- La figura humana es recurrente en la pintura de Ramiro Lacayo Deshón que expone su muestra Figuras, en Galería Códice, a las siete de la noche el próximo jueves
Cennino Cennini, al principio de su obra El Libro del Arte, afirma que para pintar conviene tener fantasía y habilidad manual y, asimismo, encontrar las cosas ocultas que se esconden a la sombra de la realidad. No en vano se ha mencionado que las tres fases o etapas que definen el trabajo del artista son imitatio, electio y cognitio. Por imitatio, es decir, imitación lo que los griegos llamaban mímesis el pintor reproduce su entorno con fidelidad; la segunda etapa, electio, observa la naturaleza y elige lo que desea representar aplicando conocimientos teóricos o haciendo uso de su propia creatividad; y la tercera fase, cognitio, además de observar y seleccionar, busca la relación causal entre la naturaleza y sus propias reflexiones. En consecuencia, el artista interpreta y estudia el mundo que le rodea porque el arte, llámese dibujo, pintura, escultura, instalación, fotografía o vídeo, es un proceso creativo en el que la imaginación y la fantasía transforman la realidad en una creación propia.
La obra pictórica de Ramiro Lacayo Deshón no muestra una reproducción fiel de la realidad pues no imita la naturaleza sino que la estudia y reinterpreta de manera que las formas y figuras se convierten en imágenes que forman parte tanto de su mundo privado como del patrimonio cultural universal o el de la cultura nicaragüense en particular. Por esta razón, ante la ausencia de elementos referenciales específicos, los títulos de las obras actúan como un enlace obligado entre la imagen visual y la palabra, de manera que el espectador pueda descodificar significados. Ramiro Lacayo, en su reinvención estética, no se ha desvinculado de lo cotidiano y en su obra conviven elementos inmediatos y locales, la religiosidad popular, el mito y la fábula, junto con la reinterpretación de símbolos y arquetipos. La experiencia estética cotidiana es el punto de partida para sus escenas de género y aparece visualizada en Familia de Salseros, Hombres en Galleras, Discusión y Pareja en el Parque, presentando actividades que forman parte del entorno social, de donde surge, según Gillo Dorfles, el inmenso bagaje de producciones y percepciones cromáticas, acústicas plásticas y poéticas, que rodean al hombre en su vida diaria. Todo ese bagaje de percepciones ha quedado fijado en la memoria del artista para ser transformado en una serie de imágenes visuales, fuertemente texturadas, que narran prácticas culturales, problemáticas, costumbres y comportamientos comunes.
La religiosidad popular está presente en dos obras relacionadas con la Traída y Bajada del Santo, ambas en estrecha relación con las Fiestas Patronales de Managua, en honor a Santo Domingo de Guzmán, celebradas todos los años durante los días primero y diez de agosto. El traslado de la imagen desde las Sierritas de Managua a la Iglesia de Santo Domingo, situada en el antiguo casco urbano, va acompañado por miles de personas devotas, promesantes y chicheros. Sin embargo, la algarabía propia de estas fiestas no ha sido representada de manera realista sino mediante un juego de pinceladas que traducen un rítmico movimiento de formas y colores, donde los detalles han sido omitidos a favor de un brillante expresionismo. Los títulos, en este sentido, actúan como un obligado enlace semántico entre la palabra y la imagen, uniendo el elemento visual con el verbal.
Dentro de su variada temática, la mitología del mundo clásico grecorromano ha sido reformulada para presentar un discurso narrativo diferente. Tanto el Juicio de París como las Bacantes y las Tres Mujeres en Azul forman parte de la fantasía y la recreación, apartadas del concepto tradicional de mímesis. En el Juicio de París, sólo las figuras de Hera, Palas Atenea y Afrodita sin la presencia de Ares ni la del joven troyano hacen alusión a la difícil elección de la mujer más bella. Nuevamente, el lenguaje visual traduce, por medio del color, las texturas, las líneas y las formas en movimiento, el frenesí de las bacantes en su danza en honor a Baco o el concepto de armonía y belleza de las Tres Gracias convertidas en mujeres de azul. La reinterpretación de símbolos y arquetipos continúa evidenciándose en Las Meninas, centrando la composición pictórica en quienes pudieran ser la infanta Margarita y sus dos damas de compañía, Isabel Velasco y Agustina Sarmiento. Sin embargo, las tres figuras que en el cuadro de Velázquez forman parte del primer plano, han sido visualizadas lejos del entorno cortesano, para escenificar una realidad diferente generando nuevas lecturas y significados.
Dentro del repertorio temático y narrativo, Ramiro Lacayo continúa haciendo uso de la figura humana, Mujer Sentada, Mujer Peinándose, Hombre, Grupo de Hombres, Jinetes y Maniquíes Humanizados. Todas estas figuras conforman una serie de personajes sin rostro concreto que sirven de pretexto para comunicar percepciones cromáticas y sensoriales, para transmitir mensajes o para ejercitar la vista y la mente. Nuevamente, la relación entre los títulos de las obras y las imágenes visuales se puede considerar como parte de todo un proceso narrativo donde la representación conlleva la comprensión y la participación activa del espectador.
Si para Jean-François Lyotard, la pintura muestra el mundo en su hacerse y muestra cómo con la ayuda del ojo pueden surgir los objetos, también es una ventana por la que podemos penetrar en el mundo del artista y su imaginario pictórico para establecer una relación causal entre lo visto y lo representado.
Notas. Gillo Dorfles. Elogio de la Desarmonía. En: Símbolo, Comunicación y Consumo. Editorial Lumen. Barcelona, 1984.
Jean-François Lyotard. Discurso y Figura. Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 1989.