Paraíso de Acrobacias, uno de los actos que se presenció durante el espectáculo de Acrobacias Taiwanesas. (LA PRENSA/B. PICADO)

Noche de acrobacias

Al mejor estilo de un circo, Taiwán cautivó al público que abarrotó la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío el pasado jueves, en la presentación del espectáculo Acrobacias Taiwanesas, que durante su gira ha recorrido nueve países en Centro y Sudamérica. Durante el espectáculo, que duró un poco más de dos horas, los artistas […]

Al mejor estilo de un circo, Taiwán cautivó al público que abarrotó la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío el pasado jueves, en la presentación del espectáculo Acrobacias Taiwanesas, que durante su gira ha recorrido nueve países en Centro y Sudamérica.

Durante el espectáculo, que duró un poco más de dos horas, los artistas realizaron actos de danza, magia, acrobacias y contorsiones acompañados de sonidos que evocaban cascadas y caídas de agua, además de relajante música instrumental que mezclada con los movimientos y colores de vestuario lograban un encantamiento particular.

Los primeros en aparecer en el escenario fueron los acróbatas, quienes demostraron la agilidad y sincronización de sus cuerpos traspasando aros al compás de la música.

PARTICIPACIÓN DEL PÚBLICO

El espectáculo no se limitó a la participación de los artistas; el mago utilizó como asistente a una persona del público, ridiculizándolo con sus trucos y haciendo reír al resto del público.

Un malabarista, que rebotaba ocho pelotas con sus manos y hacía volar la misma cantidad de aros, de manera que todos cayeran sobre cu cabeza, impresionó al mantener, con una varita que sostenía en su boca, un balón que fue lanzado desde el primer balcón.

Uno de los momentos más emotivos y coloridos fue la Danza del Fénix con las flores, donde media docena de doncellas hacían girar platos mientras dos personajes recreaban, sin necesidad de palabras, una historia de amor.

Sin lugar a dudas, se respiró tensión en el público cuando un acróbata realizaba piruetas en una torre formada por siete sillas, que eran sostenidas por cuatro botellas de champán y cuya altura sobrepasaba el segundo balcón.

A esto le siguió un acto de yoyos que rebotaban de una bailarina a otra y finalmente el Paraíso de Acrobacias, donde los artistas formaban con sus cuerpos diversas figuras, que mezcladas con el movimiento y el colorido formaron una impresionante presentación, que arrancó aplausos en el público durante toda la noche.

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