atractivo”, con “facciones perfectas”.

LE CORRIGIÓ ERROR ORTOGRÁFICO

Según Cortez, el Ché la llamó porque quería hablar con ella y, además, corregirle un error ortográfico que detectó en la pizarra del aula, donde la palabra “Ángulos” estaba escrita sin acento sobre la mayúscula.

Luego tuvo palabras elogiosas para ella, en una suerte de coqueteo, y le comentó que cuatro oficiales le habían preguntado poco antes cuál era su último deseo, por lo que pidió a la maestra tratar de averiguar qué iba a sucederle.

LA ÚLTIMA COMIDA

También le pidió un plato de comida, que finalmente fue una sopa de maní.

Sin averiguar nada de lo que quería saber al rebelde, Cortez se retiró del lugar y poco después escuchó disparos en la escuela.

La maestra, que cree que ella retrasó con su visita el asesinato, tiene en su domicilio fotografías del Ché y les prende velas como si fuera un Santo.

EXTREMAUNCIÓN PÓSTUMA

También tiene una foto del sacerdote suizo Roger Shaller, que dio la extremaunción a Guevara ya muerto, según Cortez.

De acuerdo con la versión más extendida, aunque algunos la ponen en duda, el guerrillero fue ametrallado por el suboficial boliviano Mario Terán.

Sus restos permanecieron ocultos durante treinta años bajo una pista aérea de Vallegrande, donde ahora hay un monumento en su memoria, muy visitado en estos días por decenas de “guevaristas” venidos de varios países.

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