- ¿Quién podría ser el Babe Ruth nica?
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SELVA, ERNESTO Y JUSTO RIVAS
Antes del aterrizaje de Babe Ruth en el Bronx, los jonrones no eran muy comunes. Los equipos se las arreglaban dentro del campo –toque de bola, robo de base y bateo corrido– para anotar carreras. Los estadios eran enormes y los lanzadores imponían su ley. Fue tal el dominio de los monticulistas, que a la época se le denominó la era de la bola muerta.
Pero Ruth cambió la historia. Con una estructura física extraña –abultado abdomen, piernas flacas y brazos largos– y un descomunal poder, Ruth se dedicó a azotar a los tiradores de su generación y con sus jonrones restituyó la credibilidad del juego, fracturada tras el escándalo de los Medias Negras en 1919. Ruth trajo de nuevo al público a los estadios.
Treinta y nueve años después, Hank Aaron se pasó llevando la marca de 714 jonrones que Ruth parecía haber impuesto para siempre. Y en contraste con Ruth, Aaron era un esbelto, reservado y consistente artillero, que se transformó de un habitual bateador de líneas, a un slugger, gracias a su swing compacto y muñecas potentes que conservaron la dinamita.
¿Guardando las distancias, quién ha sido el Babe Ruth del beisbol nacional? ¿Y a quién podríamos llamar nuestro Hank Aaron? ¿Hay acaso, alguien que se asemeje a Barry Bonds? Cuando se habla de cuadrangulares, los nombres de Pedro Selva y Ernesto López provocan impacto al oído, y han sido generadores de encendidos debates sobre quién ha sido mejor.
SELVA, EL RUTH NICA
Al igual que Ruth en las Grandes Ligas, fue Selva quien inauguró la era de los jonrones en nuestro país. Se convirtió en el primer símbolo del cuadrangular y estableció los primeros patrones por los cuales fueron medidas las generaciones posteriores. Cuando se instauró el beisbol de Primera División en 1970, Julio Lagos encabezó la liga con cinco vuelacercas.
Un año después, Selva, quien al igual que Ruth, no era propiamente atlético, triplicó esa cifra al tumbar las bardas en 16 ocasiones y se adjudicó su primera triple corona. En 1972 volvió a ganar las tres coronas, incluyendo las de los jonrones con 15. Hizo lo mismo en 1976, con 16 tablazos y para 1975, volvió a encabezar el campeonato con 28 toletazos.
Su dominio y ventaja sobre sus más cercanos rivales, era abrumadora. Selva no sólo era el símbolo del jonrón, sino del bateo global. Ganó cuatro triples coronas en cinco años y se construyó un indiscutido prestigio dentro y fuera del país. Al igual que Ruth, se le llamó el “bambino” y con sus cifras hizo honor a su sobrenombre, hasta que el tiempo lo alcanzó.
ERNESTO, EL AARON NICA
También lo alcanzó Ernesto López, el artillero de Granada, que pulverizó sus récords y se convirtió en el nuevo rey del tablazo, una distinción que ostenta aún en la actualidad. Es el dueño del récord de más jonrones en una campaña con 42, conectados en 1978, y en su carrera llegó a acumular la respetable cifra de 319, mientras Selva se quedaba con 147.
López también capturó una triple corona. Fue en 1977, cuando descargó 41 jonrones, con 111 remolques y .363 de porcentaje. Al igual que el artillero de Alabama, quien tuvo que coexistir con el debate en torno a su grandeza y la de Ruth, Ernesto ha tenido que convivir con las polémicas sobre quién ha sido mejor, aún cuando las cifras le dan clara ventaja.
Cuando Aaron consiguió destrozar los registros de Ruth, se alegó que lo había hecho en más turnos y más juegos. Cuando Ernesto hizo añicos la marca de Selva, el debate fue en torno al bate de aluminio, que indiscutiblemente favoreció más a López que a Pedro, cuya carrera se recortó por sus lesiones, obesidad y complicaciones fuera del terreno de juego.