- El país sudamericano vive una honda polarización ante la política del presidente Evo Morales
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El Alcalde de la ciudad de Santa Cruz, Percy Fernández, volvió a plantear un viejo sueño de la derecha de su rica región, fiera opositora del gobierno izquierdista del presidente indígena Evo Morales: la división de Bolivia en dos naciones.
Fernández planteó que las provincias de Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija, parte de Chuquisaca y Cochabamba, que juntas ocupan dos tercios del territorio de Bolivia, formen una “nación del Oriente”.
Otros tres departamentos de los Andes bolivianos (La Paz, Oruro y Potosí) podrían llamarse la “nación del Occidente”, planteó Fernández, un día después de un paro cívico parcial de esas seis regiones contra Morales.
En la “nación” oriental yacen el 90 por ciento de las reservas de hidrocarburos, segunda fuente de ingresos de Bolivia, tras las remesas de sus tres millones de emigrantes.
Las seis regiones “deberíamos llamarnos, porque nos da la gana, la nación del Oriente, que sean ellos la nación del Occidente”, dijo.
El alcalde esbozó ya en diciembre pasado una idea que parece hacerse carne entre algunos dirigentes de Santa Cruz, la región más pujante del país: establecer la República Oriental de Bolivia en un escenario de confrontación, “a tiros porque esto es a la mala”.
No serían dos países separados, según su propuesta, sino más bien dos territorios con fuerte autonomía cada uno de ellos.
“A este Gobierno hay que presentarle las cosas como son: en un paro juntos podríamos definir la otra nación”, sustentó.
Crítico del centralismo de La Paz, donde se concentra el poder político del país, el carismático alcalde quiere una nación oriental “para que se contraponga a la nación del Occidente boliviano que nos está queriendo hacer ‘bolsa’ (daño)” por la debilidad de la oposición y los movimientos sociales.
La idea de Fernández, que en algunos medios de Santa Cruz está tomando cuerpo, fue calificada de “descabellada” por el analista Cayetano Llobet, fuerte crítico del presidente Morales, y de “nada seria” por el sociólogo independiente Carlos Cordero.
Según el vocero del gubernamental Movimiento Al Socialismo (MAS), Antonio Peredo, la propuesta del Alcalde de Santa Cruz “puede ser calificada de subversión, dividir al país”.
El defensor del Pueblo, Waldo Albarracín, pregunta: “¿A dónde nos está llevando la estéril y perniciosa confrontación interna?”, y contestó enseguida: “Al abismo”.
Albarracín ruega sin éxito a ambos bandos que reflexionen, que abran las puertas al diálogo, que mermen la violencia de la confrontación, que cedan en sus posiciones.
Suplican lo mismo, también sin resultados, la antes influyente Iglesia católica, editoriales de los diarios y varias personalidades de este país, el más pobre de Iberoamérica, con dos tercios de la población viviendo con menos de dos dólares al mes.
Morales y sus fieles también tildan a los cruceños de racistas, mostrando otro eje delicado de la polarización boliviana: en un país donde más de tres cuartas partes son mestizos en alguna medida, se sienten indios puros o blancos inmaculados muchos más de los que en realidad lo son.
El oficialismo contraataca con marchas de campesinos e indígenas y Morales prepara una gran manifestación en Sucre el 10 de septiembre, a la que asistirán 100,000 personas, según fuentes gubernamentales.