(LA PRENSA/AFP)

Elegante: ¿se nace o se hace?

La imagen que proyecte debe incluir los buenos modales y transmitir sus valores Se puede nacer siendo elegante, cierto, pero también se puede aprender a ser elegante. Todo comienza con una decisión interna. ¿Usted qué opina? En efecto, se puede nacer siendo elegante, pero también se puede aprender a ser elegante. La verdadera elegancia surge […]

  • La imagen que proyecte debe incluir los buenos modales y transmitir sus valores

Se puede nacer siendo elegante, cierto, pero también se puede aprender a ser elegante. Todo comienza con una decisión interna. ¿Usted qué opina? En efecto, se puede nacer siendo elegante, pero también se puede aprender a ser elegante. La verdadera elegancia surge del interior; y es la que expresa la forma en que se percibe y se valora. Así como se siente, se proyecta.

Hoy en día no podemos negar que nuestra presentación personal nos puede servir para abrir puertas o cerrarlas. Pero no es todo. Vemos cómo hay mujeres que impresionan por su arreglo pero que a la hora de conversar con ellas o poner a prueba sus habilidades en el trabajo dejan mucho que desear. Por lo tanto, ¿cómo debe ser nuestra imagen? La imagen que dé a los demás debe ser auténtica.

Quiero decir con esto que lo que se ponga, que la forma en que se maquille, que el estilo que escoja para su cabello debe revelar o acentuar lo mejor de sí misma y de su propia personalidad.

De otra forma, entonces el resultado de su arreglo personal sería algo “frívolo y falso”. En proyección de imagen es muy importante, estar clara en que yo debo seguir siendo yo misma y no una caricatura o alguien que en realidad no soy. Es por esto que a la hora de arreglarse, sobre todo, debe preguntarse: este peinado ¿afirma que esta soy yo? Esta ropa ¿prolonga la belleza de mi carácter? Este maquillaje ¿complementa mi belleza interior? En conjunto, ¿me siento yo misma?

La imagen que proyecte debe incluir los buenos modales. De nada sirve ver a una mujer vestida a la última y con un maquillaje y cabello impecable si a la hora de relacionarse con los demás, espanta por sus actitudes personales. Los buenos modales, lo exquisito del alma femenina es lo que hace que una mujer sea elegante o no lo sea.

La forma en que saluda, la manera en que camina, se sienta, habla… sí comunica todo de usted a los otros. Por esto, tenga cuidado a la hora de expresarse. Sobre todo, si es una profesional nueva o una chica en búsqueda de su primer empleo.

Además de su talento profesional, su talento en relaciones humanas cuenta. Pues las relaciones humanas son la esencia de la consideración y el respeto que los demás merecen.

Nuestra imagen debe proyectar nuestros valores personales. Usted está exhibiendo una pintura de sí misma. Es su propio retrato. Cuando un pintor tiene en mente una nueva obra, piense en todo y el resultado de su obra, es la expresión misma de su alma. Por lo tanto, el conjunto total de su persona a la hora de vestir, debe ser el resultado y la proyección de sus valores personales y de sus metas como mujer y profesional.

“Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el refrán. Dime cómo te vistes y te diré a dónde quieres llegar y cuánto te respetas, agrego. No se puede ser elegante si no están de por medio los valores.

Fuente: www.enbuenasmanos.com

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