- Las flores pierden su color, los días lucen grises, nos sentimos morir. Todas lo reconozcamos o no hemos sufrido una depresión cuando una relación de pareja, noviazgo o enamoramiento se acaba. Hoy los expertos comparten con Nosotras sus consejos para vencer la cabanga
El tiempo no cura todo
Dicen que el tiempo cura todo, pero cien años…
Según las expertas consultadas por Nosotras, existe la falsa creencia de que el tiempo lo cura todo. La sicóloga Sonia Duquestrada anota que ante una depresión amorosa, la persona afectada no puede cruzarse de brazos. Revela que la actitud correcta no es preguntarse sólo ¿por qué se acabó esa relación? Sino también: ¿cómo hago yo para superar este momento?
La sicóloga Ledia Gutiérrez celebra el cambiar de imagen, viajar, proponerse una meta y encontrar nuevos intereses. Sin embargo, también opina que el sufrimiento no puede pasarse por alto ni pueden forzarse las etapas. Es decir, hay que darle tiempo al tiempo, aunque cien años no basten ni tampoco se pueda sufrir toda la vida.
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Ese día llega: un momento los pajarillos nos cantan desde sus nidos, el sol brilla y la vida es hermosa, pero cuando menos lo esperamos más bien divisamos cuervos, el cielo llora y todo es gris, cuando una relación amorosa se acaba el mundo se voltea patas arriba y luego se nos viene encima.
De remate, la nostalgia nos invita a encender el radio, sintonizamos y nos encontramos a Amanda Miguel cantando con un nudo en la garganta: Él me mintió, él me dijo que me amaba y no era verdad… y a nosotras también se nos enrolla el llanto.
¿Por qué duele tanto? ¿Por qué ya no me quiere? ¿Por qué me dejó? ¿Por qué? ¿Por qué? Y ¿por qué? Sólo tenemos preguntas y no escuchamos alguna respuesta, ninguna que nos consuele.
La cabanga, como se le llama popularmente a la depresión amorosa, es un estado emocional muy negativo porque hay un sentimiento de dolor asociado a la pérdida o ausencia de una persona que significa algo importante en nuestras vidas, asegura la sicóloga Ledia Gutiérrez.
Lo dejé todo por él y él me dejó a mí
Wendy, de 20 años, recuerda: Cuando tenía 17 años me enamoré perdidamente de un muchacho. Yo acababa de graduarme del colegio e ingresé a la universidad para estudiar Derecho, pero era tal mi enamoramiento que abandoné mi carrera para estar con él y me dejó al mes siguiente. Me dijo que yo no lo merecía, que él era mucho para mí, que me faltaba carácter y que esto y lo otro.
Gutiérrez, experta en el tratamiento de relaciones de pareja y temas familiares, apunta que el enamoramiento es un embrujo y se hacen locuras, pero aunque se esté muy enamorado hay que manejar las emociones, usar la razón y la cordura porque si no se lamenta más. No se pueden abandonar las metas como los estudios, menos dejar la casa y hasta los hijos porque son errores difíciles de reparar, subraya.
Llevó tres años sin él y he pensado en morir
La cabanga que vive actualmente Clarisa, de 28 años, es la peor que ha enfrentado en toda su vida.
Llevo tres años sin novio y actualmente sigo deprimida hasta con pensamientos suicidas. Sí. He llegado a pensar en matarme y frecuentemente tengo ganas de morirme. Todo lo que pienso es sobre él y el dolor que todavía me provoca que me haya dejado. Tengo amigas que me dicen que ellas no sufren tanto, pero a mí me tocó así, cuenta Clarisa.
La sicóloga Sonia Duquestrada, Máster en Sicoterapia, valora que la intensidad de una cabanga depende en gran medida de la personalidad de quien se enfrenta a ese estado. El nivel de autoestima, la fortaleza e independencia con que se cuenta, los lazos afectivos que se cultivan desde pequeño, la inteligencia emocional que se posee y el manejo de la relación inciden en la intensidad con que se enfrenta la ruptura de una relación, detalla la especialista.
Gutiérrez y Duquestrada coinciden en que no hay un plazo definido para superar esta depresión amorosa. Puede ser de unos cuantos días o varios meses.
Sin embargo, ambas estiman que una depresión de tres a seis meses es el tiempo ideal para superar el estado, de lo contrario habría que recurrir a la atención profesional.
La sensación de morir es una, pero los deseos de morirse y los pensamientos e intenciones de suicidarse son muy peligrosos, igual que los deseos de venganza y las pretensiones de asesinato, indica Gutiérrez.
Encontró a otra mujer y quería estar con las dos
Estela, de 24 años, enfrentó su peor cabanga por infidelidad.
Llevaba con él como dos años y un día me llamó para decirme que estaba con otra mujer, pero que no quería pelearse conmigo, o sea, quería estar con las dos. Yo no volví a hablarle desde esa llamada, pero me dolió terriblemente, ahora lo he superado, pero a veces me acuerdo de él y deseo que él me vuelva a querer porque aún me siento vacía, aunque su infidelidad me destruyó, comparte Estela.
Duquestrada afirma que la sensación de vacío es normal, tras la ruptura de una relación e indica que ese dolor debe vivirse.
Uno puede tener vacíos afectivos y la persona con quien se estaba quizá llenaba de alguna manera ese vacío y perderla resulta muy doloroso porque uno siente que perdió una parte de sí mismo, que ya no está completo y hay que llorar, pero no cerrarse a nuevos estímulos, explica.
Quiero un novio, pero nadie me quiere a mí
Paula, de 27 años, cree que ya ha superado su depresión luego de terminar con quien consideró el amor de su vida. Dice que sólo sufrió cuatro meses, pero año y medio después confiesa: Estoy convencida de que solamente con otra persona a mi lado me sentiré bien, pero siempre estoy comparando a los nuevos pretendientes con él y los alejo de una u otra manera.
Gutiérrez advierte que es un error creer eso de que un clavo saca otro clavo porque las relaciones por despecho sólo lastiman más. Por eso hay que asimilar y superar la pérdida para dar el siguiente paso.
Incluso, agrega, se puede pedir perdón por lo errores cometidos o buscar un reencuentro, pero siempre hay que tener autoestima y dignidad y analizar con cuidado si vale la pena insistir con esa persona.