- Nació nuestro héroe en el barrio Guanaca donde la vida no valía nada. Ahora sí, vale un chelín, porque por negar un chelín mataron a un ciudadano
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Orondo, mondo y lirondo en su hamaca, el poeta Reynaldo Guido Molina se mece al suavecito en el porche de su casa situada en el sobaco de la colonia Rubén Darío de Matagalpa. La hamaca es pequeña y sus largas piernas quedan al aire pues sobrepasan los límites de esa especia de cama que da fama turística a nuestro lar patrio donde, según don Camilo Zapata, se puede bailar en la punta de un ciprés.
“Es el reposo del guerrero —dice—, porque tengo 85 años de edad y trece de jubilado. Y vea lo que son las cosas, cuando no estaba retirado, jamás escribí nada, pero guardaba las cosas en la computadora de mi cerebro, pero al ocurrir mi retiro, buscando una vía de escape a mi soledad, me puse a escribir artículos y poemas sin saber que iban a gustar porque mucha gente dice que le gustan, entre ellos, mi amigo Douglas Stuart. Así, heme aquí embadurnando cuartillas sin pretensión de ser escritor y únicamente con el propósito de que la realidad histórica no se pierda y pueda ser conocida por las futuras generaciones”.
¿Cuales son los temas predilectos de este vate moreno, de pelo chirizo y cano, de anteojos grandes y espesos y de lenguaje jacarandoso? Nada menos que semblanzas de personajes folclóricos, excéntricos y raros de su amada Matagalpa, personas que merecen estar en la historia de las ciencias, el arte, o en la vida cotidiana de este pueblo, pero a las que nadie “les para bola”.
¿Por qué no me cuenta algo de eso?
Para luego es tarde. Tenía 17 años cuando entré a trabajar en la mina La Reina, en el municipio matagalpino de San Ramón, donde conocía a cargueros, muleros, bodegueros, oficinistas, paleros, ademadores, maquinistas, muestreros, capataces y administradores. Ahí conocí a don Fausto Amador, el padre de Carlos Fonseca, a quien le decían “El Coto” porque le faltaba la mano derecha.
Recuerdo que el Día de Santa Teresita, patrona de la mina, se celebraba ahí una misa campal y un gran baile oficial en los salones del comisariato. Estas festividades eran organizadas por los personajes más prominentes de la mina, Fausto Amador, Mr. Stanley Hagard, Mr. Semple, Mr. Morgan, Mr. Fern Kettel, Jorge Ballesteros, Dionisio Guzmán, Carlos Wallace y Carlos Laguna, pero también los trabajadores en su totalidad daban como contribución las ganancias de cuatro días de trabajo.
A todos esos personajes los recuerdo, en especial a barreteros como Juan Suárez y Juan Barrera, que con mazos de seis libras desbarataban rocas en la oscuridad de las cavernas, eran verdaderos titanes, pareja de Hércules en el trabajo.
Otro personaje excéntrico de ese lugar y tiempo eran, el yanqui Fern Kettel, piloto de avioneta que además jugaba beisbol en el equipo de la mina. Era supersticioso y como por el campo pasaban los entierros, cuando él iba a batear y de casualidad miraba uno, no seguía jugando.
¿Y qué hay sobre los personajes de Matagalpa?
Son muchos, pero el primero es don Toño Zeledón, padre del diputado Zadrach Zeledón. Es el decano y maestro de todos los rapabarbas de aquí, un hombre humilde como también en otros ramos han existido hombres humildes que por alguna razón perdieron el don de la memoria, se hicieron locos.
Otro personaje famoso era el “Maitro” Nicho, el más original e insigne de todos los locos porque, de verdad era loco en toda la expresión de la palabra. Cuando él hablaba se ponía de lo más serio y daba en qué pensar a los más cuerdos. Salía a las calles de saco y corbata llevando en las manos un legajo de papeles y varios lápices. Decía que era ingeniero y que estaba construyendo un edificio que llegaba al cielo. En su juventud había sido ebanista de los finos y ayudó a construir el antiguo retablo del altar mayor de la catedral de Matagalpa, que cierto obispo escamoteó y se lo llevó para León.
Nunca se supo por qué “Maitro” Nicho perdió la razón, pero a veces él recorría las calles haciendo ofrecimientos, por ejemplo, a un hombre que estaba sin trabajo le decía: “No te preocupés que yo te voy a dar trabajo en una de mis fincas”, al que no lo conocía aquella oferta le parecía la más seria del mundo, pero ya al final cuando se la reclamaban decía: “Pero si yo estoy loco, pero te vas a ir conmigo pues te voy a poner a enderezar cachos”.
