La semilla Intel

Cuando el fabricante de chips se instaló en Costa Rica nadie imaginó que se estaba sembrando el primer árbol de un ecosistema tecnológico que trascendería al procesador Ciudad de Guatemala Carlos Araya se mueve en las grandes ligas. Como CEO y fundador de ArtinSoft, se especializa en combatir la obsolescencia del software mediante herramientas de […]

  • Cuando el fabricante de chips se instaló en Costa Rica nadie imaginó que se estaba sembrando el primer árbol de un ecosistema tecnológico que trascendería al procesador

Ciudad de Guatemala

Carlos Araya se mueve en las grandes ligas. Como CEO y fundador de ArtinSoft, se especializa en combatir la obsolescencia del software mediante herramientas de conversión que permiten a sus clientes migrar de un sistema a otro. En menos de 15 años, ArtinSoft se convirtió en el proveedor preferido de Microsoft en la categoría de servicios de actualización. Su secreto está en ofrecer una solución para las empresas que no quieren sucumbir ante los cambios tecnológicos, pero que tampoco quieren tirar a la basura los recursos que han invertido en sus sistemas. Sí, otro de sus secretos es estar en Costa Rica, país reconocido por su fuerza laboral educada y que, a diferencia de China o India, está a dos horas y media de EE.UU.

ArtinSoft es una de tantas empresas ticas de tecnología que han introducido vanguardistas productos y servicios para atender a grandes multinacionales. Muchas de ellas, especialmente, las que se dedican al desarrollo de software, nacieron varios años antes que Intel decidiera instalar una planta en Costa Rica. Sin embargo, sacaron provecho de la ola de atención que recibieron los ticos a partir de esa decisión en 1997. “Intel cambió el paradigma de que un país pequeño no podía tener una participación significativa en el ámbito de la tecnología global”, señala Araya.

Para Alexander Mora, presidente de la Cámara de Tecnologías de Información y

Comunicación (Camtic), “Intel puso a Costa Rica, y a las capacidades de su recurso humano, en vitrina”. La señal era clara. Si había encontrado en Costa Rica las condiciones para hacer una apuesta tan grande y estratégica, era seguro seguir sus pasos.

Hoy, el gigante de la electrónica representa cerca del 20 por ciento de las exportaciones de Costa Rica. Pero aun así, el impacto sobre la economía fue distinto al que se pronosticó. “Creímos que una vez que llegara Intel el país no iba a dar la talla con todas las empresas que iban a querer estar acá”, explica Armando Heilbron, quien era director de Cinde, la agencia de promoción de inversiones. Incluso antes de cerrar el trato con Intel, la cartera de posibles proyectos superaba la capacidad del país. En la lista aparecían nombres como IBM, Hewlett-Packard y Western Digital. Pero “toda esa euforia se vino abajo con la crisis mundial de tecnología del 98 y la crisis asiática”, dice.

Ecosistema, no cluster

De ahí que muchos hablen de Intel como un enclave en la economía tica. “De la noche a la mañana se dio un exceso de capacidad que frenó la llegada de empresas que hubieran sido proveedores o compradores de Intel”, dice Heilbron, quien hoy es CEO de Infinitum, firma dedicada a la asesoría internacional para atracción de inversiones.

Ahora bien, Intel también generó efectos positivos. La multinacional expandió sus operaciones en Costa Rica. La inversión inicial de US$300 millones ha alcanzado ya los US$770 millones. Y los ticos también comenzaron a pensar en otros sectores. Surgieron nichos como el de dispositivos médicos y el de servicios de exportación. Por eso, Mora, de Camtic, opina que lo que se desarrolló en Costa Rica no fue un cluster sino un “ecosistema tecnológico”, un conjunto de sectores con orientaciones distintas (componentes electrónicos, servicios de back-office, desarrollo de software), cuyo denominador común es la alta tecnología.

El principal reto será que la disponibilidad del recurso humano crezca a la misma velocidad que la demanda del ecosistema, donde Intel es, a todas luces, el árbol más grande.

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