Un obrero de una textilera en San Rafael de Poás muestra su apoyo a la ratificación del DR-Cafta. El sector textil podría verse afectado si no se aprueba el acuerdo comercial. 14 mil empleos podrían perderse y las empresas podrían emigrar a países vecinos. (LA PRENSA/AP/K. GILBERT)

Se acerca la hora de la verdad del DR-Cafta tico

Costa Rica decidirá mañana su ratificación o su rechazo [doap_box title=»Los argumentos del “No”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La oposición en Costa Rica al Tratado de Libre Comercio (DR-Cafta), que aglutina a diversos sectores sociales, sindicales y políticos, confía en ganar el referendo del próximo domingo para combatir las políticas “neoliberales” en una lucha que califican como […]

  • Costa Rica decidirá mañana su ratificación o su rechazo
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La oposición en Costa Rica al Tratado de Libre Comercio (DR-Cafta), que aglutina a diversos sectores sociales, sindicales y políticos, confía en ganar el referendo del próximo domingo para combatir las políticas “neoliberales” en una lucha que califican como “histórica”.

El principal líder del Movimiento Patriótico No al DR-Cafta, Eugenio Trejos, declaró en una conferencia con agencias de noticias que “Costa Rica le va a decir no a un tratado que pone en clara desventaja a nuestro país con su principal socio comercial”.

Entre las principales críticas de los opositores se destaca que los agricultores costarricenses no podrán competir con los subsidios agrícolas de Estados Unidos, así como la posibilidad de que los inversionistas acudan a arbitrajes internacionales contra el Estado.

También se oponen, entre otras cosas, a la apertura de los monopolios estatales de servicios, como seguros y telecomunicaciones, incluida en el tratado.

“Este TLC reduce las posibilidades de que nuestro país establezca su propia estrategia de desarrollo y preserve sus particulares diferencias históricas como un país que respeta los derechos humanos, el ambiente y propicia la equidad social”, afirmó Trejos.

El dirigente criticó que el DR-Cafta firmado por Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, es parte de las políticas “neoliberales” que el país ha enfrentado durante los últimos 20 años, que se basan en el comercio sin sentido social.

Para Trejos, el DR-Cafta “atiende más la estrategia norteamericana que la estrategia nacional, favorece los intereses estadounidenses y reduce márgenes de maniobra de economías pequeñas y abiertas como la nuestra”.

Sobre el resultado del referendo, Trejos se mostró seguro de una victoria del “No”, lo que marcará “un antes y un después” en la historia de Costa Rica.

Incluso si el “Sí” pasa, la “lucha”, entonces, se enfocará en impedir que la Asamblea Legislativa apruebe un paquete de 13 leyes, llamado agenda de implementación, que son necesarias para que el acuerdo entre en vigencia. Algunas de estas leyes, como la apertura de los monopolios estatales de telecomunicaciones y seguros, son “inaceptables” y una “traición a la patria”, por lo que las combatirán “con todos los mecanismos pacíficos habidos y por haber”, explicó Trejos.

De ganar el “No”, los opositores esperan que el Gobierno busque una renegociación del tratado dirigido hacia “el comercio justo” y afirman que el país seguirá exportando sin problemas a través de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), que otorga preferencias arancelarias al país.

Sin embargo, el Gobierno de Estados Unidos, por medio de su representante de Comercio, Susan Shwab, anunció que no es posible renegociar o negociar un nuevo tratado con Costa Rica si el TLC es rechazado en el referendo, y que no aseguran las preferencias que otorga el ICC.

Esta advertencia fue minimizada por el “No”, ya que, aseguraron, esas decisiones son del Senado y el Congreso norteamericano, no del Gobierno.

Un peligro

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SAN JOSÉ/ACAN-EFE

“Sin TLC es difícil pensar que sigan llegando las empresas transnacionales a generar empleos de calidad. ¡Qué grave, para un país como Costa Rica, donde el 75 por ciento de la población tiene menos de 40 años, atarse por razones ideológicas a un modelo viejo”, manifestó Rónald Jiménez, líder empresarial del sector tecnológico.

