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Mientras una mujer se entrega más en una relación, mucho más intenso es el sufrimiento cuando esta se acaba, porque entonces no sólo se lamenta por el abandono, ausencia o rechazo de esa persona querida, sino también por todo lo que ella entregó.
Generalmente este sufrimiento es mayor tras el final de una relación de pareja cuando hay relaciones sexuales de por medio, cuando se apresura un noviazgo o se acepta una relación al poco tiempo, sin cariño y por insistencia ajena.
Ocurre que conoce a un hombre y en tres meses o menos se inicia una relación sexual, porque la mujer tiende a corresponder la perseverancia del hombre, que en ese momento actúa amable, es atento y cariñoso, es lo máximo.
Entonces la mujer que está necesitada de atención, que llega a su casa y se siente sola y vacía, se deja llevar por las emociones. Y todas las relaciones que se inician sólo por la emociones tienen un desenlace frustrante.
Porque sucede que el hombre fácilmente pierde las expectativas pues, a diferencia de la mujer, él no anda buscando en cada relación a su mujer ideal.
La verdad es que la mayoría de hombres siempre andan enamorando a varias mujeres y son persistentes con todas. Andan en busca de sexo y ese es su objetivo cuando le gusta una mujer, no busca una relación formal, sino salir adelante con sus ideas impuestas por una sociedad machista.
Ahora bien, si hay relaciones que surgen de manera espontánea: me gustaste, nos gustamos, pero generalmente esas relaciones no son frustrantes, sino sólo aquellas en las que el hombre es el insistente, que busca saciar sus objetivos sexuales con la mujer y cuando los logra comienza a ser menos amable, menos atento.
La mujer se encuentra en una escena donde reclama el cambio de actitud de ese hombre, quien en lugar de escuchar y comprender le responde: Mirá mujer, yo soy así, me tenés que aceptar como yo soy.
¿Y qué quiere decir con eso el hombre? Que él no está dispuesto a formalizar relaciones y que tampoco irá más allá de una relación sexual que consiguió. Mientras que la mujer se ha dejado llevar por las emociones, se ha creado expectativas falsas y acaba perdiendo, cuando comprende que ese hombre no corresponde a sus necesidades de amor y atención que estaba buscando.
Por eso la mujer no debe pensar con el corazón, sino con la cabeza y aceptar una relación porque quiere hacerlo y no sólo por agradar.