- Las petroleras de Latinoamérica siguen a la cabeza. Pero mientras Petrobras da muestras de eficiencia, PDVSAy Pemex siguen bajo el brazo de los gobiernos
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Lógica pura: las grandes petroleras de la región vuelven a liderar el ranking de Las 500 Mayores Empresas de América Latina.
Pero, por detrás de los grandes números, siguen acentuándose las tendencias que ya venían registrándose en años anteriores. Mientras la brasileña Petrobras (N° 3 en el ranking de las 500) da renovadas muestras de eficiencia y de contar con una tan sólida como agresiva estrategia de internacionalización, la venezolana PDVSA (N° 1) continúa sumando problemas derivados de la falta de inversiones suficientes en exploración y producción.
La mexicana Pemex (N° 2), en tanto, navega entre ambas, tironeada por los tímidos intentos de apertura y la alta dependencia que tiene el fisco de sus ingresos.
Por ahora, los altos precios internacionales del petróleo vienen disimulando esas diferencias. Pero los analistas creen que, más tarde o más temprano, terminarán saliendo a la superficie.
En el caso de PDVSA, la empresa lanzó el “Plan Siembra Petrolera”, una iniciativa de desarrollo muy ambiciosa que contempla inversiones por US$ 56,000 millones entre 2005 y 2012. Loable, pero los analistas ponen en duda el plan.
“Moody's cuestiona si dicho objetivo se alcanzará realmente, dada la pérdida de una buena parte de la fuerza de trabajo de PDVSA a partir de la huelga de 2002, y la incertidumbre de recibir inversión ante la nacionalización que hizo el gobierno de otras inversiones extranjeras y las crecientes demandas financieras del gobierno sobre los flujos de efectivo de la compañía”, dice Thomas Coleman, sénior vicepresidente de la calificadora Moody´s en un reciente reporte.
Algunas de esas dudas empezaron a responderse en marzo pasado, cuando la petrolera venezolana emitió bonos por unos US$ 7,500 millones. “Esa emisión se debe a que la empresa tiene problemas de flujo de caja”, dice Robert Bottone, titular de la consultora Veneconomía, en Caracas. “Y eso se da a pesar de que no se han hecho grandes inversiones en la empresa desde 1999 en adelante”.
De hecho, según las estimaciones de Bottone, PDVSA ha perdido 1.5 millones de barriles de capacidad de producción diaria, un 40 por ciento menos de la capacidad que tenía en 1998.
LA CAPACIDAD PRODUCTIVA
La contracara de esa menor producción está dada por el creciente aporte de la petrolera a los planes sociales —y de instalación política— del gobierno de Hugo Chávez. En 2006, PDVSA destinó US$ 13,221 millones a las Misiones Gubernamentales y eso incidió en la reducción de las utilidades. Como sea, la petrolera conserva mejores índices de productividad que Pemex.
Según un estudio reciente elaborado por Cepal, mientras PDVSA produce 43 barriles por trabajador, Pemex produce sólo 24.
Esa menor productividad de la petrolera mexicana tiene varias razones. Según el mismo estudio de la Cepal, se debe a “estructuras sobredimensionadas, excesivos niveles jerárquicos, dilución de responsabilidades, ausencia de criterios de evaluación del desempeño, administración poco innovadora, reducida alineación entre objetivos y desempeño, reacción retardada, elevada tolerancia al fracaso, e irrelevancia estratégica y administrativa del consejo de administración”.
Y a todo eso se suma que, pese a las reiteradas declaraciones del gobierno de Felipe Calderón en torno a la necesidad de quitarle a Pemex algo de su elevada carga fiscal, la petrolera sigue entregando al fisco el 60.8 por ciento de sus ingresos totales.
MENOS ORO NEGRO
Ese ahogo presupuestario y la consecuente falta de inversión en exploración para restituir las reservas probadas generan consecuencias amargas. Un reciente informe de British Petroleum determinó que Pemex sólo tiene reservas de crudo para 9.6 años, lo que equivale a una cuarta parte del promedio mundial, de 40.6 años.
Lejos de los problemas de Pemex y PDVSA, Petrobras continúa mostrándose como un espejo de eficiencia. Además de haber alcanzado la autosuficiencia energética en 2006, la petrolera planea invertir US$ 12,100 millones hasta el 2011 para acelerar su proyecto de internacionalización.
“Petrobras tiene un futuro definido, un plan estratégico para los próximos 15 años, además de la vigilancia de los accionistas, analistas, bancos, financieras”, dice Jean-Paul Prates, de la consultora de petróleo y gas Expetro, en Río de Janeiro. “Eso hace que sea muy distinta a las otras petroleras latinoamericanas. Está lista para ir a cualquier país del mundo, incluso Estados Unidos”.
Ese proyecto de internacionalización continuará pese a sus obstáculos. De hecho, el lucro líquido del área internacional de Petrobras cayó 76 por ciento frente al de 2005 por la reducción de la participación en las operaciones de Venezuela, la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, la apreciación del real frente al dólar y menores márgenes de comercialización en Argentina producto de los controles de precios impuestos por el gobierno.
“La exploración y la producción de un campo pueden llevar de 30 a 40 años es por eso que las compañías tienen que tener la capacidad de sobrevivir a gobiernos de todo tipo”, dice Prates. Además, Petrobras tiene un know-how y una tecnología en aguas profundas que es exportable y deseable en buena parte del mundo, y por eso la petrolera, por la presencia que tiene en el Golfo de México, es un candidato naturalísimo para ser un aliado preferencial de México en la renovación de Pemex.
Más allá de la evolución de las tres grandes petroleras de la región, también hay movimientos en Argentina y Colombia. Repsol YPF (N° 29) anunció que reducirá su exposición al riesgo argentino y venderá el 25 por ciento de la filial YPF a un inversionista local —el principal candidato es el grupo financiero liderado por Enrique Eskenazi, un empresario muy vinculado al presidente Néstor Kirchner— y otro 20 por ciento será colocado en la Bolsa de Buenos Aires.
El oro negro continúa seduciendo y generando nuevos movimientos. La vieja disputa entre los mayores niveles de eficiencia y la utilización de los recursos petroleros para financiar al fisco o a planes sociales continúa en el centro de la escena. Y esa puja seguirá sin saldarse, al menos mientras los altos precios del crudo continúen moderando los costos de las ineficiencias.