Norman Cardoze decidió el séptimo juego de la Final del 2004 contra el Chinandega, con un jonrón ante Oswaldo Mairena. (LA PRENSA/G. MIRANDA)

AQUEL TRUENO DE CARDOZE

Juegos inolvidables [doap_box title=»CASOS RAROS» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] No sólo los jonrones de última hora o notables faenas de pitcheo han servido para ganar campeonatos, también la lluvia. En el sexto juego de la serie de 1993, los Tiburones buscaban rematar ante el San Fernando y en cinco entradas lo estaban consiguiendo con pizarra de 8-6. […]

  • Juegos inolvidables
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No sólo los jonrones de última hora o notables faenas de pitcheo han servido para ganar campeonatos, también la lluvia.

En el sexto juego de la serie de 1993, los Tiburones buscaban rematar ante el San Fernando y en cinco entradas lo estaban consiguiendo con pizarra de 8-6. Sin embargo, las Fieras se quedaron sin oportunidad de seguir peleando porque la lluvia inundó el campo.

Dos años después, los fanáticos del San Fernando se tomaron el estadio de Masaya para el séptimo juego de la serie entre su equipo y el Bóer.

La tribu ganó 11-4, sobreviviendo a pedradas de los fanáticos y estuvieron refugiados en el dogout durante varias horas, mientras los masayas protagonizaban actos de vandalismo en las afueras del parque.

La furia de los “comeyucas” comenzó en el quinto partido, cuando tenían contra las cuerdas al Bóer, pero un error de Jesús Esquivel buscando un fly de Nemesio Porras detrás de la receptoría, cambió la historia del juego, porque Nemesio se voló la cerca, que originó una espectacular reacción de los capitalinos en el resto de la serie.

¿Y qué hay del truco de los leoneses en el séptimo juego de la serie de 1997? A la altura del séptimo inning, el Bóer ganaba 4-2 con pitcheo del cubano Alberto Torres Chacón, quien llevaba 16 bateadores retirados en fila.

Sin embargo, los directivos felinos invadieron el terreno de juego para exigir su porcentaje de las ganancias de las entradas y el juego se detuvo 20 minutos, los que fueron suficientes para que Chacón se enfriara y León le dio vuelta al marcador en el cierre y se llevó el campeonato… además de su tajada de la entradas.

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Norman Cardoze recorriendo lentamente las bases del Estadio Roberto Clemente de Masaya en el cierre del séptimo inning, del séptimo juego de la Serie Final, luego de estremecer con un jonrón a Oswaldo Mairena para darle vuelta al marcador y dirigir al San Fernando a la coronación sobre el Chinandega.

¿Es esa la imagen que usted más recuerda de un juego de Serie Final de los campeonatos nacionales de beisbol?

El de Cardoze es quizá el jonrón más emocionante para decidir un juego por el campeonato, desde que Luis Fierro se voló la cerca en el séptimo juego de 1974 en el fondo del séptimo inning, para quebrar un empate a dos carreras entre los Mets y el Flor de Caña.

Con el bombazo de Fierro, los Mets de León se impusieron 3-2 y se llevaron el título.

El mismo Fierro decidió una batalla épica en finales, al conectar un imparable en el episodio 19 que Granada venciera 4-3 a los Dantos, en el sexto juego de la serie de 1985.

Ese es otro de los juegos inolvidables en series finales. ¿Quién no recuerda el relevo final de 14 innings de Diego Raudez para anotarse el triunfo?

DOS ROBOTS

Si de juegos kilométricos se trata, Epifanio Pérez y Joaquín Avendaño se trenzaron en un duelo de 16 innings que favoreció al leonés 4-3 sobre el curvista de los Dantos.

Eso fue en el sexto juego de la serie de 1990, cuando los Leones estaban abajo 0-3 y ganaron los últimos cuatro, para protagonizar el arrebato más espectacular de la historia de nuestro beis.

Mientras Diego y Epifanio casi dejan el brazo en el box, a Arístides Sevilla le bastó un bateador para ser recordado.

Sevilla entró a sellar la coronación del Bóer en el 2005, dominando a Omar Herrera en un roletazo que el mágico torpedero Bayardo Dávila convirtió en doble play, con un out en el noveno episodio del séptimo juego y la tribu arriba por una carrera.

Uno de los séptimos juegos más memorables es el de la Final de 1974, cuando Julio Espinoza superó 1-0 a Porfirio Altamirano.

Un hit de Gersan Jarquín en la quinta entrada, produjo la única carrera del encuentro.

CIERRE FEROZ

En el otro extremo, el séptimo juego más feroz lo ha tenido Ernesto López, con tres jonrones —uno por cada banda— frente al pitcheo de los Mets, para guiar a los Tiburones a una paliza 15-3.

El marcador más abultado en un juego de coronación, es el 20-1 que le propinó el Norte al Rivas en el sexto y último desafío de la serie del 2000.

Los matagalpinos iban arriba 2-1 en el cuarto inning, antes de explotar con 10 hits y 12 carreras en la quinta entrada.

A pesar de todo lo anterior, difícilmente hay un juego tan sorprendente como emotivo, que el séptimo de la serie de 1982, cuando el Rivas borró una diferencia de nueve carreras y se impuso 19-18 sobre los Dantos, para ganar el banderín.

Cuando ya todos los daban por muertos, los rivenses marcaron dos carreras en el sexto, seis en el séptimo y tres en el octavo frente a unos Dantos que con el título en el bolsillo se desplomaron con ocho errores.

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