Qué pena Mayorga

[email protected] Que Ricardo Mayorga no es un buen ejemplo, de eso estamos claros. Y si abre la boca, lo seguro es que nos va a meter en vergüenza. Incluso, cuando sube al ring es difícil admirarlo. Parece un peleador sacado de las calles que jamás ha recibido una indicación de un técnico. No hay destellos […]

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Que Ricardo Mayorga no es un buen ejemplo, de eso estamos claros. Y si abre la boca, lo seguro es que nos va a meter en vergüenza.

Incluso, cuando sube al ring es difícil admirarlo. Parece un peleador sacado de las calles que jamás ha recibido una indicación de un técnico. No hay destellos boxísticos en sus combates y hasta la potencia de sus puños está en entredicho. No boxea, ni pega.

Pero cuando pelea, todos queremos verlo. Y si gana, hasta da la impresión de que se le perdonan todos sus desplantes. Y se le mira con un interés y una curio- sidad que se parece mucho a la complacencia.

Mayorga es el más polarizante atleta que ha producido nuestro país. Nadie es indiferente a sus actuaciones en el ring, o con el micrófono en la mano. Se le aprecia o se le odia.

Hay algo en él que lo ha convertido en un imán de taquilla. Y no sólo aquí.

La cancelación de su pelea con Fernando Vargas va a traer muchas pérdidas. El ritmo de las ventas iba muy bien y se esperaba una gran entrada en el Staples Center, en Los Ángeles.

Pero no peleará el 8 de septiembre. Se asegura que Vargas tiene anemia, pero muy pocos lo creen. Se habla de sobrepeso y hasta de doping en el caso del púgil de California. ¿Cuál será la verdad? No lo sabemos.

El punto es que no habrá pelea el 8, y Mayorga no va a tener dinero para honrar las múltiples deudas que acarrea. Para Ricardo, esa es la parte más triste de la historia. Así lo confesó.

Mayorga ha pasado un sinnúmero de dificultades en los últimos días. Es la consecuencia de sus actos. Quizá es la etapa más dura que ha vivido, desde que le tocaba cuidar carros en un parqueo en Costa Rica.

Sin embargo, estoy entre quienes les hubiese gustado que peleara. Estoy entre los que desean que pueda levantarse, y no sólo honrar las deudas que lo aquejan, sino que a lo mejor hace un giro dramático y se impone en la batalla por su vida.

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