Cartas al Director

Cartas al Director Prensa “La prensa es la artillería de la libertad”. Conflicto en Camoapa Desde agosto pasado, en Camoapa la educación secundaria ha caído en una situación inusual, siendo los más perjudicados los educandos. Y a como se ven las cosas no hay solución inmediata al conflicto que continúa acrecentándose. Me pregunto por qué […]

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Prensa

“La prensa es la artillería de la libertad”.

Conflicto en Camoapa

Desde agosto pasado, en Camoapa la educación secundaria ha caído en una situación inusual, siendo los más perjudicados los educandos. Y a como se ven las cosas no hay solución inmediata al conflicto que continúa acrecentándose. Me pregunto por qué las autoridades superiores están en espera de lo peor. A este conflicto, al cual se le debe dar una solución equilibrada, se suman los apagones que se sufren desde el mes de julio a la fecha, por lo que centenares de estudiantes del turno nocturno, tanto de secundaria como de primaria, están perdiendo sus clases regulares.

En estos días se ha llegado al extremo de llamar a la fuerza pública para que resguarde las plantas físicas del Instituto Nacional de Camoapa, al igual que la Delegación Municipal del Mined. Como educador considero que las autoridades de Managua deben encontrar los mecanismos más apropiados para solucionar esta problemática, que a mi modesto entender no tiene ningún ribete legal, ni político y mucho menos ideológico. Simplemente se requiere voluntad para reconocer algunos errores que se han presentado en los procedimientos administrativos.

El Mined tiene la última palabra y espero que no sea demasiado tarde.

Andrés Mendoza Bravo

CPC

La derogación de los CPC fue una sor-

presa, ya que la clase política nicaragüense, en especial el PLC, en los últimos años ha entregado el poder a Ortega a cambio de lograr la amnistía de Alemán. O quizás ante la realidad de los hechos históricos, no tan distantes, de lo que son capaces de hacer las turbas, los diputados no sandinistas optaron por cortarle las alas al aparato represivo de la Primera Dama.

Bien por los diputados liberales, pero hay mucho que hacer. Hay que recordarles que el peor enemigo de la democracia es una clase política corrupta. Que pongan a remojar sus barbas, antes que se las corten. A ver cuánto dura esta alegría antes el pacto nos arruine la fiesta.

Chepeleón Argüello
Fremont California

Institucionalidad

Sobre el caso de Geosa, cuya adjudicación quiere anular el actual Gobierno, quiero comentar la lección de civismo que me diera un taxista en Madrid a quien le pregunté si el taxi era suyo o alquilado, respondiéndome que era alquilado. Le pregunté si no era mejor para él comprarlo y me respondió que aunque lo comprara necesitaba de una concesión, las cuales las otorgaba el Gobierno municipal, que el Gobierno anterior las había repartido todas entre sus allegados, que estaban agotadas y que los actuales dueños no se iban a deshacer de ellas, ya que les daban muy buenos dividendos.

Ante esto le comenté que el actual Gobierno español era socialista y podría anular esas concesiones a fin de hacer una mejor distribución de ellas, a lo que me contestó con su manera muy peculiar de hablar: “Jo… os podéis imaginar en qué país viviéramos si el Gobierno cancelara las concesiones dadas por el Gobierno anterior”.

Qué razón tenía, esto causaría una incertidumbre jurídica. Ahora me pregunto: ¿no se dará cuenta nuestro Gobierno y su Procuraduría del daño que causan con sólo mencionar que van a revisar una privatización efectuada con las reglas establecidas por el Gobierno de Nicaragua, no importa quién haya estado en el mismo? ¿Quien privatizó y compró lo hizo con las reglas establecidas por el Gobierno de Nicaragua?

Necesitamos institucionalidad para ser creíbles.

Yalí Molina Palacios

Decir y hacer

Quiero comenzar con una frase de José Martí que leí en el libro de Frei Betto, Fidel y la Religión y que posteriormente miré en un monumento al poeta cubano en un parque de Guanajuato, en México: “La mejor manera de decir… es hacer”.

Se me ocurre relacionar esta frase a algo que he venido viendo en mi vida profesional como médico: que los representantes de las instituciones públicas son los que menos creen en ellas, porque aunque los ministros de Salud que han pasado o los altos funcionarios públicos que hemos tenido nos digan que han hecho tal o cual labor, no son ellos los que usan las instalaciones.

