¿Qué vino a hacer a Nicaragua Manuel Zelaya?
Aparentemente, la presencia del presidente hondureño en los actos del 19 de julio, departiendo alegremente con el presidente Daniel Ortega, la Primera Dama Rosario Murillo y con sus invitados, fue ante todo política y podría haber sido una señal de búsqueda de acercamiento con el líder venezolano Hugo Chávez.
Honduras, como otros países, sufre duros problemas energéticos relacionados con la carestía del petróleo y la insuficiencia de fuentes alternativas.
Unos días antes, “Mel” Zelaya había viajado a Estados Unidos. Según la prensa, su colega George W. Bush le hizo un desaire al no querer recibirlo. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, fue la funcionaria de mayor nivel que le atendió.
La versión oficial dice que el objetivo primero del gobernante era comunicar a Washington la preocupación por las masivas deportaciones de hondureños que, según distintas fuentes, rondan los 40 mil solamente en 7 meses.
Esto representa un grave problema; los emigrantes en EE.UU., unos 800 mil, envían US$2,300 millones al año (cifras del 2006), superando a las exportaciones (US$1,900 millones). Hoy, las remesas son la principal fuente de ingresos de la población.
La actitud de la administración Bush es un frío portazo en las narices. Aquella nación tiene conciencia del “peso social” que significan las deportaciones, pero tiene también un Gobierno que “respeta y cumple la ley”, dijo esta semana a un comité del Congreso, Charles Shapiro, subsecretario adjunto para el hemisferio occidental.
En uno de sus primeros viajes como presidente electo, Ortega fue a Honduras y habló con un tono centroamericanista, estima el analista político Emilio Álvarez Montalván. Zelaya, pues, “correspondió” amablemente a su par nicaragüense.
“La visita de Zelaya a Washington fue un fracaso, estaba lastimado y fue una cosa como de orgullo mostrar que se hace hacia el otro lado”, me comentó el ex Canciller. “(Además) Zelaya es del ala liberal de izquierda en su país”.
A “Mel” le acompañaron la presidenta del Partido Liberal y funcionarios que, según notas y fotos de la prensa, se mostraron muy afectuosos con Chávez. En una de las imágenes, aparece una emocionada presidenta liberal, Patricia Rodas, coreando consignas con Chávez y con Murillo.
El embajador estadounidense en Tegucigalpa, Charles Ford, reaccionó negativamente. Pese a que las críticas —que destacaban el supuesto peligro de un enfriamiento mayor con los norteamericanos— prevalecieron allá, hay algunas visiones que discrepan.
“Creo que no se trata de Chávez. En el fondo se trata de mejorar las relaciones de Honduras con Nicaragua”, me expresó por teléfono el analista hondureño Juan Ramón Martínez. “Me parece que esa era la gran motivación porque las relaciones con Venezuela no son buenas. No tenemos embajador acreditado en Tegucigalpa ni tenemos embajador hondureño acreditado en Caracas”.
Venezuela quiso que Tegucigalpa aceptara al embajador chavista expulsado por Chile por exabruptos verbales, a lo cual el país centroamericano no ha accedido. Caracas ha sido recíproca.
Para Martínez, las relaciones con Estados Unidos son malas debido a que Zelaya entró en conflicto con los intereses de empresas estadounidenses y por otros gestos.
“Las relaciones con EE.UU. están bastante deterioradas y no por las visitas del presidente Zelaya, sino por el comportamiento del presidente, especialmente en lo que se refiere al manejo errático de sus relaciones con algunas empresas norteamericanas. Ese es el verdadero problema”, sostuvo el analista Martínez.
El año pasado, el Gobierno llevó a cabo un proceso de licitación de combustibles con el propósito de abaratar la factura petrolera.
Esto lo llevó a una colisión con las tres transnacionales —dos de ellas estadounidenses y una holandesa— que desde hace décadas importan el combustible que el país consume, y con la Embajada de EE.UU. La firma Conoco Phillips ganó la licitación, pero el boicot de las transnacionales y la falta de capacidad de almacenamiento del Estado hicieron colapsar el nuevo negocio.
Por si fuera poco, Zelaya nombró a Jorge Arturo Reina como Embajador en Naciones Unidas. Reina es un izquierdista a quien le quitaron la visa estadounidense un tiempo atrás por supuesto “terrorismo”. El tema habría tenido un lugar importante en la conversación del mandatario con Rice.
“Hay que decir que el ánimo del presidente es buscar un acercamiento y una normalización con el Gobierno de Nicaragua”, dice Martínez, quien ve en esa decisión una intención de balanceo de las relaciones regionales, en un momento en el que el diferendo limítrofe está por resolverse en La Haya y ante las tradicionales diferencias con El Salvador.
“Las relaciones con Estados Unidos no tienen nada que ver ni con Chávez ni con Ortega ni con Nicaragua; las relaciones están afectadas por la licitación de los combustibles. Y esta visita (a Managua) lo que hace (únicamente) es agregar una gotita de limón”, manifiesta Martínez.
Tanto Nicaragua como Honduras necesitan buenas relaciones y desde ese ángulo, la visita de Zelaya es positiva. Y si hubo acercamiento con Chávez, la reciente andanada de insultos con los que este cubrió al cardenal Oscar Andrés Rodríguez por formular críticas a su estilo de mandar, ha enterrado por ahora esa posibilidad.