María Salazar ha destacado en varios deportes, con todo y que fue madre soltera desde muy joven. Hoy, su hijo Joshua es su máxima motivación. (LA PRENSA/M. ESQUIVEL)

Me llamo María

María Salazar, la madre que trae el deporte en sus venas Una madre deportista Un grupo de chavalos se encuentran en el parque de Villa Progreso, diciendo a gritos y en tono de broma a María Salazar: —“¿Mario para dónde vas?” En ese instante Salazar reacciona, no le hace ninguna gracia ese comentario, y responde […]

  • María Salazar, la madre que trae el deporte en sus venas

Una madre deportista

Un grupo de chavalos se encuentran en el parque de Villa Progreso, diciendo a gritos y en tono de broma a María Salazar:

—“¿Mario para dónde vas?”

En ese instante Salazar reacciona, no le hace ninguna gracia ese comentario, y responde con autoridad.

—“Oe dejen de fregar o la agarran, me llamo María”.

Así contestaba María Salazar cada vez que la molestaban de niña. Ella se crió entre tres varones y se amoldó a la manera de ser de sus hermanos.

Eso sí, siempre mostró su talento con la pelota, jugaba con los chavalos futbol, baloncesto y beisbol, y se dio cuenta que su vida estaría ligada al deporte.

“La gente del barrio me molestaba mucho porque no era muy femenina, además porque sólo jugaba con hombres. Aunque me molestaban y me enojaba en ocasiones, luego me acostumbré y me dediqué al deporte”, explica Salazar.

Cuando Salazar cumplió 13 años, le interesaron las carreras en el atletismo… Sentía que sus piernas podían volar y saltar a la velocidad de un lince, guiada por su instinto y la motivación de Hugo Vásquez, su primer entrenador, se dedicó de lleno a emprender su camino en el atletismo.

“Empecé muy joven en el atletismo, era una niña, pero me encantaba correr en los 100 metros, en relevo, pero sobre todo en salto largo”, dice Salazar.

En el atletismo no tardó en vestir los colores patrios, perteneciendo a la Selección Nacional, en varias ocasiones.

Pero María entró a una etapa, en la cual experimentó emociones que ella jamás había sentido.

“Mi vida no sólo era deporte, llegué a una edad que me gustaban los chavalos y les gustaba, el sentimiento era recíproco”, recuerda.

EL TIEMPO SE DETUVO

En uno de sus noviazgos, decidió cruzar la línea y llegar más allá de meta, donde se encontró con un regalo extra. A los 19 años ya esperaba su primer bebé.

“Quedé embarazada muy joven. Cuando miré el resultado sentí que el mundo se paralizó en mi vida, pero con el tiempo me di cuenta que mi hijo era un regalo y una experiencia que me hizo madurar”, asegura Salazar.

Joshua fue el nombre que escogió para su hijo antes de nacer. Esa etapa maternal, la cobijo en la ilusión, sentía cada palpitación de su bebé en el vientre, encontró sentido a su vida y le dio mayor disciplina en el deporte.

Con hijo en brazos y siendo madre soltera, el tiempo para el deporte era un poco más corto, pero con el apoyo de su familia pudo salir adelante e incursionó en el baloncesto.

“Luis Callejas me miró jugar una vez y me llevó al American College, donde me becaron académicamente y fue donde se fijaron en mí para pertenecer a la Selección Nacional”, relata Salazar.

ENTRE EL BALONCESTO Y EL FUTBOL

Con la Selección de baloncesto ha viajado a diversas partes de Centroamérica, consiguiendo buenos resultados y destacándose por su rapidez y definición en la canasta de dos puntos, pero principalmente su ímpetu y garra en momentos cruciales.

En medio del baloncesto, María también se dejó guiar por el futbol. No tardó mucho en jugar fut sala en la liga de la 14 de septiembre y allí fue fichada para jugar en la primera división femenina. Al principio la pensó dos veces, pero ella no era de las que huían a los retos, hizo el intento y le fue muy bien. Probó en equipo Kol-8 UNI en la portería, luego fue defensa y lució su talento como delantera.

“Cuando entré a la primera división de futbol femenino, no me costó casi nada en adaptarme. Como el equipo no tenía portera, me aventé y lo hice bien, luego defendía y ahora soy delantera”, comenta con mucha gracia.

Pero cuando a María se le pregunta a qué deporte elegiría, ella no duda dos veces en contestar:

—“El baloncesto es mi mayor pasión, lógicamente luego de mi hijo”, responde.

María Salazar ha recorrido una vida inolvidable, llena de altos y bajos, una mujer fortalecida por sus experiencias. Actualmente está terminando su último año en la carrera de Contaduría y sigue practicando baloncesto.

Siente que su hijo Joshua, ahora de 6 años, es el complemento de su vida, no le pide nada a Dios, más que le dé salud para disfrutar a su hijo y que le permita continuar en el deporte.

A sus 25 años, María escucha su nombre con admiración y respeto. Dejó de ser la niña que merodeaba por el parque de Villa Progreso con balón entre las manos, y se transformó en un ejemplo deportivo de superación.

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