- Gabriel González, como discípulo de los grandes maestros del Expresionismo, expone sus pinturas en Galería Códice
Gabriel González, nacido en Panamá en 1978, bien puede ubicarse entre los aristas precoces de Centroamérica; pues apenas cifra los 29 años y tiene una trayectoria que arranca antes de 2004 con más de 17 exposiciones personales y colectivas. Su producción a primer golpe de vista acusa dos fuentes modernas poderosas: el Expresionismo abstracto alemán y europeo, encabezados por Beckman, Riopelle y Antoni Tapies, y el Expresionismo abstracto norteamericano, más precisamente, la Escuela de Nueva York, Pollock, Rothko, Motherwell, De Kooning, Kline O los más nuevos latinoamericanos, como las mexicanas Lilia Carrillo y Beatriz Zamora, el nicaragüense Denis Núñez y los suramericanos, Jorge de la Vega, Luis Felipe Noé, Ernesto Deira y Rómulo Macció. No hablo de modelos ni de recreaciones ni de influjo directo sino de algo más profundo, de concepción o percepción del mundo, de fuentes hondas, encontradas en la subjetividad y por la sensibilidad del artista, que lo hace pertenecer a esta familia de plásticos. Afinidades tal vez ignoradas, coincidencias.
Sé que Gabriel González tiene limitaciones audioparlantes. Me voy a permitir replicar a las ciencias y diagnósticos médicos para decir que su pintura está llena de una gran expresividad, él habla de otra forma, no convencional. Se expresa con movimiento, con velocidad, mucha dinámica, que nos remite al arte geométrico muy libre, una geometría sensible hasta la antigeometría, al arte gestual y por tanto, nos involucra en su acto de creación; aprovecha para su idioma plástico la subjetividad del color: azules prusia, rojos, negros, blancos, verdes casi puros, máxime una vez aplicados, raspados o extendidos sobre la tela vertical o apaisada. Color expresionista y representación abstracta; pero no nos equivoquemos, es un abstracto con todas las barbas. Sin embargo, los espectadores, siempre buscamos algún elemento colorístico o figurativo para explicarnos o leer la naturaleza plasmada en el lienzo que tenemos ante nuestros ojos. También es verdad que el abstraccionismo sugiere acciones, personajes, objetos.
Gabriel González en sus diferentes capas de color entremezcladas y en sus aplicaciones pareciera representar la urbe, las megalópolis, con sus edificios, colonias residenciales, estacionamientos con todo el abigarramiento y energía de la ciudad. Otras veces nos crea la ilusión óptica de las pistas de carrera, atletas en azul que vuelan hacia la meta; peceras o fondos marinos fantásticos o humedales de nuestras latitudes. Lo que la naturaleza nos niega, el arte nos compensa; su pintura se expresa con claridad y ludismo y transmite sonido, el largo rumor de avenidas, calles y carreteras, los gritos de las graderías, el silencio de las profundidades acuáticas.
Curiosamente, un acabado de acción y una factura descuidada en apariencia, informalista, de rayonismo, abstracta, estallante, me deja una sensación de armonía de composiciones que tal vez van más allá de la intuición, es decir, que nos conduce al artista formado, con dominio del material, dice más de lo que quiere decir y de lo que puede decir, comunica, dialoga con nosotros.
Acrílicos y resinas producen efectos que ratifican su comunicación visual. Con certidumbre y gozo asevero que el panameño Gabriel González perteneciente a la doliente y trascendente familia de artistas que subliman y transmutan sus limitaciones físicas en otros lenguajes, será en breve uno de los mayores pintores de Centroamérica.