Un luchador brasileño que convivió con los dos boxeadores cubanos, repatriados tras desertar de la delegación en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, dijo que ambos querían volver a La Habana porque sus familias estaban amenazadas.
“Dijeron que estaban siendo presionados porque el Gobierno cubano podría cortarle la luz y las provisiones de la casa allá en Cuba”, dijo en el diario O Globo de ayer viernes el luchador extremo (vale todo) Ricardo Arona.
Arona dijo que conoció a los boxeadores Guillermo Rigondeaux y Erislandy Lara luego de que ambos abandonaron la Villa Olímpica en Río de Janeiro sin presentarse a sus respectivos combates.
El brasileño dijo que ambos estaban preocupados por la suerte de su familia. “Hablaban como si estuviesen ante un dilema. Mostraban mucho respeto por su país, pero querían conquistar el mundo”, dijo.
En La Habana, Ringondeaux, estrella del boxeo cubano, dijo estar arrepentido por haber desertado. “Sabía que había cometido un error y reflexioné rápido y traté de regresar a la patria como siempre”, dijo.
Arona dijo que los boxeadores le fueron presentados por un ex luchador, a quien no quiso identificar y en cuya casa de Niteroi, ciudad vecina a Río de Janeiro, pasaron cinco días antes de dirigirse a un balneario en donde fueron detenidos.
Los dos púgiles fueron deportados a La Habana el sábado tras haber desaparecido de la Villa Panamericana el 20 de julio y haber sido localizados por la policía brasileña el pasado jueves.
El empresario turco-alemán Ahmet Oner dijo que organizó la fuga de los boxeadores, pero que luego ambos pidieron regresar a La Habana debido a las presiones que recibían sus parientes.