El viento sopla hacia África

[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Latinoamérica, la zona con el ingreso más desigual del mundo, simplemente no aparece en la gran pantalla del sistema internacional de ayuda al desarrollo. [/doap_box] Este año, como en los anteriores, la Cumbre del G8 en Heiligendamm, Alemania, el club de los más ricos y poderosos debatió sobre la economía y […]

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Latinoamérica, la zona con el ingreso más desigual del mundo, simplemente no aparece en la gran pantalla del sistema internacional de ayuda al desarrollo.

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Este año, como en los anteriores, la Cumbre del G8 en Heiligendamm, Alemania, el club de los más ricos y poderosos debatió sobre la economía y el comercio mundiales, entre otros temas, y, en cuanto a la cooperación para el desarrollo, produjo una declaración especial de 22 páginas.

Ese importante documento se concentra en una sola región del mundo: África.

América Latina, la zona con el ingreso más desigual de todo el planeta, simplemente no aparece en la gran pantalla del sistema internacional de ayuda al desarrollo. Desde luego, eso no quiere decir que no la haya, pero categóricamente no somos una prioridad.

Echando un vistazo a los trabajos del exclusivo club en las últimas cumbres , se da uno cuenta que, en cuanto a desarrollo, hay un sólo tema real. “It´s Africa, stupid”, diríamos recordando aquel “It´s the economy, stupid” de la campaña de Bill Clinton de 1992.

El ex primer ministro británico, Tony Blair, hizo del alivio de la deuda africana un punto clave cuando Gran Bretaña fue la sede de la cumbre del G8 en el 2005.

Y no solamente son los gobiernos o grupos de poder económico mundiales —a los cuales más bien les interesa potenciar oportunidades para aprovechar las inmensas riqueza africanas; sería una ingenuidad no leer esto entre la montaña de buenas intenciones—. En las ONG, en las sociedades desarrolladas y en el mundo del showbusiness, surgió y crece la convicción de que debe darse todo para sacar al continente negro del profundo atraso. ¿Recuerdan los conciertos Live 8 promovidos por artistas como Bono, la estrella de U2, o Peter Gabriel ?

“África es un continente mágico, extraordinario, y tenemos que estar describiéndolo como una oportunidad, no una carga”, sostiene Bono.

Es justo. Sí. África es la región más pobre del mundo y con los peores indicadores de desarrollo humano. Más de la mitad de los enfermos de sida o portadores del VIH están allá. En cuanto a desarrollo político, institucional y gobernabilidad, el trabajo entero está por hacerse en muchos países sumergidos en guerras civiles y odios tribales.

No se puede obviar además que la mayor parte de la migración ilegal hacia Europa es africana.

Excepto por países como Nicaragua, Honduras, Haití y Bolivia, muchas naciones de América Latina están en la lista de Estados de desarrollo humano medio, como Chile, Argentina, México o Costa Rica.

A las cumbres del G8 son incluso invitados los presidentes de las grandes economías emergentes como China, India, Brasil y México. En las declaraciones sobre comercio, medio ambiente e inversiones están entre los firmantes.

Aunque no pertenezcan al grupo, otras naciones ricas, importantes cooperantes ellas mismas, toman nota y se insertan en esta tendencia.

En este contexto debe verse la decisión de Suecia de sacar a Nicaragua de la lista de beneficiarios de su ayuda, después de más de 20 años.

Un cierto trasfondo político no es descartable. En los últimos tiempos la embajadora sueca Eva Zetterberg ha estado entre las voces más firmes que reclaman por transparencia, rendición de cuentas y respeto al Estado de Derecho.

En los corredores de la Cancillería, pese a las declaraciones oficiales, existe cierta percepción de que la decisión sueca es un gesto de inconformidad con el gobierno sandinista.

Pero otras razones son valederas. El país escandinavo tiene todo el derecho a reorientar su cooperación para enfrentar el desafío de la pobreza africana y la obligación de aportar a los fondos estructurales para los miembros de la Unión Europea, menos ricos, de la Europa del Este.

Recibiendo unos US$500 millones al año, Nicaragua no podría funcionar sin la cooperación internacional. Pero el campanazo sueco nos recuerda que no podrá ser así toda la vida.

En relación con algunos sectores de la cooperación, este Gobierno aún no define sus prioridades y parece preocuparse antes que nada por Venezuela o Irán.

Están surgiendo dudas entre los donantes del Grupo de Apoyo Presupuestario. “Nos estamos haciendo la pregunta de cuán transparente puede ser este gobierno”, me comentó un diplomático.

Por ahora, la mayor parte de la cooperación internacional sigue. ¿Por cuánto tiempo? Nadie tiene la respuesta.

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