Peter Workman y su cosecha de vegetales en Iqaluit, Canadá. ( LA PRENSA/AFP)

Norte de Canadá se abre a la economía

Cambio climático transforma paisaje: negocios y construcciones aparecen en lo que antes eran tierras congeladas [doap_box title=»Protección del ambiente paga» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Los dueños de los terrenos comunales donde se asienta la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, este de México, han pasado en un lustro de talar los árboles de la selva a […]

  • Cambio climático transforma paisaje: negocios y construcciones aparecen en lo que antes eran tierras congeladas
[doap_box title=»Protección del ambiente paga» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Los dueños de los terrenos comunales donde se asienta la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, este de México, han pasado en un lustro de talar los árboles de la selva a ser sus máximos protectores para combatir el cambio climático.

“Cuando adquirimos estos terrenos el Gobierno nos amenazaba con quitárnoslos en dos años si no tumbábamos la selva”, explicó a un grupo de periodistas desplazados a la zona el presidente de la comunidad ejidal de Adolfo Ruiz Cortinez de San Andrés de Tuxtla, Fernando Hernández.

Recordó que el trabajo de su pueblo desde la década de los sesenta del siglo pasado hasta hace apenas cinco años era “precisamente sacar madera y venderla”.

Entonces la política gubernamental estaba más centrada en sacar recursos de la selva, en algunos casos de manera ilegal, y convertir gran parte de la misma en terrenos para la agricultura y la ganadería.

El director de la Reserva, José Antonio González Azuara, explicó a la prensa desplazada a la zona que las 155,000 hectáreas del área protegida fueron muy perjudicadas con el reparto agrario gubernamental de los años sesenta y setenta.

Con el nuevo esquema se recuperan unas 200 hectáreas al año y se ha reducido la tala ilegal en un 80 por ciento.

El gerente de Servicios Ambientales del Bosque de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), Leonel Iglesias, indicó que esta comunidad ejidal, al igual que otras 900 en el país, recibe pagos por servicios ambientales hidrológicos del Gobierno desde 2003.

Estos pagos se dan en casi un millón de hectáreas en todo el país, a aproximadamente mil ejidos, y reparte más de cien millones de dólares en ayudas para las comunidades encargadas de proteger sus bosques.

La presidida por Hernández recibe unos 150,000 pesos (algo más de 13,500 dólares) anuales puesto que por cada hectárea que cuidan y protegen se les concede 350 pesos (unos 32 dólares) al año.

EFE[/doap_box]

El calentamiento climático y la promesa hoy posible de nuevas actividades económicas transforman el paisaje del gran norte de Canadá, a semejanza de la localidad de Iqaluit, donde las oficinas reemplazan los iglús y los trineos de perros son sustituidos por coches.

La última construcción con forma de iglú de todo el norte canadiense, que se encontraba precisamente en Iqaluit, capital del territorio Nunavut, será destruida próximamente para dar lugar a un edificio de oficinas de 5,000 metros cuadrados, necesario para acompañar el auge económico.

“El norte se abre al mundo, la ciudad crece y hay un aumento de la demanda inmobiliaria”, dice Brian Czar, antiguo propietario del edificio que albergó durante 27 años un restaurante de cocina tradicional.

El calentamiento climático y la perspectiva del deshielo de la banquisa, que harían más accesibles las riquezas del Ártico, han acelerado esta tendencia, atrayendo nuevos habitantes y empresarios.

Se estima que el subsuelo ártico podría albergar un cuarto de las reservas mundiales de hidrocarburos aún no descubiertas.

Los científicos prevén que el pasaje del noroeste, una vía marítima que une el Atlántico con el Pacífico sobre la cual Canadá afirma su soberanía, será accesible a la navegación en su totalidad desde mediados del siglo XXI, lo que ahorraría por ejemplo 5,000 km en el trayecto Londres-Tokio.

RIQUEZA PETROLERA YMINERA

De momento, compañías petroleras y mineras se pelean por explorar los recursos de estas regiones, y se espera que las empresas forestales se unan próximamente a la tendencia.

También contribuyó a este boom la constitución por parte del gobierno federal del territorio Nunavut en las tierras del noroeste más alejadas, en 1999, atendiendo las reivindicaciones de las poblaciones autóctonas.

Así, la creación en la capital de cientos de empleos gubernamentales, atrajo funcionarios de todo el país, y la población de Iqaluit se duplicó, hasta alcanzar los 7,000 habitantes actuales. Según el último censo, efectuado en 2006, la población total del gran norte superó por primera vez los 100,000 habitantes.

HASTA EL TURISMO

También tuvo lugar el aflujo de turistas a los que los cruceros ofrecen en primavera el espectáculo del deshielo y de los osos polares. Durante la estación temperada, se levantan en el perímetro de la ciudad tiendas de campaña para dar cabida a los recién llegados, y los coches último modelo hacen cola para transportarlos.

Hace unos diez años sólo circulaban algunos taxis por las dos vías que atraviesan la pequeña ciudad. Pero desde entonces explotó el mercado automovilístico, sustituyendo por coches las motonieves y los tradicionales trineos de perros.

Las autoridades locales se plantean incluso poner un semáforo en la intersección principal de Iqaluit, que sería además el primer semáforo de todo el territorio Nunavut.

Mientras tanto, Iqaluit acaba de construir su primer invernadero, que tiene por objetivo permitir a los habitantes de esta localidad la producción de sus propias frutas y verduras. Esta iniciativa implica una profunda modificación de los hábitos alimenticios de la población, hasta ahora basados en la caza y la pesca.

Las verduras frescas se importan normalmente del sur y se venden cuatro veces más caras en Iqaluit que en Toronto, debido a los costos del transporte y de su posterior mantenimiento. Este elevado precio es uno de los factores esenciales de la pobreza y la malnutrición que hacen estragos en la zona, según Mary Ellen Thomas, del Instituto de Investigación de Nunavut.

“Esperamos que el invernadero promueva un modo de vida más sano”, dijo Peter Workman, miembro de una asociación especialmente creada en junio para promover esta nueva experiencia agrícola.

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