Hasta 1998, Barry Bonds parecía más un jugador de cinco herramientas (tacto, poder, brazo, fildeo y velocidad) que un clásico jonronero de brazos musculosos y piernas largas.
Tenía entonces 34 años, un average de .290 y promedio de 32 jonrones por campaña, tres títulos de Jugador Más Valioso y ocho guantes de oro.
Pero en las seis temporadas siguientes a la de 1998, Bonds acumuló un average de .328 y promedio de 49 jonrones por año. Y en el 2001, ya con 37 años, disparó 73 jonrones.
¿Cómo se explica semejante cambio? En lugar de ir en declive como es natural, se volvió el más fiero artillero.
De acuerdo con su ex novia Kimberly Bell, Bonds se irritó de que Mark McGwire otro supuesto usuario de esteroides, era tan celebrado sólo por el hecho de batear jonrones.
Así que se volvió más musculoso y su bateo de poder mejoró dramáticamente, aunque su velocidad y defensa, disminuían al mismo ritmo.
Múltiples estudios en los que se ha involucrado a preparadores físicos, especialistas en biomecánica, expertos en la física del beisbol, scouts de Grandes Ligas y hasta científicos nucleares, los esteroides permiten: más fortaleza, longevidad, confianza, agudizan la vista y aceleran los reflejos.
Sin embargo los esteroides no funcionan solos. No ayudan a batear una curva, pero permiten que esa curva, bateada por un entrenado y hábil atleta, que consume esas sustancias, pueda ir más lejos.
Bonds pesaba 206 libras en 1997 y saltó a 228 en 1999. De acuerdo con Robert Adair, autor del libro La Física del Beisbol, 206 libras generan una velocidad en el bate de 67.38 millas por hora. Y 228 libras, 68.81, es decir, 1.48 millas más.
Y aún cuando intervienen muchos otros factores, velocidad en el bate es la variable más importante para generar poder. Esa 1.48 milla por hora, puede ser la diferencia entre un jonrón y un elevado a la zona de seguridad. Hace caminar la bola hasta seis pies más.
En el 2004 con 39 años, Bonds pegaba un jonrón cada 8.3 turnos. A esa edad, Babe Ruth pegaba un tablazo cada 16.6 oportunidades y Willie Mays, uno cada 17.1 chances.
De acuerdo con sus estándares históricos, de los 34 a los 39 años, Bonds debió batear 162 jonrones, pero pegó 292, es decir, 130 más sobre cualquier proyección imaginable.
Así que Bonds es un maravilloso atleta, o tuvo acceso a un mejor químico. Quizá nunca tengamos la respuesta.