- Sospecha sobre esteroides lo va a seguir siempre
BARRY BONDS, UNA VIDA DE CONTROVERSIAS
Quizá nadie imaginó, que el niñito aquél que se paseaba en el dogout de los Gigantes de San Francisco, saltando del casillero de su padre (Bobby Bonds) al de su padrino (Willie Mays), llegaría a convertirse, con el paso de los años, en la sensación del beisbol y en el dueño del más emblemático récord de todos los deportes: el de los jonrones.
Pero así es. Barry Bonds, el artillero nacido en Riverside, California, el 24 de julio de 1964, es desde la noche del martes 8 de agosto, el rey de los cuadrangulares en las Grandes Ligas.
Con ese majestuoso swing que ha mantenido a través de los años, Bonds aceleró un envío de 84 millas de Mike Bacsik y lo mandó a 435 pies sobre la cerca del right-centerfield, para tumbar el récord de 755 metrallazos en poder de Hank Aaron desde hacía 33 años.
El momento fue mágico, cargado de electricidad. Sus fanáticos de San Francisco lo celebraron por todo lo alto y su padrino estaba ahí para respaldarlo. Pero Hank Aaron estaba en su casa y el comisionado Bud Selig prefirió una reunión con la comisión que investiga las acusaciones sobre el uso de esteroides, que ser testigo del instante repleto de gloria.
Selig estuvo cuando empató la marca en San Diego, pero llegó ahí para conmemorar el hecho, no para celebrarlo.
Sin embargo, no ha sido el único en guardarse los aplausos para el nuevo rey de los bambinazos. Más allá de San Francisco, el tema del supuesto uso de esteroides ha estado a la par de su reciente hazaña.
¿lo traicionó el ego?
Después de estudiar en Serra High School, en San Mateo, California, Bonds se graduó en la Universidad Estatal de Arizona, pese a que había sido escogido en el draft de 1982 por los Gigantes. Pero firmó hasta en 1985 con los Piratas, luego de haber viajado a Cuba para participar en el Mundial de Beisbol Aficionado en 1984.
Su debut fue el 30 de mayo de 1986 y pese a que no se mostró explosivo, se le vio crecer y construir una carrera digna del Salón de la Fama. Había bateado al menos 30 jonrones en ocho de sus primeras doce campañas, con tres títulos de Jugador Más Valioso y ocho guantes de oro.
De pronto, Mark McGwire y Sammy Sosa se pusieron a batear jonrones por doquier y fueron aclamados por toda la nación, mientras a Bonds nadie le prestaba mayor atención.
Pero en el año 2000, metió 49 pelotas a las tribunas y un año después saltó a 73 para dejar atrás la marca de 70 impuesta por McGwire en 1998.
No bajó de los 40 jonrones en las tres temporadas siguientes, mientras la sospecha sobre el supuesto uso de esteroides iba en ascenso. Y cuando los señalamientos se agudizaron, dijo estar lesionado y se retiró a recuperarse, aunque algunos dicen que fue a limpiarse.
Sea cual sea la verdad, a Bonds aún no se le ha probado nada, pero la celebración no ha sido la de un auténtico rey.