- Su estado de salud es siempre un misterio
Fidel Castro salió de la vida pública hace un año en la fiesta patria del 26 de julio. Ese día dio su último discurso, colgó su traje de combate y empezó, paradójicamente, la batalla contra una enfermedad que aún trata de vencer.
Su discurso en el acto del 26 de julio del 2006 pareció premonitorio: “Creo que hay ya no sé cuántos miles de ciudadanos en este país y habrán cada vez más que rebasen incluso la cifra de los 100 años. Pero no se asusten nuestros vecinitos del norte que no estoy pensando en estar ejerciendo funciones a esa edad”, expresó.
Estaba en Bayamo, a 760 km al sureste de La Habana, y de allí recorrió 70 km a la ciudad de Holguín, donde presidió otro acto y habló, durante 1 hora y 49 minutos, entre otros temas del plan energético de su gobierno y de los cambios políticos en América Latina.
Visiblemente agotado, apuró el final de su discurso, bajó de la tarima, se despidió rápidamente de algunos, subió a uno de tres Mercedes Benz negros, blindados, y partió tras una veloz caravana de escoltas.
Fotógrafos y camarógrafos captaron a un Fidel por la mañana y a otro por la noche de ese 26 de julio del 2006. Faltaban menos de dos semanas para que cumpliera sus 80 años.
Desde entonces, comenzó su cruzada contra una enfermedad, cuyo origen es mantenido en el misterio y que lo obligó a varias operaciones, las primeras sin éxito, según él mismo admitió en un mensaje en mayo pasado.
Cuando el 5 de septiembre reveló que en sólo los primeros 34 días perdió 41 libras (18.6 kilos), dijo que lo peor había quedado atrás; pero un esfuerzo hecho durante la Cumbre de los No Alineados, a mediados de ese mes, recibiendo a una decena de dignatarios desde su reclusión hospitalaria, le provocó una nueva crisis.
En su mensaje de mayo, el gobernante cubano afirmó que estaba mejorando y que mantenía “un peso estable, alrededor de los 80 kilogramos” y que ya recibía alimentación vía oral tras depender durante meses de “vías tomadas y catéteres”.
“Ningún peligro es mayor que los relacionados con la edad y una salud de la cual abusé en los tiempos azarosos que me correspondió vivir”, reconoció en esa ocasión.
Desde hace un año los cubanos sólo lo han visto en fotos y vídeos, el último el pasado 5 de junio, cuando lució más recuperado, de buen ánimo, aunque aún frágil.
En las primeras fotos y vídeos vestía pijama y luego trajes deportivos, pero nunca apareció con el uniforme verde olivo, que vistió por primera vez en 1953 cuando asaltó el Cuartel Moncada.
Eterno guerrillero, desde un inicio Castro vio su enfermedad como una “batalla aún no perdida”.
Para los cubanos, acostumbrados al simbolismo, cuando Castro vuelva a vestir su traje de combate será la señal de que la batalla contra su enfermedad no fue perdida.
CHÁVEZ LO ELOGIA
El presidente venezolano Hugo Chávez calificó ayer al líder cubano de personaje “imprescindible” y reiteró su compromiso de, “como hijo”, seguir su “lucha interminable” socialista.
Chávez, al recordar la conmemoración hoy del asalto al Cuartel Moncada, liderado por “aquel joven Fidel Castro”, señaló que las revoluciones cubana y venezolana comenzaron por “dos caminos, dos orígenes, dos épocas distintas que ahora se juntan, entrando al siglo XXI”.