- El cardenal Obando y Bravo afirmó que la “paz social” sólo puede estar “basada en la justicia, la lealtad y en el amor”
(ACI). El Arzobispo emérito de Managua, cardenal Miguel Obando y Bravo, resaltó que la paz es un anhelo que sólo se podrá alcanzar con un orden nuevo “que comporte una justicia más perfecta entre los hombres”, porque no es posible construirla sobre la frustración de millones de personas que no alcanzan “niveles de vida compatibles con la dignidad humana”.
El Cardenal hizo estas afirmaciones durante el foro “A 20 años de Esquipulas II, la historia narrada por sus artífices”, organizado para recordar el 20 aniversario de la firma de los Acuerdos de la Paz de Esquipulas II, que puso fin a las guerras civiles que en los años 80's asolaron Centroamérica.
En su ponencia, el Arzobispo emérito hizo una reflexión sobre el sentido de la paz y recordó los diversos documentos pontificios dedicados a ella; entre ellos la Encíclica Summi Pontificatus, de Pío XII; quien en su lema “Opus Iustitiae Pax” advirtió que “la Paz es Obra de la Justicia”.
En ese sentido, tras señalar que a causa del pecado la paz “siempre será una construcción dolorosa”, el cardenal Obando se refirió a la “paz social” e indicó que ella sólo puede resultar de una relación “basada en la justicia, la lealtad y en el amor”; constituyendo propiamente “un orden del cual la paz es la resultante más auténtica”.
DESARROLLO INTEGRAL
“En otro tiempo, las clases políticas, culturales, vivían una paz aparente, porque decían, o trataban de convencerse, de que la condición miserable de las masas formaba parte inexorable de un orden universal e inmutable. Actualmente, la humanidad va aprendiendo que mientras existan el hambre y la miseria, persistirá un desorden radical, fruto del egoísmo de los individuos y de las naciones, y así es imposible conquistar una paz duradera”, advirtió.
Por ello, el Arzobispo emérito llamó a poner como meta de todo proyecto “el desarrollo integral de las personas”, para que cada una se convierta en agente activo “de cualquier verdadero proceso de desarrollo”; porque, advirtió, negar los medios para el progreso de una sociedad “sólo puede conducir a la inseguridad y a la agitación social, además de que fomenta el odio, la división y destruye toda esperanza de paz”.
Los derechos humanos, explicó, no se violan solamente con el terrorismo, la represión o los asesinatos, sino también con la extrema pobreza y la injusticia social. En ese sentido, invitó a practicar la solidaridad entre “los diversos miembros de la familia humana”.