Por último, cuando un transeúnte foráneo le preguntaba por cierta dirección, el le decía: “Se van por ahí y se van, y se van y se van y se van”, y cuando el transeúnte de tanto oírlo le preguntaba: ¿Y después? “Maitro” Nicho, haciendo un gesto vulgar le respondía: “Después te venís, te venís, te venís, te venís…
Excéntrico íntegro fue Ernesto Brenes, que por orate le decían “El Loco Brenes”. Su cuerda era colarse en las fiestas, incluso en las más “popof”, pero era casado, tenía hijos y todos fueron prominentes profesionales.
Para el centenario de Matagalpa lo nombraron Rey Feo y así acompañó a la Reina de la fiesta. Su cuerda era ir por las calles preguntando: “¿No has visto a un jodido por ahí? ¿No has visto a un jodido?” El que no le conocía quedaba desconcertado.
Y de mujeres locas ¿qué me dice?
¡Claro que hubo! Por ahí caminaba, allá por los años treinta y cuarenta “La Marisol de las Clavijas”. Andaba por las calles de Matagalpa pidiendo comida de casa en casa, pedía para ella y para alrededor de cuarenta perros que la seguían. Paso que ella daba, paso que daban los perros, imagínese cómo era la cosa. Los perros eran como las mariposas amarillas que seguían a Mauricio Babilonia.
Otra orate famosa fue “La Tomasa Loca”, andaba descalza con los grandes dedotes abiertos que parecían abanico, parece que en sus tiempos mejores tuvo amores porque siempre la acompañaba su hijita, que se decía era hija de una joven de apellido Corriols. Ella y su hijita fueron las precursoras de la moda “Chemisse”, pues allá por 1967, ambas se aparecieron en la misa dominical vistiendo un cotón “Línea H” digno de Christian Dior, zapatos tacón alto y elegantes carteras. Fueron la comidilla del mundo social y como resultado las damas de la “high” no volvieron a vestir el “chemisse”.
En el barrio Guanaca hubo un muchacho mitad matagalpino y mitad chileno, se llamó Rodolfo Solari y era el bohemio más aristocrático que he conocido, vestía de manera elegante e impecable y en su bohemia le daba por declamar poemas y brindar disertaciones literarias, su patín era decir que el barrio Guanaca era la capital de Matagalpa.
Y de las viejas costumbres de Matagalpa ¿qué nos dice?
La mejor eran “Las Atoleras” que nacieron como una copia del culto que nuestros ancestros indígenas profesaban al Dios del Maíz, consisten en grandes comilonas de alimentos y bebidas a base de maíz y se realizan con las primeras cosechas de ese grano.
La costumbre prevalece todavía en Matagalpa y yo la hago en mi casa cuando hay elotes aunque no tenga milpa. Para eso compro el maíz en el mercado y mi señora hace el atol, las güirilas, los elotes cocidos y montamos una atolera aquí.
Para los pudientes, la atolera era el pretexto para beber guaro en las haciendas, a mí me invitaba, por ejemplo, el coronel Davidson Blanco a su atolera, pero el fondo y fin único era reunirse para tomarse whisky y traguillos.
¿Cómo eran los amores en su tiempo?
Eran muy recatados; por ejemplo, para jalar uno tenía que contar con el permiso de los suegros, que si acaso lo aceptaban como novio de la hija se esmeraban en poner día y hora para la visita que era vigilada por ellos. Ni quiera Dios que le hiciera una trastada al suegro, te mataba un viejo de esos. Ahora los matrimonios se arreglan en la calle y los padres son los últimos que se dan cuenta de los malos pasos que dan sus hijos. Antes existía mucho oscurantismo clerical, los curas aconsejaban a los jóvenes sobre las relaciones maritales y muy poco sobre el sexo. Hoy es al revés, nuestros jóvenes conocen más de sexo que de relaciones maritales, por eso fracasan.
¿Era mejor antes o ahora?
Yo no soy moralista pero creo que es bueno despertar ante los peligros que nos acechan a la vuelta de la esquina como es el famoso VIH-sida; sin embargo, ahora aunque hay más conocimiento prácticos, eso ha conducido a la perdida de muchos valores, hoy la virginidad no tiene importancia porque los científicos dicen que las mujeres, unas nacen con himen y otras no, otras con un himen tolerante donde puede entrar el pene y salir y queda ileso…
Pero lo lamentable es que se han perdido otros valores importantes para la felicidad de la pareja, por ejemplo la fidelidad, la responsabilidad por los hijos y el respeto de los hijos a sus padres.
Yo me casé dos veces y con mi tercera señora soy arrejuntado, en total tengo siete hijos, todos profesionales, soy jubilado y vivo esperando el retorno a la tierra sin ningún resentimiento con nadie y de nadie, en paz con Dios y con mis vecinos para sentir más placentera la partida.