- El actual técnico del club Olanchano de Honduras, Gilberto Yearwood, ha caminado a la par del éxito en toda su carrera. El niño que llegó por primera vez a un estadio de fútbol en San Pedro Sula cargando una pana de yuca con chicharrón, ayudándole a su madre a vender, años después se convirtió en el referente del fútbol catracho, que estuvo a punto de firmar con el Real Madrid tras su gran actuación en el Mundial de 1982.
Gilberto Jerónimo Yearwood, el mejor futbolista de Honduras
Su infancia no fue precisamente la que podría soñar un niño, jugando al fútbol en su natal San Pedro Sula, Honduras y preocuparse únicamente de las travesuras del día.
Gilberto Jerónimo Yearwood a muy temprana edad se dio cuenta de lo difícil que era la vida. Su madre, soltera, tenía bajo su responsabilidad a tres hermanos más y cada uno de ellos pasó por el Estadio Francisco Morazán cargando una buena pana de chicharrón con yuca, la que vendían en los juegos o entrenamientos mientras miraban a sus ídolos.
Esa etapa de su vida fue quizá la más importante en su formación como individuo y como jugador profesional, porque significó mucho para su madurez.
“Fueron tiempos duros los que pasamos con mi madre (Everalda Flores), pero no los cambio por nada. Ese tiempo me hizo crecer prematuramente, tener una óptica real de la vida y me ayudó a hacer una persona más humana”, recuerda el líbero de la Selección hondureña que hizo historia en el Mundial de España en 1982.
“Éramos una familia pobre. Era duro ganarse el pisto (dinero) todos los días, pero eso nos hizo más comprensivos y por ende más enfocados en lo que queríamos”, recuerda con cierta tristeza el hondureño de ahora 50 años.
A los ocho años comenzó a jugar al fútbol por las calles y precisamente ocho años después Yearwood debutó en el fútbol de Primera División con el club Real España, máximo rival del equipo de sus amores de su infancia: Marathon.
En ese entonces fue uno de los jugadores más jóvenes en debutar en ese nivel y por si faltaba más, un año más tarde logró su primero de tres títulos seguidos con el equipo.
Ahí inició una leyenda viviente que por donde pasaba dejaba un rastro de su fútbol elegante, de calidad y liderazgo, que lo catapultó hasta la liga española con el Elche F.C., el Valladolid, que pagó en ese entonces 600 mil dólares por su pase, el Tenerife y terminó su carrera en España con el Celta de Vigo. Fue un líbero de lujo.
Pero su éxito fuera del país, no sería tan resonante sin la actuación que tuvo con la Selección de Honduras en el Mundial de España en 1982.
Esa selección se ha convertido en un referente para todas las selecciones de su país. ¿Me imagino que eso lo llena de mucho orgullo?
“Sí. Disfrutamos mucho del Mundial. Desgraciadamente esa selección sigue siendo el referente para el resto. Pero nosotros deseáramos que otras selecciones de Honduras ya hubieran superado nuestra labor del Mundial de 1982 y que nosotros fuéramos el comienzo del impulso del fútbol nacional”.
¿Cómo vivieron el empate 1-1 ante España, en un partido que se comentó que favorecieron al equipo local?
“Fue una alegría indescriptible. Sobre todo porque el día anterior El Salvador perdió por margen de cinco goles con Hungría y ellos se conformaron con ese resultado. Eso nos motivó a reaccionar, diciendo que no éramos un club de perdedores y si vamos a morir, lo vamos hacer con las botas puestas y nadie nos quitó eso de la cabeza”.
¿Es en realidad esa selección la mejor de todos los tiempos de Honduras?
“Era un grupo que tenía una fe y una convicción difícil de superar. Creo que por los adelantos científicos de ahora podrán hacer una selección mejor que esa, pero un grupo mejor que el de 1982 lo veo muy difícil. Por los intereses que se manejan hoy, con los egos de ahora es difícil tener a un grupo tan unido como ése. Era un equipo muy solidario, más humano, con menos intereses económicos de por medio”.
¿Eso ha perjudicado a Honduras en las eliminatorias de los últimos Mundiales?
“La explosión del fútbol es general, en cuanto a jugadores de exportación se refiere. Honduras ha tenido buenos jugadores y eso pasa en todos los países, a como también hay intereses económicos. Pero lo que tiene que prevalecer es el sentimiento de servir y no de servirse. En todos los estratos de nuestra sociedad está ocurriendo eso. La persona que llegue a cualquier lado sólo anda pensando en servirse, cómo sacar provecho. Es un mal que nos está haciendo daño y el fútbol no escapa de eso”.
¿Qué fue distinto de esta selección respecto a las demás?
“Desde la preparación asumimos con mucho sacrificio la selección. Todos pensábamos en función del equipo, sin importar las condiciones en las que se entrenaban. Vinieron los partidos de fogueo a España, Medio Oriente. La selección adquirió una jerarquía que no era la realidad del fútbol hondureño sino de un grupo de jugadores. Esas condiciones nos hizo fuerte”.
¿Fue el partido ante España el mejor del Mundial para esta selección?
“Para mí fue el juego contra Yugoslavia porque a pesar que perdimos, nosotros dominamos. Ofrecimos juego, teníamos más tiempo la pelota, fuimos protagonistas. Contra España manejamos bien el aspecto táctico, más en el contragolpe, pero ante Yugoslavia fuimos por el juego, tuvimos las ocasiones para anotar. Lástima que al fin perdimos, pero fue una pequeña circunstancia que lo cambió todo”.
¿Esa fase con la selección fue su mejor etapa como jugador?
“Para mí fue mi pasaje por el fútbol español. Estuve en los planes del Real Madrid y por una lesión en mi rodilla me imposibilitó. Tenía una oferta para ir a jugar a Italia, otra en Francia, pero todo se truncó por la lesión que se creyó no seguiría jugando por lo complicado. También el hecho de haber estado en la primera fase del Mundial de 1982 en el equipo todos estrellas”.
¿Ahora como entrenador es más difícil conseguir resultados?
“Es más dura como técnico, porque tú eres la cabeza de todo. En cambio como jugador das un aporte individual al colectivo. Sobre llevar esta tarea me ayuda el haber sido cocinero antes que fraile. Le agradezco a Dios que me dio una carrera larga como jugador y fructífera. Tener respeto y reconocimiento por donde paso, tanto en mi país como fuera del mismo, es algo que no tiene precio. Y como les digo a mis hijos, la mejor fortuna que les puedo dejar es una educación y un apellido limpio. Eso me ha dado la experiencia para buscar los resultados en mi faceta como técnico.
¿De los equipos que ha dirigido cuál ha sido el más difícil?
“Bueno, me ha tocado dirigir a los cuatro grandes de Honduras: Marathon, Real España, Motagua y Olimpia, además del Real Maya y el Atlético Olanchano. Pero el más difícil es el Olimpia porque ahí ganás el título o te vas. Por eso creo que se disfruta más el fútbol jugando, porque como técnico no tienes espacio. En un club tenés a 30 jugadores y técnico, uno. Es difícil encausar a esos 30 con sus caracteres, egos, intereses y personalidad en una sola función: Buscar los resultados juego a juego”.
¿Lo veo como una persona respetuosa pero de pocas palabras?
“No, no es tanto así. Lo único es que soy de los que hablo directo y no andan dándole muchas vueltas a las cosas. Y cuando quiero decirle algo a un jugador no necesito intermediarios, pero soy alguien que sabe tratar con ellos porque también fui jugador”.