Costa Rica se prepara para decidir en una consulta popular la ratificación de su Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (DR-Cafta), una fórmula inédita en Latinoamérica y que, según las últimas encuestas, favorecería a los que apoyan el “No”.

Mañana domingo 7 de octubre, los costarricenses decidirán el futuro de la relación comercial con su principal socio comercial, destino del 43 por ciento de las exportaciones y origen de más del 50 por ciento de las importaciones e inversión extranjera directa.

Lo que parecía un trato hecho en el 2004, cuando se firmó el DR-Cafta junto a los otros países de Centroamérica y República Dominicana, se ha convertido en el tema más polémico de los últimos años en un país reconocido por su paz social, que enfrenta ahora una profunda polarización.

La discusión sobre la ratificación del tratado comercial ha ido más allá de un debate limitado a las condiciones de ingreso a un mercado, para transformarse en una decisión sobre el modelo de desarrollo que debe seguir el país.

Los opositores, según la última encuesta, cuentan con el apoyo del 55 por ciento de la población, 12 por ciento más que el grupo favorable al acuerdo, han afirmado que este referendo es la oportunidad de combatir “las políticas neoliberales” de los últimos años.

Por su parte, quienes respaldan el “Sí”, encabezados por el presidente Oscar Arias y los sectores empresariales, aseguran que el acuerdo comercial es el único camino para que el país continúe su crecimiento económico, los empleos, inversión y desarrollo.

El bando del “No”, que aglutina a sectores sociales, sindicatos y estudiantes, sostiene que el tratado fue “mal negociado” pues deja a Costa Rica en una situación de franca desventaja frente a los productores estadounidenses, y además, “atenta” contra el Estado “social y solidario” actual.

Arias ha calificado como “dinosaurios del pasado” a los monopolios del Estado, pero ha explicado que el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y el Instituto Nacional de Seguros (INS), no desaparecerán con la apertura, pues el mercado será regulado para garantizar la universalidad y solidaridad de los servicios ahora públicos.

ARGUMENTOS DEL “SÍ”

El tratado ofrece a Costa Rica más empleo, inversión y desarrollo, según afirman el Gobierno y el sector empresarial.

El “caballo de batalla” de la campaña del “Sí” al TLC ha sido precisamente la generación de nuevos empleos de calidad en el país centroamericano como consecuencia directa del crecimiento económico que traería el tratado.

Además, han lanzado fuertes advertencias acerca del riesgo de perder puestos de trabajo e inversión por la fuga de capitales en caso de que el acuerdo sea rechazado en la consulta popular, la primera que se celebra en el país.

Las cámaras empresariales han enfatizado que más de 800,000 empleos dependen directamente de las exportaciones, cuyo principal mercado es precisamente EE.UU., y que para no ponerlos en peligro, es necesario contar con la seguridad jurídica que garantiza el DR-Cafta.

Y ambos bandos, del “Sí” y el “No”, han reconocido el grave riesgo en que se encuentran 14,000 trabajadores del sector textil, pues las condiciones preferenciales de ingreso de estos productos al mercado estadounidense terminan el próximo año.

En el 2000, el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), impulsó un proyecto de ley para abrir el mercado de las telecomunicaciones, que ya enfrentó una férrea resistencia en las calles durante semanas y consiguió el retiro definitivo de la iniciativa.

El tratado ha polarizado tanto al país que el movimiento del “No” ya tenía planeadas manifestaciones callejeras de “consecuencias incalculables” antes de que el Tribunal Supremo de Elecciones avalara la realización de la consulta popular.

El Tribunal vio en el referendo una forma de apaciguar los ánimos.

El referendo, dijo el TSE, es “un elemento neutralizador de la descomposición política y social que el país padece” y reveló que antes de ser convocado “íbamos camino seguro a una confrontación de incalculables consecuencias”.

Según el dirigente, la consulta popular es la “única herramienta” para impedir esa confrontación.

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