El conflicto es uno de los fenómenos menos entendidos cuando se trata de relaciones interpersonales.
Al igual que en el mundo de los negocios, se creía que este era inherentemente malo y que había que evitarlo a toda costa; sin embargo, esto ha cambiado y actualmente, el conflicto se ve con otros ojos, como una oportunidad.
Este enfoque compartido por la comunicación en las relaciones humanas, nos dice que uno debe ser realista y pensar que en una relación, la paz se combinará inevitablemente con el conflicto.
En el caso de las relaciones de pareja, los estudios indican que la paz absoluta no existe y que irremediablemente se alternan periodos en los que nos pelaremos los dientes. Lo importante aquí, al igual que en el mundo de los negocios, es cómo abordamos las crisis, todas manifestadas a través de la forma en que nos comunicamos, y en el contenido del mensaje que entregamos cuando estamos enfrascados en una situación de pelea.
Los conflictos en nuestras relaciones, abordados con madurez y respeto dependen de cómo son administrados. De nuestras bocas dependerá muchas veces el resultado. Si para nosotros el conflicto es malo, lo veremos como una guerra en donde uno gana y el otro debe necesariamente perder. Si lo vemos más bien como una oportunidad, el resultado entonces será el de una danza en donde ambos bailamos al unísono.
Un principio clave al pelear es no usar una comunicación evaluativa. Cuando evaluamos al otro, le ponemos etiquetas y hacemos que la otra persona reaccione poniéndose a la defensiva. Si yo le digo a alguien que siempre llega tarde, lo siguiente: Eres un irresponsable porque siempre me haces esperar, lo estoy calificando y promoviendo de inmediato un contraataque.
Si, además, la forma en que lo decimos es irrespetuosa, salida de tono o grosera, la reacción será peor. Recordemos que todo mensaje consiste de forma y fondo; inseparables, tan importantes uno como el otro.
Sin pretender hacer una lista completa de afirmaciones que debemos evitar cuando discutimos, ofrecemos seis principales, frases. Estas son:
1. ¿Para qué decírtelo si no lo entenderías?
2. ¿Qué querés que haga?
3. Cálmate.
4. ¿Cuál es tu problema?
5. Tú nunca o tú siempre seguido, por supuesto, de algo negativo.
6. ¿Por qué no sos lógico o por qué no sos razonable?
Si usted desea entonces mejorar la forma cómo administra el conflicto, lo ideal, como primer paso, es eliminar desde ya estas frases cargadas de fuerte potencial explosivo.
La autora es periodista y Magíster en Comunicación de la Universidad Southern Illinois, asimismo es catedrática de Thomas More Universitas. Escríbale a [email protected]