¿Cuándo hemos visto a un funcionario público hospitalizado en un nosocomio del Estado, a la par de algún paciente que se va a operar de colecistectomía, o de alguien que se está muriendo de insuficiencia renal? Se nos dice que hemos mejorado en la atención, que se han comprado tales o cuales equipos médicos, pero no los usan, pues cuando se enferman salen corriendo a otro país, bajo cualquier pretexto.

Debemos ser consecuentes con la gente. Si alguien decide ser un funcionario público, tiene que saber que representa no sólo a una institución, sino a un país. Y que no se ve bien que salga del país a usar recursos ajenos a nuestro sistema, teniéndolos en Nicaragua, pensando que va a recibir mejor atención. Cuando usted trabaja para este sistema que está rechazando, ¿cómo voy a creer que es bueno el equipo que decidió comprar para nuestro pueblo y con el dinero de este, si usted no lo usa?

Eso es como si el Presidente se fuera a operar en el extranjero, por un cáncer por ejemplo, habiendo aquí excelentes cirujanos oncólogos. Creo que el doctor Fonseca en León, o el doctor Guillén en el Hospital Roberto Calderón o el doctor Carlos Ruiz en el Hospital Lenín Fonseca, se sentirían bien si como cualquier nicaragüense que se opera diario en estas instituciones también se operara un alto funcionario público.

Un doctor cubano me contó que en los hospitales de Cuba, en la misma sala que se encuentra el cortacaña a la par está el gerente del ingenio azucarero. No sé si será cierto o no, pero sería ilógico que el presidente Chávez vaya a otro país a recibir atención de algo que hay en Venezuela o que el presidente Arias vaya a EE.UU. a verse de algún problema de salud, teniendo buena medicina en Costa Rica.

Al pueblo no se le engaña y mucho menos con esas actitudes. La mejor manera de demostrar que un producto es bueno, es que lo vean consumiéndolo.

Vladimir Altamirano
Cirujano Oncólogo

Máquinas tragamonedas

Mi familia se trasladó de Chinandega a Bluefields allá por el año de 1935. Dos cosas nos llamaron la atención al llegar a esa ciudad.

La primera fue que la ciudad era exacta a las ciudades del oeste de Estados Unidos de América que habíamos visto en las películas de vaqueros del oeste. La segunda fue que el comercio y los restaurantes estaban en poder de chinos. El principal almacén se llamaba Wing Sang. Además de tener almacenes los chinos tenían bodegas a la orilla de la bahía, con un muelle cada una, con rieles como los del ferrocarril y con unos carritos sin motor para traer la carga desde la punta del muelle hasta la bodega.

Todo iban bien para los chinos, hasta que se les antojó traer e instalar en los almacenes y en los restaurantes máquinas tragamonedas, que al principio fueron una novedad hasta que los padres de familia se dieron cuenta de que toda moneda que dejaban mal puesta se la llevaban sus hijos para echarla a las máquinas. Y un día de tantos los padres de familia se pusieron de acuerdo, se fueron a sacar las famosas máquinas y las estrellaron en los andenes.

Armando Guevara Fletes

Hambre Cero

Me parece que el Programa Hambre Cero que impulsa el Gobierno, si bien es cierto que viene a mitigar el hambre de las familias beneficiadas el impacto en su entorno inmediato es muy limitado.

Por tener un carácter asistencialista ese programa no es sostenible en el largo plazo, por varias razones, entre ellas: la falta de recursos para la compra de insumos necesarios para la explotación, la falta de financiamiento para este tipo de proyectos familiares, el poco éxito de los programas de fondos revolventes en nuestro país (basta ver la experiencia del IDR con el programa de repoblación ganadera), la falta de garantías para respaldar el pago de los bonos y la cultura de no pago porque creemos que todo es regalado.

Estoy plenamente convencido que si juntamos todos estos recursos para desarrollar proyectos comunitarios agroindustriales como: mataderos, plantas de procesamiento de leche, desarrollo de marcas locales de granos básicos y hortalizas, el impacto en el nivel de vida de estas mujeres y sus familias sería mayor y más perdurable en el tiempo, ya que las mujeres se convertirían en socias y trabajadoras de estas empresas, y de manera organizada podrían acceder a fuentes de financiamiento que garanticen la sostenibilidad del negocio y la generación de empleo.

Arnoldo Toruño C.

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